El peligroso narcisismo de Trump

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Por: Graciela Sánchez Narváez – Ideas Circulantes-

Muchos medios estadounidenses y del mundo entero consideraron como una vergüenza los hechos de destrucción y caos, ocurridos en el Capitolio en Washington, el miércoles 6 de enero del presente año.

Estos hechos, que marcaron negativamente y para siempre la historia de los Estados Unidos, ocurrieron cuando los congresistas participaban en una sesión conjunta para autenticar la victoria de Joe Biden, como presidente electo.  El actual presidente, Donald Trump, después de realizar múltiples demandas y denuncias sin pruebas, asegurando que esta elección había sido un fraude, les había pedido reiteradamente a sus seguidores, y aún a sus colaboradores en la Casa Blanca, que rechazaran el proceso de reconocimiento previsto institucionalmente, tal como él lo hacía, de modo que se desconociera los resultados, aún después de haber sido ratificados por cada uno de los estados de la unión, y se generara un proceso que convocara a nuevas elecciones.

En un mitin político organizado en las cercanías de la Casa Blanca, poco antes del mediodía, Trump pronunció ante miles de personas un discurso que invitaba a ir al Capitolio a salvar a los Estados Unidos de América y a darles a los débiles el orgullo y la audacia para recuperar el país de las manos de los usurpadores. Como resultado de esta instigación, se produjo el asalto a las instalaciones del Capitolio, con el grado de vandalismo del que el mundo fue testigo, que duró varias horas, mientras los congresistas permanecían atrincherados esperando que llegaran refuerzos militares.

La capacidad de la policía y del personal especial encargado de la vigilancia y seguridad del parlamento no fue suficiente para controlar la turba y evitar la destrucción de las instalaciones, se forzaron y rompieron puertas y ventanas y se produjeron confrontaciones en las que resultaron cinco personas fallecidas, incluido un agente de seguridad de la Casa Blanca que trató de controlar a los violentos manifestantes. Fueron numerosos los heridos, entre los manifestantes y los guardias, y resultaron detenidos muchos de los fanáticos que acogieron la invitación del presidente y que habían viajado a Washington específicamente a expresar su descontento con los resultados electorales que, consideraban fraudulentos. Debido a la magnitud del asalto, el congreso decidió suspender la sesión y reanudarla al día siguiente.

Biden, declaró que la democracia de Estados Unidos sufrió un asalto sin precedentes y solicitó al presidente Trump salir en televisión nacional para “cumplir su juramento, defender la constitución y poner fin a este asedio”.

Mientras se conocían detalles de los excesos registrados, el presidente repetía sus afirmaciones. Calificó a las personas que irrumpieron en el complejo del Capitolio como «patriotas». Más tarde publicó en twitter un video en el que solicitaba a sus seguidores regresar a casa: “Se tienen que ir a casa ahora, tenemos que tener paz. Tenemos que tener ley y orden Esta es una elección fraudulenta, pero no podemos hacerle el juego a esta gente. Sé que están dolidos”.

Las redes sociales Facebook e Instagram bloquearon temporalmente las cuentas de Trump y borraron algunos mensajes por infracciones graves a las políticas de ética e integridad. Twitter suspendió su cuenta por doce horas y YouTube eliminó el video.

No es raro que la personalidad de Trump llame la atención. El año pasado había escrito un artículo relacionado con su escandalosa manera de restarle importancia a la Pandemia, en el preciso momento cuando todos los gobiernos del mundo prendían alarmas para alertar sobre esta amenaza y pedirles a sus conciudadanos que cumplan con el confinamiento.

Si para el mundo entero fue alarmante la instigación que hizo a sus seguidores, para buscar por la violencia detener la sesión del Congreso que ratificaría a Biden como presidente de Estados Unidos, mucho más desconcertó al mundo entero, cuando al día siguiente, declararía en una cuenta oficial de twitter, en una actitud humana y conciliadora como si hablara otra persona: “Una nueva administración llegará al poder el 20 de enero. Ahora me centraré en asegurar una transición de poder tranquila ordenada y sin problemas.”En este momento llama a la sanación y a la reconciliación.

Después de que dimitieran varios de sus asesores, habla muy indignado por la violencia del día anterior. “Los manifestantes han profanado la sede de la democracia, aquellos pagarán por ello” recalcó. Cuando en su pronunciación del miércoles, había dicho a las mismas personas: “Les queremos, váyanse a casa. A todos mis maravillosos seguidores, sé que están decepcionados, pero también quiero que sepan que nuestro increíble viaje está por comenzar”. Son tan contradictorias sus posiciones que no se sabe cuál realmente es la verdadera.

Este nuevo acontecimiento, me lleva a intentar acercarme un poco más a la personalidad de Donald Trump, debido a que me sorprendió sobremanera, tratándose especialmente del líder de un gran número de seguidores que son capaces de obedecerle cosas tan absurdas como las que acabamos de describir, y además, tratándose del presidente de la potencia más grande del mundo.

En esta búsqueda encuentro que David Cay Johnston, reconocido periodista que conoce a Trump desde hace más de 30 años, lo ha escrito como un hombre que desprecia la verdad. En 1916 publicó un informe sobre los negocios de Trump, cuando era presidenciable, en el que se detalla los conflictos de intereses del magnate. Afirma que a Donald Trump no le importa el honor, que inventa cosas y espera que sean aceptadas como verdad, la vida entera dirá que fue víctima de fraude. Se dice cristiano, pero cuando le preguntaron cuándo le pidió perdón a Dios, dijo que no tenía de qué. Todo lo que el periodista dice nos explica un poco sobre el perfil de una persona en la que no se puede confiar.

No solo es una la mirada observadora de un periodista. Desde la psiquiatría, un estudio adelantado por el doctor Vicente E. Caballo Manrique, clasificó a Trump con los rasgos clínicos del trastorno de personalidad narcisista, pues muestra sentimientos de grandeza, necesidad de admiración y escasa empatía. El estudio sostiene que, si bien estas conclusiones no son un diagnóstico, ya que para ello se requeriría su examen personal, sirven para explicar el cúmulo de acciones, declaraciones, conductas y comportamientos que coinciden con esta clase de personas.

Un campanazo mundial para quienes tenemos la responsabilidad de elegir a los dirigentes de los destinos de nuestros países. Es increíble que personas con poderes económicos, como Donald Trump, lleguen fácilmente a ser presidentes y líderes de potencias mundiales, como Estados Unidos. Los hechos lamentables que acabo de sintetizar, han sido en la historia, las causas directas de tanta muerte, de las abominables guerras fratricidas y de toda clase de violencias sin sentido.


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