Las cascadas del volcán Galeras

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Por: Jorge Enrique Tello Chávez

Dios permitió que se repitiera la bella historia de buscar ese amor, aprecio, respeto y cariño, que me han profesado todos mis seres queridos a lo largo de toda mi Vida. Siempre ha estado ahí presente para bendecirnos y hacernos sentir ese amor divino, que Nuestro Señor Jesucristo nos entregó en su primera venida y nos ordenó, “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”.

El 5 de enero, el Día de los Negritos, en nuestros Carnavales de Pasto, mi hijo, Andrés Tello con su grupo Los Aventureros, me invitaron a visitar las cascadas del Galeras, ubicadas a pocos kilómetros del casco urbano de la Florida.

Encontrándonos con esa hermosa naturaleza que nos ha dado el Creador para el disfrute de toda la humanidad y la cual, debido a los desafueros, maltratos y mal uso de sus recursos, la Tierra gime por un buen y mejor trato. Al llegar a la cascada la belleza de la exuberante vegetación, el cantar de los pajaritos, que se confundía con el rugido del ganado vacuno; y al fondo, el impactante sonido de la caída vertiginosa del agua. Que me llevó a recordar las imágenes de la cascada de la Humeadora en la vía de Pasto a Ipiales.

Contamos con la presencia de una médica naturista, poseedora de grandes conocimientos sobre las plantas medicinales, cometiéndonos a un ritual sagrado, solicitando el permiso a las divinidades y realizar esos procedimientos científicos, heredados de la medicina ancestral de nuestros mayores.

Ingresamos a las frías del Galeras, con sumo respeto por este elemento fundamental para la vida del hombre, los animales y las plantas. Allí, realizamos el baño a todo nuestro cuerpo, restregándolo con plantas medicinales y la utilización de jabón para extraer toda esa materia tóxica, que nos ata y no nos deja actuar con libertada para practicar el verdadero amor hacia nuestros hermanos.

Al salir nos cambiamos de ropa y de calzado; realizamos la ofrenda de alimentos dados por la tierra, compartiéndolos de mano en mano, entre todos los presentes, en medio de manifestaciones de dicha, felicidad y alegría.

Contamos con la presencia de mi cuñado, Harold Raúl Delgado Guerrero, quien nos llevó en su vehículo particular y nos compartió toda su intelectualidad alcanzada al ser un lector empedernido, de unas veinticinco obras al año de la literatura universal.

Entre las conclusiones que nos compartió, la más importante es que debemos siempre agradecer a Dios, llámese Yahveh, Adonay, Eloah, Elohim, Hahem, Jehová, Shejiná, Hara Krisma o Jesucristo de acuerdo a las distintas culturas en el mundo. Como creyentes debemos dejar de vivir apegados al mundo, al demonio y a la carne. Nuestra conexión con Dios deberá ser con una Vida Nueva. Recordemos las palabras de Jesús a Nicodemus, el sumo sacerdote a quien le dijo: “Si quieres ir al reino de los cielos, deberás de nacer de nuevo”.

Siendo la una de la tarde regresamos a Pasto, con estos nuevos conocimientos sobre la Palabra de Dios, parte fundamental que les he compartido a mis lectores, en muchas de mis crónicas periodísticas. Esperando de que Nuestro Divino Salvador anide en sus almas y espíritus humanos.


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