Jorge Luis Borges y el Fin de Año

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Por: Graciela Sánchez Narváez -Ideas Circulantes-

Siendo éste el primer artículo en este Año Nuevo, quiero saludar a mis lectores con un tema que tiene que ver con ‘el tiempo’, ese que parece pasar a veces sin darnos cuenta, ese que finaliza e inicia al mismo instante, ese que se nos complica cuando menos lo esperamos, como lo sintió el mundo entero con la Pandemia que sufrimos, ese que no podemos detener y al que Jorge Luis Borges le canta en su poema Final de Año, en el que podemos apreciar que nadie como este escritor grande y genial, para hacer de sus lectores parte de su tiempo y de su obra.

Centraré mi atención en la vida personal de Borges y en su relación con algo más humano, como es lo cuotidiano, lo que nos ocurre a todos en el tiempo y en la vida, pues considero que estos dos conceptos engloban las inquietudes y preocupaciones de este maravilloso autor.

Borges mantuvo por más de cincuenta años una profunda amistad con Adolfo Bioy Casares, quien publica en 1941 un diario en el que narra especialmente su estancia con nuestro escritor, los días 31 de diciembre, o sea al finalizar cada año, durante un largo período de sus vidas. Lo titula sencillamente Borges, así, en letras mayúsculas, lo que en mi consideración ya es una expresión del aprecio y admiración a un amigo grande y de mucha importancia. 

En uno de los días comentados por Bioy Casares en su diario, se narra el encuentro con su amigo, precisamente en la Navidad en 1938, cuando casi muere Borges por un absurdo accidente. En un ascenso por las escaleras de su casa lo había rozado en la cabeza el batiente de una ventana recién pintada, por lo cual fue llevado al hospital. La herida no era tan grave pero se infectó, por lo que se encendió en fiebre, alucinó y perdió el habla. El diagnóstico fue fatal, fue atacado por una septicemia que urgió a sus médicos a realizar una complicada cirugía que lo mantuvo al borde de la muerte.

Otro episodio, que nos muestran la clase de amistad que hubo entre estos dos escritores, es el que se refiere al encuentro que, por estas mismas fechas de fin de año, tuvo lugar el 31 de diciembre de 1960, cuando Borges fue a la casa de su amigo. Refiere Bioy que Borges hizo un comentario sobre la obra titulada La máquina del tiempo de Herbert George Wells. Después de reflexionar entre los dos sobre la genialidad del autor, para pensar en esa máquina que tenía el poder de manejar los tiempos de la vida del hombre a su antojo, moviéndolo entre el pasado y el futuro, Bioy comenta que Borges, expresando sus concepciones frente al tiempo que se escapa y sus sentires en ese fin de año, dijo: Qué raro, que en tantos años como viví, no hubiera un momento en que yo haya estado más adelante en el futuro que ahora.  Bioy cuenta en este libro que siempre pasaron juntos el último día del año. Esperaban en el balcón el Año Nuevo y luego trabajaban hasta la madrugada en diversos libros que tradujeron y escribieron juntos.

Un desafortunado comentario expresado por María Kodama, la viuda de Borges, y encargada de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, en una entrevista concedida a Pablo Sirvén, publicada en La Nación el 27 de agosto de 2019, deja sorprendido al mundo literario. La afirmación que la viuda de ochenta y cinco años hizo, sobre la amistad entre Bioy y Borges, se relacionó con el concepto que Borges tenía de su amigo. Según María Kodama, no eran tan buenas las apreciaciones que Borges tenía de Bioy. Esto causó tanto malestar entre los seguidores de Bioy, y fue tan hondo el sentimiento, que organizaron un acto de desagravio al escritor.

Aparte de todas estas discusiones sobre esta amistad, he querido, por un lado, rendir homenaje a un escritor que he admirado siempre, porque su lectura me ha fortalecido como persona desde su ética y su concepción de la vida y, por otro lado, he querido opinar sobre cómo, el sentido que tengamos del tiempo y de la vida, es fundamental para la realización de muchas iniciativas y para la toma de múltiples decisiones. 

Los dejo con el poema de Borges, que sintetiza, como él lo hace, todo el contenido temático de este artículo. 

FINAL DE AÑO

Ni el pormenor simbólico

de reemplazar un tres por un dos

ni esa metáfora baldía

que convoca un lapso que muere

y otro que surge

ni el cumplimiento de un proceso astronómico 

aturden y socavan

la altiplanicie de esta noche

y nos obligan a esperar

las doce irreparables campanadas.

La causa verdadera

es la sospecha general y borrosa

del enigma de Tiempo;

Es el asombro ante el milagro 

de que a despecho de infinitos azares,

de que a despecho de que somos

las gotas del rio de Heráclito,

perdure algo en nosotros 

inmóvil. 


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