Navidad y año nuevo en tiempo de pandemia

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Por: Graciela Sánchez Narváez – IDEAS CIRCULANTES-

Es fácil pensar que en esta temporada de Navidad y  año nuevo, cuando la pandemia ataca nuevamente sin consideración a muchas ciudades del mundo, los pensamientos y sentires de sus habitantes se vuelvan mucho más nostálgicos, pues tenemos que afrontar la ausencia de muchos seres queridos; unos que se fueron para siempre, víctimas del covid 19, otros, que quedaron atrapados en los hospitales o incluso en sus propios hogares, luchando contra el ataque de esta enfermedad y algunos, detenidos en diferentes lugares por asuntos laborales y turísticos.

De una y otra forma, estas celebraciones serán completamente diferentes para cerca de la tercera parte de los habitantes del planeta, a quienes la historia ha convocado a celebrar la Navidad,  aunque, si bien es cierto, esta fiesta nace en el cristianismo porque conmemora el nacimiento de Jesucristo,  poco a poco se ha convertido en todo el mundo en una época para hacer una parada en el camino y reflexionar sobre la existencia misma, mucho más ahora, cuando el año 2020 nos sorprendió  con un virus agresivo y totalmente desconocido.

Charles Dickens, autor inglés considerado en su época como uno de los mejores novelistas del mundo,representó en su creación literaria, titulada Cuento de Navidad, las diferentes formas que tienen las personas de vivir y sentir la temporada navideña y de fin de año. Este autor realiza una fina critica a la sociedad de su tiempo, a mediados del siglo XIX, valiéndose de sus protagonistas: Marley un acaudalado señor que muere repentinamente la víspera de navidad; el señor Scrooge, su socio en algunos de sus mejores negocios, quien prácticamente queda como único dueño de toda la fortuna de la sociedad a la que pertenecía y su humilde dependiente. El perfil de Scrooge, corresponde a un hombre tacaño, huraño, abusivo, egoísta, ambicioso y de voz áspera.

La noche de navidad, en este pequeño pueblo se prenden todas las luces de cada una de las humildes y pequeñas viviendas, como manifestación de la alegría de sus moradores en esta celebración. Los niños juegan en la noche fría mientras la nieve cae lentamente; solo en la casa más grande, donde vive el señor Scrooge, el hombre más rico del poblado, las luces permanecen apagadas, de manera que su morada se mantiene como un hueco oscuro y profundamente negro.  En este sentido, el hombre más pudiente de la aldea, irónicamente, es en Navidad, el sujeto más amargado, triste y solitario de la tierra.

A su dependiente le ha dado la orden de no prender la luz porque cuesta mucho y porque se irían a dormir temprano, como todos los días. El dependiente le ha obedecido, pero ha aprovechado para escapar del encierro e ir a recibir el amor de su familia a la que extrañaba tanto, especialmente por estas fechas. Los regalos para su familia son sus abrazos, sus besos y un pastel que repartirá entre todos cuando suenen las doce campanadas en la iglesia de su pueblo. Las pocas luces de su humilde vivienda están encendidas y sus hijos esperan ansiosamente un obsequio. Saben que será pequeño, pero son los juguetes que esperan. Scrooge y su dependiente muestran las dos formas completamente opuestas de vivir estas festividades.

Hemos afirmado que los tiempos navideños, y especialmente el año nuevo, son estaciones que el hombre hace frecuentemente en el camino, para descansar y disfrutar con tranquilidad de la compañía de los seres que mueven sus afectos y emociones. El hecho de llevar más pan para compartir con los vecinos, es ya un acto necesario en su deseo de encontrarse y compartir con ese semejante que le da felicidad, sin embargo, esto que debería ser un acto de amor y cariño, la economía de mercado lo ha convertido en una obligante necesidad de comprar costosos regalos, a veces innecesarios, para demostrar a ese otro, el amor y cariño que le tiene.

 Sin embargo, hay personas, como el señor Scrooge, avaro y abusivo por naturaleza, que se esconde para no tener que gastar ni un solo centavo en lo que él llama cosas superfluas. Estas maneras de comprender el mundo y la vida, son las que hacen que estas fiestas, para muchas personas, impliquen una situación difícil que, lejos de ser una celebración cuyo objetivo es disfrutar de la compañía del otro, se conviertan en las causantes de diversos estados anímicos negativos. Son pues, las cosmovisiones, expectativas y vivencias de cada sujeto las que determinan el grado de satisfacción en estas eventualidades. Se puede ser feliz con pocas cosas o desdichado con muchas.

Es posible que en este año se agudicen mucho más esos pensamientos debido a la incertidumbre con la que se nos presenta el futuro, por eso, es importante volver a pensar en el valor de los vínculos afectivos y la manera de manifestarlos. Muchos se deprimen y se angustian pensando en lo que ha de venir, no solamente quienes padecen precariedades, sino personas con un alto nivel de exigencia económica que, como el señor Strtooge, tienen y quieren más, nada les satisface porque lo que ha adquirido, no le sirve para vivir bien sino para desarrollar un poder que a nadie beneficia. Muchos otros, por el contrario, confían en su capacidad de trabajo y de acuerdo con su cosmovisión de la vida y el mundo, saben que lo importante es seguir caminando, por lo que experimentan un mayor nivel de satisfacción y resiliencia.

De manera que si logramos configurar una forma adecuada de comprender la vida y el mundo, y llevamos por dentro estas celebraciones, sabremos entender, con un sentido más humano, que las desigualdades existen y se notan más en esta época, que el derroche no es necesario, que la pandemia nos distancia pero jamás nos separa y que por fortuna, con ayuda técnica de la virtualidad, podremos manifestar nuestro aprecio y cariño con un mensaje o una sentida llamada, que podemos abrir nuestros corazones a nuestros congéneres, amigos, compañeros, caminantes de este  mismo mundo y que podemos encender nuestras lumbres, para calentar con ella a quienes nos necesitan. Una palabra de alivio y de consuelo puede calmar el frio del alma y, lo mejor, es que no tiene precio.  

Todos tenemos algo que ofrecer, aún en tiempos difíciles. Hay personas que, por su desmedida ambición, les han quitado la lumbre a otros y, por esta misma condición, la mantienen apagada, como el señor Scrooge, sin advertir que de esta manera también ellos morirán de frio.

 Apreciados amigos lectores, mi abrazo sincero para desearles una Navidad en armonía, al lado de las personas que aman, un año nuevo esperanzador y lleno de ánimo y fuerza para seguir caminando y ascendiendo la montaña de la vida, hasta poder abrazarnos con la amistad de siempre.


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