Los seres digitales

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Por: José Arteaga (Twitter: @jdjarteaga)

Una de las cosas que deja pandemia es la educación online, y la universidad es, quizás, la que más partido le ha sacado por aquello del hábito, el entendimiento y la rapidez en el manejo digital. Por eso no es de extrañar que los eventos y hechos destinados a este público piensen hoy primero en digital y luego en presencial. ¿Será esto así de aquí en adelante o volveremos al modelo anterior? Pues tal parece que será así y el mundo laboral y escolar acabará adaptándose a ello también.

Desde que hay redes sociales tenemos un avatar y convive en nosotros un ser digital y otro físico (o analógico), y muchas veces le damos prioridad al digital. Ya nos pasaba antes con los celulares. Estábamos hablando con alguien, sonaba el teléfono y contestábamos dando prioridad a la llamada sobre la conversación. En fin, ha ganado el ser digital, está claro. Pero, ¿somos mejores por ello? Es decir, ¿estamos más adaptados al mundo de hoy?

Ni mejores, ni peores. Estamos conociendo un mundo infinito y nuestra capacidad de conducirnos en este. Por ejemplo, mi primera experiencia con la creación de una página web fue en 1995, ¡ha llovido desde entonces!, y todos los días sigo aprendiendo algo porque todos los días sigue saliendo algo nuevo. Era el tiempo de bourbonstreet y los contadores de visitas.

Ahora, comenzando la tercera década del Siglo XXI conectamos con un montón de gente, pero está claro, según la teoría del Número de Dunbar, que acabaremos desconectándonos de la mayoría de esos contactos y quedándonos sólo con los más cercanos. La teoría dice que los seres humanos hoy por hoy no somos capaces de relacionarnos eficazmente con una red mayor a 150 personas. No estamos preparados por educación digital, trabajo mental, capacidad de gestión y el tamaño de la neocorteza cerebral. Se nos escapan cosas. Es natural.

En 2009 lo decía Bernardo Hernández, cuando asumió la dirección mundial de marketing de producto de Google: las redes sociales acabarán siendo más cerradas, más exclusivas y más cercanas. De esos ciberespacios en los que colgamos fotos, vídeos y opiniones, pasaremos a micro grupos que, a su vez, nos permitirán sentirnos más cómodos, menos juzgados y con la posibilidad de enlazar el ser digital con el ser real. Los tik-tok son aproximaciones a ello, WhatsApp ha justificado todo eso y las apps de stories y vídeo-llamadas lo ha confirmado.

Sin embargo, hay un hecho indiscutible: quienes estamos conectados somos apenas una tercera parte de la humanidad. Aún falta la llegada de otra generación (los que hoy son niños), el acceso al mundo digital de los sectores pobres y aislados de la población, y un conocimiento total de las tecnologías. La generación a la que pertenezco es intermedia, una transición entre la analógica y la digital. Por eso somos la última oportunidad para enseñar a los más jóvenes los valores de ese pasado.

No me refiero a la historia, sino al razonamiento abstracto, a la lectura, a la experimentación real con la física, a la resolución de problemas matemáticos, y a la atención en general. Argumentar y construir una teoría es distinto en el mundo digital, al igual que el uso de conceptos y unidades de medida, por citar un caso. La base teórica de las universidades se está transformando poco a poco hacia lo práctico, porque los conceptos básicos se ven muy rápido y no hay reflexión sobre su importancia.

Es posible que por ello el análisis de la información sea tan primario. Lo que se ve es sobre lo que se opina, sin trasfondos ni deducciones comparativas. Y como vivimos en un mundo donde la información es el bien más valioso de nuestros celulares, tablets y computadores, pues tenemos un volumen exagerado de opiniones primarias, la mayoría insultantes y agresivas. Ya no llevamos un Mr. Hyde por dentro, sino un trol. La descalificación es el pan de cada día.

Volviendo a lo del comienzo, según la web Virtual Expo Colombia, Vexcol, el porcentaje de visitas a las ferias virtuales es un 30% superior a las que se desarrollan de manera presencial. Obvio, vivimos lo que vivimos, pero mal haríamos que ese trol que llevamos dentro creciera cuando participamos en eventos virtuales. Y no es cuestión de fomentar la Urbanidad de Carreño, sino de enseñar con pausa y pulso cuestiones básicas. Son los valores del pasado para mejorar el presente.


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