Aceptabilidad de la vacuna contra el covid-19

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Por: Graciela Sánchez Narváez -IDEAS CIRCULANTES-

Hans Kluge, director de la Organización Mundial de la Salud, OMS en Europa, se mostró comprensivo al enterarse de que en muchos países del mundo la mitad de la población no quiere aplicarse la vacuna contra el covid -19.

La causa fundamental de esta decisión tiene que ver con la desconfianza que cunde entre las comunidades, cuando diversas entidades, movidas por distintos intereses, desinforman a las poblaciones sobre la efectividad de la vacunación. Las causas de esta desinformación son diversas: van desde las simplemente emocionales, hasta las económicas, políticas, culturales y religiosas.

Consideramos que cuando un fenómeno como la pandemia asalta a la humanidad, como un hecho nuevo y desconocido, la imaginería de las personas se desata, creando desde su cultura, oralidades que nada tienen que ver con la realidad. Esta es una fuerza incontenible porque surge desde sus saberes y creencias, que son las que forman concepciones y verdades acordes con su comportamiento.  Un ejemplo de esta circunstancia la encontramos cuando surgió la afirmación de que poblaciones enteras se curaron con la planta llamada mata ratón. La fuerza de estas ideas es tan grande que ya no se tienen reversa.

De la misma manera que en el cuento de Gabriel García Márquez, titulado Algo muy grave va a suceder en este pueblo, nos narra que en un pueblo pacífico y sereno, una mañana cualquiera, una señora que les sirve el desayuno a sus dos hijos, les explica el motivo de su preocupación diciéndoles: -No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.- Su hijo mayor se va a jugar billar y una carambola sencilla le falla, pierde la apuesta y al preguntarle el por qué perdió la apuesta, contesta que se le quedó grabado un comentario que le hizo su madre esa mañana, pues tenía el presentimiento de que algo muy grave iba a ocurrir en el pueblo. Quien gana la apuesta cuenta en su casa lo ocurrido; una pariente que oye la historia va a comprar carne y, cuando le pide al carnicero que le venda una libra, se queda pensando y le dice: -mejor deme dos, porque algo malo puede suceder en este pueblo, hay que estar prevenidos-; el carnicero le comenta lo ocurrido a cada persona que va a comprar carne y, de esa manera, de boca en boca, se repite la situación hasta vender la vaca completa e ir por otra, cosa que jamás había ocurrido.

En media hora todo el pueblo sabe la historia y, poco a poco, ya es una verdad; algo muy malo le ocurrirá al pueblo y hay que protegerse y prepararse. El pánico y el miedo van creciendo hasta que, el más decidido, sin pensarlo dos veces, se va del pueblo; detrás de él desfilan los grupos familiares y se despiden del lugar que los vio crecer, llevando los enseres más necesarios. El último que sale incendia su propia casa para que la desgracia no la atrape. Pero lo más impactante es que, cuando la señora que tuvo el presentimiento ve que el pueblo queda vacío, sale corriendo y dice: – ya ven, yo si dije que algo muy grave le va a ocurrir a este pueblo-. 

La vacunación salvará vidas, pero nos queda un camino largo por recorrer. Al igual que en el cuento cuyo contenido resumimos, la educación y la pedagogía que se deben establecer para tratar de convencer a la mitad de las comunidades que habitan el planeta para aceptar la vacuna llevará mucho tiempo, debido a que ellos ya tienen su verdad, basada en la desconfianza que han generado los medios científicos y los laboratorios por la competencia, la presión de los gobiernos y la premura con que se desarrolló esta vacuna,  y luego, por muchas ideas y argumentos fruto de la desinformación y de los arraigos políticos, económicos y culturales. El miedo y la desconfianza en los laboratorios que las producen y en las entidades que las administran, pone en peligro la aplicación de la vacuna y puede cambiar su rumbo, con la inaceptabilidad de las comunidades por las circunstancias antes anotadas. Es por eso que, al lado de la información convincente y pedagógica, se deben mantener las medidas y los cuidados previstos, así sea que se la aplique colectivamente.

Además, consideramos que se deben extremar las medidas de autocuidado, dado que el suministro de las primeras vacunas será limitado. Se ha dicho que los grupos poblacionales que serán vacunados serán los que más riesgo de contagio tienen: los mayores de 60 años, el personal de la salud y las personas con morbilidades distintas que los hacen vulnerables al virus, pero además, se tendrán que preparar las condiciones de las entidades donde llegue la vacuna y se deberá asegurar su capacidad de mantenerla vigente, entre muchas otras previsiones que el personal científico que la creó recomendará antes de su implementación. De manera, mientras no lleguen las vacunas, será imposible predecir la posibilidad de su aplicación.

La humanidad, cansada de su encierro y su detrimento económico, ha deseado fervientemente, por un lado, tener un medicamento que logre curar la enfermedad y por otro, una vacuna eficaz para prevenirla. Hasta el momento la primera no existe, pues no se ha demostrado hasta el momento que haya una medicina que cure esta enfermedad; sobre la segunda, se pensaría que es la solución preventiva más prometedora, pero cerca del 50% de las poblaciones no quieren vacunarse. Entonces, la conclusión es que nos queda un largo camino usando el tapabocas, guardando las distancia y el lavándonos frecuentemente las manos. Es más, consideramos que estas medidas comprobaron que fueron la cura y solución para múltiples enfermedades infeccionas, entre las que se encuentran la pulmonares, para mencionar solo unas, por lo cual se deberían adoptar como una manera de vivir sanamente. Sabemos que, después de esta pandemia, el comportamiento de todos los seres humanos será diferente, Tal vez, se habitará el planeta de una manera más digna en todos los sentidos.   


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