CICR: Entre la pandemia y el conflicto armado

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Las vulnerabilidades en muchas comunidades de Colombia se acentuaron por las medidas adoptadas para frenar el avance del COVID-19. El apoyo humanitario ha sido clave para mitigar las consecuencias de un virus que no discrimina en medio de la violencia y el conflicto armado.

Documento del CICR

Mientras desde el mes de marzo de este año el COVID-19 se propagaba, los niveles de violencia y las consecuencias humanitarias siguen presentándose en distintas regiones del país. La pandemia ha aumentado aún más las necesidades de atención de las comunidades afectadas por el conflicto y la violencia armada, ha presionado el sistema de atención médica y ha planteado desafíos considerables en la respuesta institucional debido a restricciones de movimiento y a las limitadas posibilidades para adquirir elementos e insumos.

La delegación en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha adaptado su trabajo a las exigencias de seguridad sanitaria durante la pandemia, para responder a las necesidades humanitarias más apremiantes. Las siguientes cifras describen este trabajo hasta el fin del mes de septiembre de 2020.

El CICR ha mantenido el apoyo a hospitales para ayudar a las víctimas de la violencia y ha sumado el apoyo COVID-19 a estructuras de salud en zonas afectadas por conflictos. La puesta en marcha de estas actividades ha sido escalonada, adaptando la respuesta a la evolución del COVID-19 en Colombia.

En total, 106 estructuras de salud han recibido donaciones de medicamentos, elementos de protección personal, mobiliario, equipo médico, contenedores de frio, lavamanos, sillas de ruedas, carpas para la ampliación de servicios hospitalarios y kits de desinfección con el fin de reducir la presión en las estructuras de salud por el aumento de casos COVID-19 y por la falta de recursos en las mismas.

El retraso en la progresión de la pandemia en el país hizo que toda la primera fase de respuesta COVID-19 -ya finalizada- llegara a los establecimientos de salud antes del pico.

Apoyo a estructuras de salud en zonas con presencia de conflicto y violencia armada, y migración:

  • 31 hospitales recibieron artículos de higiene y desinfección por tres meses para las áreas de hospitalización de pacientes COVID-19.
  • 13 hospitales recibieron carpas para triage y/o hospitalización de pacientes COVID-19.
  • 7 hospitales fueron apoyados con contenedores refrigerantes para el almacenamiento de cuerpos de personas fallecidas por el virus.
  • 13 hospitales en zonas de frontera donde reside población migrante recibieron artículos para la higiene y desinfección por tres meses para las áreas de hospitalización con pacientes infectados.

Conjuntamente con la Cruz Roja Colombiana desarrollamos el documento: “Recomendaciones generales para restablecer y mantener el contacto familiar de pacientes COVID-19 en aislamiento hospitalario”, con el fin de preservar los lazos familiares y proporcionar medios para que los pacientes consigan restablecer y mantener el contacto con su familia. El documento fue compartido con el Ministerio de Salud y Protección Social y será socializado inicialmente con los hospitales priorizados.

Dentro de las actividades con los trabajadores sanitarios, se desarrolló el proyecto “Cuidando a los cuidadores – Misión Médica”, que tiene como propósito brindar asesoría técnica y herramientas de autocuidado en perspectiva de salud mental. Se han atendido 130 profesionales de la salud; de estos, 10 han requerido atención especializada en salud mental.

Los periodos de aislamiento frenaron gran parte de la actividad comercial del país. Por ello, la vulnerabilidad económica se ha agravado en muchas regiones, especialmente en zonas con conflicto armado y violencia. En dichas zonas apoyamos a 7.018 víctimas, migrantes y otros grupos vulnerables (1.636 familias), con una asistencia económica de 240.000 pesos en promedio.

Dos comunidades con 1.425 personas (693 familias) seleccionadas para proyectos agropecuarios y 360 personas (90 familias) afectadas por otras violencias y la pandemia recibieron paquetes de alimentos y artículos de higiene para aliviar necesidades urgentes agravadas por la crisis sanitaria.

Dada la falta de ingresos, el apoyo a los comedores comunitarios ha sido clave:

  • 1 comedor en zona de conflicto recibió alimentos para la preparación de las comidas. Se beneficiaron 321 personas (víctimas y otros grupos vulnerables afectados por la pandemia).
  • 4 comedores recibieron paquetes de alimentos y recipientes biodegradables para la preparación y distribución de comidas. Estos se entregaron a 981 personas (migrantes y otros grupos vulnerables).
  • 72 personas que apoyaban la preparación de comidas en comedores comunitarios recibieron dinero por su trabajo.

Respecto de la población migrante:

  • 33 migrantes haitianos recibieron alojamiento en un hotel y 35 niños de la misma nacionalidad recibieron artículos de higiene.
  • 7 organizaciones recibieron insumos para adecuar sus instalaciones, así como artículos de higiene para migrantes, beneficiando a 1.522 personas.

Durante tres meses, víctimas de la violencia armada recibieron apoyo económico por las dificultades generadas por los periodos de aislamiento. A 61 jefes de hogar la ayuda les permitió satisfacer necesidades económicas o cubrir gastos para mantener sus puestos de trabajo. De igual manera, 658 jefes de hogar con unidades productivas no tuvieron que vender activos o transformar sus negocios, para adaptarse a la situación actual. Además, 40 jefes de hogar pudieron pagar servicios de internet y telefonía móvil para acceder a formación online y continuar con su búsqueda de empleo.

Logramos que 64 emprendedores fortalecieran sus pequeñas empresas participando en un proyecto de elaboración de tapabocas (se están produciendo alrededor de 300.000 unidades, 240.000 serán donadas a instituciones gubernamentales locales, socios y comunidades).

El trabajo en equipo con la Cruz Roja Colombiana permitió que 73 voluntarios de 9 seccionales realizaran tareas remotas para apoyar la implementación de las actividades de generación de ingresos, adaptadas al contexto COVID-19.

La gestión institucional nos permitió contactar a 59 oficinas gubernamentales y otras organizaciones para establecer la donación de artículos de higiene y equipo de bioseguridad para facilitar la atención a las víctimas. Durante el tercer trimestre, 14 instituciones en 7 municipios recibieron las donaciones; 90 instituciones en 52 municipios recibirán apoyo durante el cuarto trimestre.

Con la facilidad de propagación que tiene el virus, cobra importancia las medidas que apuntan a prevenir el contagio. Para ello focalizamos la entrega de kits de higiene y kits familiares en 37 comunidades (57.221 personas) de seis departamentos afectadas por el conflicto armado y la violencia. Asimismo, 55 familias (en 12 ciudades) que hacen parte del programa de fortalecimiento de unidades productivas, recibieron los kits para implementar medidas de prevención.

Los lavamanos portátiles, tan necesarios por estos días, fueron entregados a 15 socios que asisten víctimas del conflicto armado y a 48 albergues que atienden población migrante. Además, se incluyeron kits de higiene.

Los inicios de la pandemia desnudaron las dificultades para contener el avance del virus en las cárceles. Siendo una población en riesgo por las condiciones de hacinamiento, logramos apoyar 25 centros de reclusión con 78.127 personas privadas de libertad. Por medio de insumos como jabón antibacterial, lavamanos portátiles, afiches informativos para la prevención del COVID-19, elementos de higiene y desinfección para las áreas de sanidad y aislamiento sanitario logramos implementar medidas de prevención y contingencia para el manejo de la pandemia.

El agua en Tienditas

Entre mayo y junio la población migrante inició un retorno masivo a Venezuela por el COVID-19. Esto llevó a que muchas personas se acumularan en Tienditas, lugar previo al paso fronterizo por Cúcuta. Las autoridades locales adaptaron un espacio como albergue para acomodar a la población migrante, vulnerable por las aglomeraciones. A pasar de que el lugar contaba con agua, no había una red de distribución interna. Apoyamos con el diseño de una red de agua y saneamiento para atender a 700 personas con baños y duchas para mujeres. Adicionalmente, proporcionamos al albergue kits de higiene, limpieza y desinfección, y se adaptaron contenedores para el manejo de residuos sólidos.

4.800 platos de comida

CICR: Entre la pandemia y el conflicto armado. Las vulnerabilidades en muchas comunidades de Colombia se acentuaron por las medidas adoptadas para frenar el avance del COVID-19. El apoyo humanitario ha sido clave para mitigar las consecuencias de un virus que no discrimina en medio de la violencia y el conflicto armado.

Debido a las medidas de emergencia sanitaria, muchos trabajadores informales vieron como sus ingresos económicos disminuyeron de un momento para otro. En el barrio Siloé de Cali, trabajamos con dos comedores comunitarios para entregar 4.800 platos de comida sin ningún costo. Antes, las personas que generalmente asistían al comedor pagaban entre 500 y 1.000 pesos por la comida, dinero con el cual se pagaba el trabajo de las manipuladoras de alimentos. Ahora, con la ayuda brindada cada manipuladora recibió un apoyo económico de 1.200.000 pesos.

Las víctimas del conflicto y de otras situaciones de violencia armada también han sido afectadas por las circunstancias generadas a partir de la emergencia sanitaria.

Continuamos adaptando nuestras capacidades a un contexto virtual con actores activos en la búsqueda de desaparecidos y facilitando espacios de articulación interinstitucional y local en varias zonas del país. Desde el inicio de la emergencia hasta el 30 de septiembre, hemos apoyado con asistencia económica a 1.008 familias (3.910 personas) de personas desaparecidas en situación de vulnerabilidad.

Con el propósito de estar cerca de las familias con personas desaparecidas, a pesar de las barreras por la pandemia, realizamos dos eventos virtuales en el marco de las conmemoraciones del 30 de agosto, Día internacional de las personas dadas por desaparecidas: uno sobre el papel del arte y la academia en la desaparición y otro sobre el acompañamiento psicosocial.

Además, acompañamos varios eventos virtuales en diferentes partes del país, incluyendo una iniciativa regional de conmemoraciones, a través de la cual, se buscó acercar a familias de personas desaparecidas en diferentes partes de Latinoamérica y enfatizar que la búsqueda continúa, a pesar de la pandemia.

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, registramos 211 víctimas de artefactos explosivos y minas antipersonal. Entregamos 450 asistencias económicas en varias regiones del país a quienes han sido víctimas de accidentes por contaminación por armas. Con este apoyo, los beneficiarios y sus familias pudieron cubrir las necesidades básicas generadas por la pandemia.

Para mitigar el riesgo de la población civil que vive en zonas donde hay presencia de contaminación por armas, transmitimos cuñas radiales con mensajes de comportamientos seguros. La difusión se ha hecho en emisoras locales y comunitarias que cubren zonas rurales y urbanas de 100 municipios en 14 departamentos.

Adicional a las actividades con la población civil, seguimos dialogando confidencialmente con autoridades y actores armados para recordarles el respeto hacia la población, los bienes civiles y, de paso, difundir mensajes de autocuidado durante la pandemia.

Mantenemos el contacto con las comunidades y continuamos documentando las violaciones a las normas humanitarias de muchas personas que, aún en pandemia, siguen siendo víctimas.


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