El SOS de un archivo

Compartir en:

Por: José Arteaga (Twitter: @jdjarteaga)

Cómo proteger nuestros archivos ante un desastre natural? Es verdad que subir todo a la nube es la mejor opción para mantener viva una memoria, pero los materiales físicos corren riesgos de perderse muy fácilmente y ningún seguro podría compensar tal pérdida. 

Este dilema es por el que constantemente atraviesan las bibliotecas, los centros de documentación y el Archivo General de la Nación en Colombia, ahora metido de lleno en el desarrollo del proyecto ADN-Archivo Digital Nacional. Con este, el Archivo busca las transferencias de los archivos electrónicos de valor histórico que forman parte del patrimonio digital colombiano.

Colombia por fin parece haber dado un paso al frente en esta dolencia de nuestro patrimonio. Nunca ha habido un sistema ordenado para ello, ni tampoco los recursos necesarios para apoyar pequeños procesos regionales. Pasto, por ejemplo, tiene una conservación de documentos dispersa y una digitalización precaria, y un ejemplo es la hemeroteca del Banco de la República.

Su amable atención es envidiable, pero su archivo tiene muchos vacíos por diferentes razones que no vienen al cuento. El diario El Derecho, que junto a la revista Cultura Nariñense, viene a ser la memoria de una ciudad durante el Siglo XX, no está completo. Es más, sólo hay una pequeña parte. ¿Donde encontrar lo que falta?, ¿en colecciones privadas cerradas al público?, ¿en cajas de algún desván llenas de humedad y polvo? Pues eso es un pecado.

El proceso de digitalización comienza allí. Necesitamos que estos y otros documentos salgan a la luz, porque en esas historias impresas está la vida y la razón de ser lo que fuimos, somos y seremos. Hay colecciones enteras que, cuando sus dueños mueran, quedarán a la deriva del mejor postor para seguir conservándose entre secretos.

Lo mismo pasa con la música, con los coleccionistas que ‘amarran’ sus tesoros sin compartir nada de ellos. Hasta cierto punto es entendible. Es el tesoro de Gollum. Sin este, mucha gente no tendría nada valioso en sus manos. Pero un día, ese Gollum morirá y ese disco lo sobrevivirá malamente hasta desaparecer. Se podría evitar desde antes.

Donde yo trabajo, en Colección Gladys Palmera, que posee el mayor archivo fonográfico afrocubano del mundo en San Lorenzo del Escorial, esa es nuestra prioridad: evitar que esos tesoros se pierdan a través de la digitalización. Y de la misma forma ese el sentido del mayor centro de discos del mundo, que es el Archive of Contemporary Music, ARC, en Nueva York, donde residen millones de vinilos en diferentes formatos. Pero para eso se necesita tiempo, manos, máquinas y dinero.

Pequeños archivos subsisten hoy en día con el sistema de donación, dando a cabo la opción abierta de consulta. Esa podría ser la alternativa para pequeños centros de documentación locales. Y hacia allá camina el Archivo de la Nación, intentando convencer a‪ alcaldías y gobernaciones ‬para que entiendan ‪la importancia de la ‬g‪estión ‬d‪ocumental‬ organizada y tecnológica.

El ejemplo ideal quizás esté en Sevilla, en el Archivo de Indias.

En 1986, cuando Iberoamérica se preparaba para la celebración del V Centenario del 92, se firmó un convenio para la digitalización del Archivo de Indias. En aquel tiempo no había internet de la forma que existe hoy y la tecnología digital iba a paso de tortuga respecto a la actual, pero se hizo. Fue la primera de habla hispana en conseguirlo y la verdad es que, después de visitarla, que el proceso ha sido lento y dispendioso. Su avance no es visible a primera vista, pues aparenta ser una biblioteca antigua. Pero ofrece todo.

Si algo ocurriese, su pérdida sería tan o más significativa que la del incendio del Museo Nacional de Brasil en 2018. Pero al menos, la memoria quedaría latente, en una nube, aunque no palpable. 

¿Somos capaces de hacer algo así?, ¿tienen nuestras administraciones públicas locales el valor suficiente para destinar recursos hacia un propósito semejante?, ¿o están a la espera de una ley que los obligue a hacerlo? Si es esto último, mal. No podemos esperar a que una tragedia se lleve todo por delante y nos quedemos sin memoria, sin recuerdos y sin nada… sin ánimo de ser catastrofista, claro está.


Compartir en:
WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
error: Contenido Protegido !!