Mauricio Bravo Cerón y el poder regocijante de la palabra escrita

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Jugarse la vida, nuevamente. Así lo decidió él cuando supo que su madre, la señora Abigail, estaba infectada por el Covid – 19. En un acto de amor, se encerró  con ella, aislados de todos para velar por su recuperación. Pero el virus lo atacó con toda su furia y hasta la noche de este miércoles sigue luchando, otra vez, por su vida misma.

Jugarse la vida, nuevamente. Así lo decidió él cuando supo que su madre, la señora Abigail, estaba infectada por el Covid – 19. En un acto de amor, se encerró  con ella, aislados de todos para velar por su recuperación. Pero el virus lo atacó con toda su furia y hasta la noche de este miércoles sigue luchando, otra vez, por su vida misma.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada, con el aporte de familiares, amigos y allegados.

La vida realmente nunca fue fácil para Mauricio. Tanto que su padre llegó a pensar que su destino sería una muerte temprana y hasta alcanzó a comprar un ataúd. Con apenas un poco más de un año de existencia, ya era presa de la meningitis, un mal que para ese entonces no tenía remedio ni vacuna.

Su madre, Abigail Cerón, quien lo trajo al mundo cuando ya tenía 42 años de edad, sintió como propia la enfermedad que agobiaba a su hijo y por ello decidió protegerlo y salvaguardarlo contra todo riesgo. Mauricio se salvó, pero pasarían 5 años antes de que se pudiese decir que había sobrevivido.

“En realidad nunca se recuperó del todo”, comenta Maricela, su hermana. “La enfermedad le dejó muchas secuelas que obligaron a mi madre y a toda la familia a estar siempre pendiente de él. Siempre fue frágil y todo esto lo volvió  introvertido, tímido, de muy pocas palabras”.

Pero la falta de elocuencia se transformó en un profundo amor por la palabra escrita. Los libros se convirtieron en sus compañeros inseparables. Comenzó a devorar los clásicos y a los autores más renombrados en Colombia y Latinoamérica. Eso lo llevó al descubrimiento de otra de sus fortalezas: la escritura.

Sus cuadernos y libretas comenzaron a llenarse de pensamientos, análisis y reflexiones. Lo hacía con una fluidez tan sorprendente que, muchos de los que inclusive pensaban que jamás superaría ni siquiera los años escolares terminaron por aceptarlo y respetarlo por lo que sabía y escribía.

A la familia le seguía preocupando su introversión y la dificultad que evidenciaba en el pronunciamiento de algunas palabras. Con todo, logró graduarse en el colegio Antonio Nariño de San Pablo, su tierra natal, institución en la que pese a los obstáculos, logró mostrar su gusto literario y sorprendentemente una facilidad para el buen humor, ese que hace pensar antes de esbozar una sonrisa o soltar una carcajada. Con el paso de los años su estilo para el gracejo se ajustaría casi que con perfección a los modelos que más calan en las redes sociales.

Jugarse la vida, nuevamente. Así lo decidió él cuando supo que su madre, la señora Abigail, estaba infectada por el Covid – 19. En un acto de amor, se encerró  con ella, aislados de todos para velar por su recuperación. Pero el virus lo atacó con toda su furia y hasta la noche de este miércoles sigue luchando, otra vez, por su vida misma.

Rumbo a Armenia

El gusto por la lectura y la escritura se expresó como una afinidad con la Comunicación Social. Es decir que la posibilidad de adelantar estudios de pregrado se convertiría para él en otro gran reto por superar.

Un reto que le sacaría sudor, lágrimas y hasta frustraciones. Optó por la Universidad del Quindío y por ello fue a parar a Armenia, en donde viviría experiencias muy diversas, pero sobre todo esta ciudad sería el escenario en donde Mauricio confirmaría que lo suyo sería para siempre el mundo de las letras.

Involucrarse en una sociedad paisa, con  las debilidades de comunicación que lo acompañaban no fue nada fácil. Sus hermanos recuerdan que este también fue un gran sufrimiento y que inclusive fue el factor que casi lo deja sin su título de grado, pues a la hora de sustentar su proyecto de tesis sufrió  de un intempestivo bloqueo que lo dejó en ese instante sin la posibilidad de alcanzar el anhelado diploma.

Pasarían otra vez varios años inclusive  antes de volver a intentar acceder al título de Comunicador Social. Por iniciativa de un alcalde de San Pablo, Ricardo Emiro Gómez, se le conminó a cerrar este ciclo académico, si quería ingresar a trabajar en la administración local.

Su familia lo apoyó con todo. Lo llenaron de motivación y hasta lo acompañaron durante un tramo de la ruta hasta la capital quindiana. “Todo está en sus manos”, le dijeron y él partió hacia Armenia cargado de nervios pero también con la convicción de que esta vez no habían alternativas: el grado era la única opción. Y lo logró, para bien suyo, de su familia y deleite de quienes gozamos con sus crónicas o nos divertimos con sus apuntes.

Hijo, esposo y padre

Hoy, nadie duda en San Pablo, de las calidades humanas de Mauricio. Como hijo, mantiene una profunda relación de mutua dependencia con su madre y prueba de esto es que no dudó un segundo en ir a acompañarla durante las 24 horas del día, cuando supo que estaba infectada por el letal virus.

Se trató de una decisión radical, pues por los antecedentes en su salud, estaba claro que él corría un riesgo adicional con esta decisión. Eso no lo amilanó sino que lo hizo seguir adelante. Y claro, pagó las consecuencias: aunque su madre avanza en su recuperación, se logró proteger al resto de la familia, pero él debió soportar el embate del mal. Ese mal que hoy lo tiene en una Uci en Pasto y a todos sus familiares y amigos orando por su recuperación.

Mauricio también es esposo y padre de una hermosa niña, que sigue sus huellas por el mundo de los libros. “El mejor” según su familia. Un aliciente más para sobrevivir al más duro reto de todos los que ha asumido Mauricio Bravo Cerón.

Voces de aliento

La publicación de informaciones relacionadas con el estado de salud de Mauricio hizo notar a su familia que en efecto, los sentimientos que él logró despertar entre sus compañeros de estudio, profesores y colegas, fueron ganados a pulso, superando todo tipo de dificultades y demostrando que hay otras formas efectivas de comunicación, más allá de la palabra hablada.

Los contenidos relacionados en Facebook y otras redes sociales se llenaron de voces de aliento, tanto de sus familiares y amigos de San Pablo, como de sus antiguos compañeros y profesores de la Universidad del Quindío, que se manifestaron desde muchos lugares.

Todos invitan a enviar las mejores energías, las más potentes oraciones y los más grandes deseos para que Mauricio esté de nuevo, muy pronto, entre los suyos.


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