Memorias de una Época Cultural en Pasto (Años 70)

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Por: Graciela Sánchez Narváez -IDEAS CIRCULANTES-

Como lo prometido es deuda, apreciados amigos lectores, éste artículo continúa la historia de la maravillosa época de los años 70, profundizando ahora en el tema anunciado:  Arte y la Literatura en Pasto.

Habíamos dicho que este fue un tiempo de utopía y creatividad artística. Múltiples expresiones artísticas se integraron en un todo universal. La Literatura alternaba con el cine, con el teatro, con la música, la pintura, e incluso con otro tipo de actividades asociadas a la creatividad, como la talla en madera y variadas clases de artesanías.

Parecería contradictorio que esta misma productividad ocurriera en un ambiente de sobresalto y desconcierto, pues el mundo vivía múltiples acontecimientos inesperados o desestabilizadores que trastornaban las expectativas, como el final de la guerra de Vietnam, la crisis del petróleo, el escándalo de Watergate, las dictaduras militares, las actividades de grupos terroristas, la agudización de la guerra fría y la polarización ideológica entre la antigua Unión Soviética y Estados Unidos, que había tenido un capítulo especial con el avance en la carrera espacial y que permitió una exhibición del poder capitalista que pretendía ser extensivo a todos los aspectos de la vida social, económica y política en todo el mundo.

En Latinoamérica, se ampliaban las luchas por los derechos humanos y en contra la opresión. Figuras como Mao, el Che Guevara, Ho Chi Mihn y Yasser Arafat, el padre Camilo Torres, se habían convertido en ídolos populares, presentes en las protestas estudiantiles y barricadas, los hippies y su filosofía de paz y amor invitaban a vivir con poco y a disfrutar de lo posible. En fin, ésta década prodigiosa, a la vez, una política conservadora reacia a los cambios y la tensión de los jóvenes por liberarse de ella. Fue la época del surgimiento del M 19 en Colombia y, en Pasto, del grupo Los Inconformes

En nuestro país tomó fuerza el cultivo y uso de la marihuana y empezó a desarrollarse a gran escala el narcotráfico, con lo que empezaba a instalarse también una cultura ‘traqueta’, caracterizada por la ostentación, el despilfarro y la generación de procesos inflacionarios producto de la economía subterránea que se agudizaría al extremo en la década siguiente. Era característica la presencia de grandes carros que desplazaban al común y popular Renault 4, los lujosos bienes importados y los caballos de paso fino que se exhibían en ferias y encuentros, aumentando el desconcierto de la clase trabajadora.

Las protestas contra la desigualdad social fueron una manifestación combinada entre el espontaneismo y el desarrollo de la conciencia política popular, recuerdo el levantamiento de los trabajadores de Indupalma, que se hizo conocer en todo el país. Los obreros reclamaban a esta empresa extranjera sus derechos laborales cuando ocurrió la muerte de un dirigente norteamericano. Nuestro departamento de Nariño fue elegido como escenario para el juzgamiento de los trabajadores implicados, todo debido a que las autoridades querían evitar las manifestaciones estudiantiles y sociales que habrían sido obvias en otras regiones del país, defendiendo y apoyando a los trabajadores que protestaban y exigían mejores condiciones de trabajo. Este acto atrajo a los mejores juristas nacionales de la empresa y de los trabajadores, la entrada a este encuentro era libre y los estudiantes nariñenses convinimos en apoyarlos.

 En este contexto nacional aparece el Nadaísmo, versión latina del existencialismo y al igual que éste, nace como oposición a la cultura académica imperante. Los años setentavisibilizaron grupos de jóvenes escritores cercanos a la corriente de Gonzalo Arango y Gonzalo Escobar, quienes renegaban de lo que consideraban el formalismo de la vieja literatura. Una expresión muy popular de sus sentimientos y actitudes se musicalizó en la canción protesta, especialmente con Pablus Gallinazus.

Por estos años se publicaron en Pasto, como obras destacadas, las novelas El Ateo de Célimo Macario Guerrero; El Hombre que perdió su nombre de Emilio Bastidas; Hasta que el odio nos separe de Carlos Bastidas Padilla; Las Raices de la Ira del mismo autor, libro de cuentos que fue acreedor del premio Casa Las Américas; Las guerras de Pasto de Edgar Bastidas Urresty, Canto de la cosecha de Lydia Inés Muñoz Cordero, Premio de Poesía Awaska, dirigido por Humberto Márquez Castaño; Vida Pasión y Muerte de un Verdugo de Jorge Idrobo Burbano, ganador del Concurso de Cuento organizado por la Fundación Testimonio.

Como revistas literarias y culturales podemos mencionar a Meridiano, de la Universidad de Nariño, dirigida por Alberto Quijano Guerrero; Cultura Nariñense, con la dirección del padre Jaime Álvarez, sacerdote jesuita; y la revista EL Muro, dirigida por Oswaldo Granda.


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