El talante democrático

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Por: José Gregorio Hernández Galindo –Certidumbres e inquietudes

Se suele definir el talante como la manera de hacer algo; el modo de ser y actuar; la disposición; la perspectiva y actitud, por formación y convicciones; la forma de reaccionar ante hechos y situaciones, desafíos o propósitos. Una fuerza interior que caracteriza y proyecta a la persona.  

Hoy cabe aludir al talante democrático, y a su contrario.  

Ser demócrata no reside solamente en proclamar que el pueblo es soberano y que todo poder, en la democracia, se recibe del pueblo, sino en respetar las reglas y en someterse de verdad al resultado de los procesos democráticos, se gane o se pierda.  

La conducta consistente en aceptar la derrota con la misma serenidad con la que se asume la victoria hace parte del talante democrático.  

El talante no democrático es distinto: el individuo está convencido de que todo lo merece y exige que le sea reconocido; participa de mal grado en los procesos -porque ‘le toca’- y, si obtiene la victoria, la proclama invocando, más que la confianza recibida de los electores, los propios méritos y su superioridad sobre el contrincante. Y, en caso de derrota, no la acepta de buen grado; cuestiona, descalifica y rechaza los resultados, con o sin fundamento.  

Lo hemos meditado a propósito de las demoras y expectativas que se generaron por varios días sobre los resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Al momento de escribir estas líneas, todavía no hay un dictamen oficial y definitivo, aunque todo indica que el próximo presidente será Joe Biden. Ello no impide que comparemos las reacciones de los dos candidatos en competencia -Donald Trump y Joe Biden-.  

El escrutinio de los comicios proseguía, a la espera de llegar al número de 270 miembros del Colegio Electoral a favor de alguno de los dos aspirantes a la Casa Blanca. El jueves 5, mientras Biden transmitía un mensaje de tranquilidad y paciencia, y recomendaba aguardar los resultados de la contabilización de todos los votos en los Estados, Trump, en alocución televisada, afirmaba su seguridad de triunfar «fácilmente», siempre que “se contaran los votos legales», y añadiendo que, en caso de ser incluidos los «votos ilegales», los demócratas podrían «intentar robarnos las elecciones». Hablaba de ‘fraude’, sin aportar prueba alguna, y, como se comprende, con ello instigaba a sus seguidores para desacreditar el proceso en caso de derrota. Una actitud abiertamente antidemocrática, desleal y peligrosa para la estabilidad institucional, olvidando su actual investidura.  

De inmediato, en un acto de honestidad periodística, el canal MSNBC cesó su transmisión en vivo, interrumpió al orador y procedió, con toda franqueza, a corregir sus no probadas afirmaciones. Lo propio hicieron otros programas informativos como NBC News y ABC News. Donald Trump dejó la estancia prevista para la rueda de prensa sin responder pregunta o inquietud alguna de los periodistas presentes.  

En este momento no se tiene el resultado final, pero cualquiera que sea, hemos presenciado dos actuaciones y dos talantes muy distintos ante la democracia, y una forma recta y clara de hacer periodismo.  


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