Mujer sampableña, primera señorita Nariño elegida democráticamente

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Mujer sampableña, primera señorita Nariño elegida democráticamente. Han pasado ya más de treinta años desde que, un sábado del mes de octubre, el Diario de Sur, reconocido periódico nariñense, salió con el rostro sonriente de una joven sampableña y el titular “Elegida reina de Nariño a Cartagena”.

Han pasado ya más de treinta años desde que, un sábado del mes de octubre, el Diario de Sur, reconocido periódico nariñense, salió con el rostro sonriente de una joven sampableña y el titular “Elegida reina de Nariño a Cartagena”.

Mujer sampableña, primera señorita Nariño elegida democráticamente. Han pasado ya más de treinta años desde que, un sábado del mes de octubre, el Diario de Sur, reconocido periódico nariñense, salió con el rostro sonriente de una joven sampableña y el titular “Elegida reina de Nariño a Cartagena”.

Por: Mauricio Bravo Cerón

Se trata de Mónica Cristina Diago Del Castillo, hija del médico Gentil Diago y doña Diva del Castillo. Al ver en redes la imagen de aquella portada me pareció (y resultó) una historia importante de revivir para la posteridad de esta posteridad, pues se trataba de la primera Señorita Nariño elegida ya no por decreto, sino de una manera democrática.

Habiendo nacido en el municipio de San Pablo, un 20 de octubre, la joven Mónica Cristina, tenía 17 años, estaba recién graduada del Colegio Nacional Antonio Nariño y se preparaba por esas fechas para marcharse nuevamente hacia la ciudad de Bogotá a estudiar odontología en la Universidad Nacional, cuando recibió un oficio en el que el alcalde de San Pablo, don Jeremías Cerón, la convocaba para participar inicialmente de un concurso de Señorita Nariño, fase norte del departamento.

La candidata electa ahí iría a Pasto a competir por ser Señorita Nariño, versión 1986.

Los años anteriores, cuenta ella, la elección de Señorita Nariño había sido más reservada, más limitada a unas pocas personas. Esa era la primera vez que en este departamento al sur de Colombia se quería hacer algo distinto y ella, sin proponérselo, iba a estar ahí. Para ello se había sectorizado todo Nariño en cinco subregiones, para que cada municipio postulara su candidata. Estas cinco subregiones dejarían cinco candidatas para ir a la ceremonia decisoria a Pasto, en el Coliseo Sergio Antonio Ruano.

Lo que no sabía ni se imaginaba Mónica Cristina era que detrás de todo esto, que su papá empezó a rechazar cuando ella ganó la primera fase, se encontraban su madre, la señora Diva Del Castillo, y una prima, que a escondidas la habían inscrito para hacer parte del concurso. Ella, que durante su época de bachillerato realizada entre la Institución Educativa Normal Superior Sagrado Corazón de Jesús y el Colegio Nacional Antonio Nariño (de donde es egresada) se destacó, gracias a su estatura, en baloncesto y voleibol, jamás se imaginó que sería reina, a pesar de su belleza.

Los amigos y conocidos de la época que se iban enterando de la convocatoria le decían “vos deberías ir y participar”; y ella, ante ese comentario, no podía hacer más que cruzarse de brazos, ya que por ser a la sazón menor de edad (cumpliría 18 años sólo hasta una semana después de ser elegida), la determinación final de si participaría o no dependía única y exclusivamente de sus señores padres.

“No, no y no”, fue la tajante respuesta del médico Gentil Diago cuando se enteró de que su hija había superado esa primera fase, realizada con candidatas por ejemplo del municipio de La Cruz, entre otros, en las instalaciones del Colegio Nacional Antonio Nariño. “Que vaya la candidata que quedó en segundo lugar y usted se me va para Bogotá a estudiar”, fue la solución planteada por él, que no veía con buenos ojos que su hija perdiera el tiempo de estudiar en este concurso.

Efectivamente así se hizo.

Una comisión enviada desde el Concejo Municipal de San Pablo fue la que visitó al médico Gentil Diago y finalmente lo convenció con argumentos de que su hija, ya estando inscrita, habiendo superado la primera fase y teniendo grandes posibilidades de avanzar, debería seguir participando del concurso en su fase departamental. Así las cosas fue él quien, ya estando ella en Bogotá, la llamó y le dio la autorización para que se regresara hasta la ciudad de Pasto.

Viajaba ella Bogotá-Pasto y, entre tanto, en Pasto había gente encargándose de los detalles de su participación. Total que llegó apenas puntual y, sin previa preparación, para la ceremonia del Coliseo. Sin embargo, aquel 11 de octubre, fue coronada como Señorita Nariño 1986. Si en San Pablo fueron sólo dos desfiles en vestido de baño y traje de gala, en Pasto a estos dos desfiles se le sumaron otro par de componentes como la pregunta de rigor del jurado, de la que de los puros nervios no logra acordarse.

Entre esa noche y la participación en el Reinado Nacional de la Belleza, en el puerto de Cartagena, en noviembre próximo, quedaba a duras penas un mes, quizás menos. “Fue una maratón”, cuenta ella. Una maratón en la que se encontró bien respaldada por el sector privado del departamento. De tal envergadura fue ese apoyo que ya tenían acordada su preparación y tres días después de ser elegida como Señorita Nariño, ya se encontraba en Bogotá entrenándose en pasarela, desfiles, fogueo periodístico, entre otros elementos propios de un reinado de belleza.

Esta preparación estuvo a cargo de la persona que logró a varias Señoritas Colombia, como Paola Turbay, Sandra Borda Caldas, Susana Caldas, Patricia López, María Teresa Egurrola, Ángela Patricia Janiot, Kathy Sáenz, Julieth Sáenz, entre otras (1). Es decir estaba en buenas manos, en las manos de la recordada Lena Pinzón. Mientras que de la preparación de los vestidos se encargó el reconocido diseñador Alfredo Barraza.

El vestido de fantasía evocaba la cultura de Mongolia y el de gala era negro y pegado al cuerpo.

De esta experiencia enriquecedora, como ella la llama, que fue el Concurso Nacional de la Belleza de ese año, a dónde fue acompañada de una nutrida delegación (de 20 a 30 personas) a ella le quedaron dos grandes logros: El suyo quedó entre los cinco rostros más bellos del reinado y fue elegida como reina de los edecanes (la policía). Pero sobre todo valora que, (Dios sabe cómo hace sus cosas), aunque como lo dijera su padre, perdió un año de estudios, una fue la Mónica Cristina que entró en esta etapa de su vida: tímida y limitada; y otra muy distinta la que salió de ella: sabiendo desenvolverse frente a cámaras y personas y hablando mucho mejor en público.

Posteriormente, terminado el Concurso Nacional de la Belleza, viajó Cartagena-Bogotá-Bogotá-Pasto a afrontar “compromisos que se adquieren cuando una queda electa Señorita Nariño”, compromisos relacionados con los 450 años de San Juan de Pasto, “Ciudad Sorpresa”, donde encabezó los desfiles del 5 y el 6 de enero de 1987; pasados estos, tuvo la oportunidad de escaparse por tres días a su San Pablo natal, donde, recuerda, fue gratamente recibida y homenajeada por sus paisanos. Durante el siguiente año participó de muchos eventos como el Banquete del Millón.

Su primer y orgulloso acompañante a estos eventos, quién lo diría, fue don Gentil Diago, su padre.

Terminado el año de compromisos como Señorita Nariño, entregada la corona a su joven sucesora, retomó su vida de estudiante: se fue para Bogotá a dedicarse a la odontología en la Universidad Nacional, de la que su padre es egresado, donde hizo también una especialización en Gerencia en Salud Ocupacional. Hoy en día y desde hace 24 años vive en Arauca. Está casada hace 25. Y tiene dos hijos: Valentina de 24 y Juan Esteban de 18, ambos estudiantes de economía.

Esporádicamente ha vuelto a San Pablo, unas 2 o 3 veces en estos 25 años, sobre todo para que sus hijos conozcan su tierra natal y vivan, en algún momento de sus vidas, lo que ella en su juventud.

Años después, el 31 de agosto de 1997, otra joven sampableña, Dina Patricia Pabón Realpe, viviría una experiencia similar a la de Mónica Cristina Diago, al ser coronada como Reina del Turismo a nivel departamental, en una ceremonia realizada en la población de Remolino, e ir a participar en el Vigésimo Séptimo Reinado Nacional del Turismo, en el municipio de Girardot en Cundinamarca. Pero, como dice el escritor alemán Michael Ende en su libro La Historia Interminable, “esa es otra historia y será contada en otro momento”.


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