Paro nacional, necesidades y riesgos

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Paro nacional, necesidades y riesgos. El descontento de los colombianos no es exclusivamente por lo mal gobernados que se sienten. Por encima de esto, está la  corrupción sin límite, la calidad ética de los funcionarios públicos; el aumento del desempleo y la pobreza y la incapacidad para solucionar los elementos más traumáticos de la problemática que nos agobia.

El descontento de los colombianos no es exclusivamente por lo mal gobernados que se sienten. Por encima de esto, están, la corrupción sin límite, la calidad ética de los funcionarios públicos; el aumento del desempleo y la pobreza y la incapacidad para solucionar los elementos más traumáticos de la problemática que nos agobia.

Paro nacional, necesidades y riesgos. El descontento de los colombianos no es exclusivamente por lo mal gobernados que se sienten. Por encima de esto, está la  corrupción sin límite, la calidad ética de los funcionarios públicos; el aumento del desempleo y la pobreza y la incapacidad para solucionar los elementos más traumáticos de la problemática que nos agobia.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada

Son muchas las razones que justifican una protesta masiva en estos momentos en Colombia. Pero también, por lo que se ha visto y lo que se percibe, el Gobierno recurrirá a toda su logística y métodos de fuerza para reprimir una movilización que seguramente superará las expectativas.

Esa descripción nos lleva al terreno de las necesidades y de los riesgos. Necesidades, todos las que se quieran, porque a la par del crecimiento de la crisis social que agobia al país desde mucho antes de la pandemia del Covid – 19, el pueblo colombiano se ha encontrado con un gobierno sordo, arrogante, egocentrista, que ignora las prerrogativas de la gente y presume de una sapiencia y habilidades políticas que de verdad, no posee, pues para nadie es un secreto que tras bambalinas, está el verdadero poder, el del expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Un gobernante elitista, esnobista y demagogo. Amante de la pantalla y la vitrina, no de los argumentos bien fundamentados. Déspota, arribista y hasta humillantes contra los que no están en su círculo de amistades. Un círculo, que entre otras cosas, no tiene nada de santo, pues está plagado de funcionarios, ineptos o cargados de prontuarios judiciales.

Pero además de todo, corrupto como ninguno y muy ligado a figuras de la mafia narcotraficante colombiana. Eso no es un invento, es una realidad evidenciada en decenas de imágenes fijas y de vídeo y por el contrario ayuda a dibujar de una manera mucho clara la realidad en que está viviendo el país.

Porque todo ese poder, al que llegó de manera fraudulenta, dicho sea de paso, le ha alcanzado y sobrado para comprar a los entes fiscalizadores, investigadores y también a los que deben dictar justicia, incluyendo a jueces y magistrados.

La corrupción y el mal gobierno se perciben en cada rincón de nuestro desvencijado país, pasando por el manejo de la pandemia y las megaobras no concluidas, pero ya inauguradas. Pero sobre todo porque se trata de un gobierno al que no le interesa nada que no esté de en sus planes originales que son los de acabar de arraigarse en el poder y el de aumentar la fortuna de sus amigos, por las buenas o por las malas.

Paro nacional, necesidades y riesgos. El descontento de los colombianos no es exclusivamente por lo mal gobernados que se sienten. Por encima de esto, está la  corrupción sin límite, la calidad ética de los funcionarios públicos; el aumento del desempleo y la pobreza y la incapacidad para solucionar los elementos más traumáticos de la problemática que nos agobia.
Marcha contra las masacres en el centro de memoria historica Foto Guillermo Torres / Semana

Los riesgos

Por supuesto que salir a la calle a protestar en un país como este, que está gobernado por ineptos y corruptos, genera una gran cantidad de dudas y de riesgos. Las marchas infiltradas, el vandalismo y la acción del Esmad y de los cuerpos de seguridad del Estado harían temer a cualquiera. Eso parece estar ya cantado, para interés de las autoridades, que con la vieja estrategia del miedo, pretenden ocultar la realidad social de Colombia.

Un país que padece nuevas expresiones de la guerra; que está sumido en una crisis demasiado profunda y que está bajo el mando de la delincuencia organizada, produce hasta miedo, es verdad. Pero al mismo tiempo confirma que solo la insurrección general podrá comenzar a cambiar esta triste pero ante todo macabra situación.

La búsqueda de diálogos y negociaciones es respondida con burlas y mentiras, de parte del gobierno central. Sin justicia, el país está en manos de fuerzas oscuras y tenebrosas, que acabarán con lo poco que queda, si es que alguna vez hubo, de democracia; seguirán aprovechando la rentabilidad de la cocaína y la marihuana Cripy para engordar sus bolsillos y sus pretensiones, por encima de lo que sea necesario pisotear.

Es cierto, sobran las razones para protestar, para mostrar un descontento cada vez más generalizado por la forma en que se está manejando este país. Y no puede ser el único paso que se da en este sentido. Debe ser apenas uno de los primeros que se requieren para comenzar a desmembrar a la mafia que está en la cabeza de Colombia.

No es ni será nunca una tarea fácil. Derrocar una dictadura conlleva, como se evidenciará este miércoles 21 de octubre en las calles de muchas ciudades de Colombia, demasiados riesgos y casi siempre dolorosos. Pero son pasos que deben darse,, porque de lo contrario, no hacer nada para cambiar esta situación será mucho más doloroso.


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