Ese tal Día de la Raza no existe

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Ese tal Día de la Raza no existe.
Lo que se debería conmemorar cada 12 de octubre, no es el descubrimiento de un territorio que ya tenía historia, costumbres y creencias que le fueron vilmente cambiadas por otras que traía el invasor, no los hechos de sangre que sufrieron quienes se oponían al invasor.

«El Descubrimiento no fue un diálogo de culturas, ni un encuentro de pueblos, fue violencia, depredación y conquista» José Saramago

Ese tal Día de la Raza no existe.
Lo que se debería conmemorar cada 12 de octubre, no es el descubrimiento de un territorio que ya tenía historia, costumbres y creencias que le fueron vilmente cambiadas por otras que traía el invasor, no los hechos de sangre que sufrieron quienes se oponían al invasor.

Por: Mauricio Bravo Cerón

Cuenta la leyenda, pero también los libros de historia, que un día como hoy 12 de octubre, hace 528 años, un navegante de origen italiano, Cristóbal Colón, llegó por accidente (creía que había llegado a Las Indias) a suelo del continente americano. Llegó con gran cantidad de hombres en tres carabelas (La Niña, La Pinta y la Santa María) y a partir de ese día hubo hechos violentos, pero también se comenzó a gestar una especie de mestizaje que, para mal o para bien, ha hecho de América Latina lo que hoy somos.

Y es esto último lo que se debería conmemorar cada 12 de octubre, no el descubrimiento de un territorio que ya tenía historia, costumbres y creencias que le fueron vilmente cambiadas por otras que traía el invasor, no los hechos de sangre que sufrieron quienes se oponían al invasor, esos en todo caso no los debemos olvidar; sino que, toda Latinoamérica y los latinoamericanos, llamémonos venezolanos, peruanos, ecuatorianos, mejicanos o colombianos, tenemos esa triste vivencia en común.

Una vivencia que el escritor de origen uruguayo, pero de una escritura y nitidez tan globales, Eduardo Galeano (QEPD) resume así: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Una vivencia común, en fin, triste y absurda sobre la cual los latinoamericanos deberíamos trabajar para así poder conmemorar algo verdadero cada 12 de octubre, porque más allá de nuestras marcadas diferencias, esta vivencia común debería unirnos y hermanarnos, alrededor de una amplia agenda de temas prioritarios, tal vez no como esa gran nación que decía soñar en su momento Simón Bolívar, pero sí sabiendo que hay ciertos aspectos que deberían estar por encima de otro tipo de intereses particulares, alrededor de los cuales suelen posarse sombras oscuras en su defensa.

Por nombrar unos pocos, la defensa de la vida, la libertad y el cuidado del medio ambiente

Es en torno a estas realidades comunes a toda Latinoamericana que deberían trazarse eventos anuales en cada uno de esos países, para así marchar y evolucionar juntos como un solo continente en ideas que, de intentar avanzar cada país por su lado, lo haría, pero mucho menos; y cuya diversidad étnica y natural más que un impedimento sea un gran apoyo individual y colectivo.

Es innegable que desde entonces a la fecha las cosas han cambiado, y algo se ha avanzado de manera individual en esta lucha diaria por la igualdad racial y la conservación del medio ambiente, pero no es suficiente.

El día en que por estas fechas además se empiecen a dar a conocer algunos avances en materia de defensa de nuestras raíces étnicas y culturales, en contra de cualquier acto racista por mínimo que este sea; y en contra de las prácticas que atenten contra la Pachamama, ese día y en ese sentido, insisto, es que ya podríamos gritar a los cuatro vientos: Feliz día de la raza. Mientras tanto, en un impulso de sensatez, se ha de parafrasear al ex presidente colombiano Juan Manuel Santos diciendo: Ese tal día de la raza no existe.


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