Análisis. Guerra civil en Colombia, ¿inevitable?

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¿Qué tan cerca o tan lejos estamos de convertirnos en escenario, testigos y parte de una guerra civil en Colombia?

Lejos de disminuir o mermar, las características del conflicto social y armado en nuestro país son cada vez más duras y complejas. La crisis social y económica, no aguanta más maquillajes; los abusos desde la institucionalidad, tampoco. La fragmentación de la guerra, hace vaticinar sangrientos desenlaces.

¿Qué tan cerca o tan lejos estamos de convertirnos en escenario, testigos y parte de una guerra civil en Colombia?

Por Víctor Chaves. #ReporteroNomada

¿Cuántos países de este triste planeta podrán manejar crisis tan graves y complejas como Colombia, mientras su clase dirigente y poderosa sigue manifestando que está en el paraíso?

¿En cuántos países de este deforestado y recalentado mundo, sus pobladores prefieren vivir alucinados y alienados mientras los roban y los matan?

Solo estas dos preguntas, para comenzar. Quiero así comenzar a contextualizar una realidad, que todos conocemos, pero que no la aceptamos de manera uniforme. Reconocer unas realidades y resignarse a que acontezcan a sabiendas del daño que le hacen al país y a su gente, creo que es el factor que podría sumirnos mucho más profundo en un conflicto que por momento parece no tener fondo.

La crisis social, económica e institucional que nos golpea debe tener muy pocos antecedentes en el continente e inclusive en el mundo. Es increíble que aquellos que deben oscilar entre el rebusque y la delincuencia para poder llevar el pan a la casa, sigan siendo permisivos o pasivos frente al actuar de nuestros mandatarios, corruptos, ineptos y entregados al poder de mafias y políticos sin escrúpulos.

Desde afuera, muchos se han dado cuenta de que, aunque se trate del país en donde suceden hechos aberrantes a diario, protagonizados o promovidos muchas veces por actores del Estado, sus fuerzas de seguridad o en los cargos más altos, a sus pobladores todo parece pasarles de largo y prefieren más bien estar pendientes de los resultados del fútbol y de cosas por el estilo.

En este país se asesina a nombre del Estado; se hace justicia por mano propia, porque la institucional no existe, o está corrupta hasta sus tuétanos; roban los empleados públicos rasos porque saben que sus jefes y quienes deberían fiscalizar su gestión, están más torcidos que el tronco de un viejo árbol y que se están robando todo, absolutamente todo lo que esté a su alcance dentro del cargo que están ocupando, y así hasta llegar a las ligas mayores, allá en donde se hurtan billones a diario, se le regala el país a los ricos y a los mafiosos, que para el caso nuestro parecen ser la misma vaina.

En este país sin esperanza existe un factor que se ha utilizado como comodín y como alimento para toda la inmundicia que nos manda: el narcotráfico, ese oscuro negocio que se utiliza desde hace 50 años para financiar el soporte económico de este país, hecho que ha impedido que seamos una Nación mucho más evidentemente pobre de lo que parecemos, incluyendo por supuesto a nuestra clase política, siempre voraz y ambiciosa sin límite. La doble moral con que se ha manejado el tema, que va desde los cultivos de uso ilícito hasta la producción y comercio de cocaína, una droga que se utiliza de manera recreativa, con altos costos y rentabilidad para quienes la comercian, pero para el caso nuestro, solo quedan la muerte, la tragedia, la desolación y la miseria. Todo esto lo sabe, lo vive y lo sufre la gente en Colombia, pero no se inmuta, porque con el perico llegó la cultura del enriquecimiento fácil, a temprana edad, sin importar lo que se tenga que hacer para lograrlo. El poder del poder.

Una guerra fragmentada

La profundidad de la crisis para el pueblo colombiano termina de adobarse con el modelo de guerra que en estos momentos se libra en territorios como el suroccidente colombiano, en Cauca y Nariño. Entre lo que quedó del frustrado acuerdo de paz, incluyendo a las disidencias y también a quienes se negaron a participar en el proceso desde el comienzo de las conversaciones y a quienes hoy siguen Iván Márquez, Romaña, Santrich, El Paisa y los demás que se abrieron a del proceso cuando ya todo estaba suscrito, inclusive por algunos de ellos, además del ELN, los reductos del EPL y las AGC con sus diferentes uniformes, se suman una serie de bandas de diferentes tamaños que quieren también participar en la repartición de la lucha territorial por quedarse con las mejores zonas de cultivo y también os con el control de las cocinas o laboratorios.

La confusión aumenta con sucesos políticos como el de la famosa confesión de Timo, Losada y otros jefes del partido de la rosa, reconociendo el asesinato del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado y otros hechos, violentos sí, pero propios de la guerra, que ahora aparecen como acciones de meros delincuentes.

En medio de todo este caos, un país respira, a veces con ayuda artificial, otras con tapaboca, pero sin poder evitar que toda la amargura y dolor entren en su cuerpo y en su mente. Las arbitrariedades creen como la espuma. La violencia desproporcionada de las autoridades va a seguir porque está demostrado que es una orden impartida y por lo tanto nadie la va a controlar.

Ahora que estamos cerca de una nueva movilización nacional, el 21 de octubre, también crece el rumor sobre la declaración de un régimen excepcional, un Estado de Sitio, que va a provocar mucho dolor entre las familias más humildes y que sobre todo va a volver a demostrar de qué es capaz el sistema político imperante y hasta dónde llegará con tal de mantenerse en el poder.

En fin, son ingredientes letales que avivan del caos, el desconcierto y el miedo. Pero también es cierto que los descontentos y la incertidumbre social se pueden traducir en nuevas expresiones fuertes en las calles y por supuesto la respuesta oficial tampoco se hará esperar y con seguridad no serán caricias, precisamente.

Un caldo de cultivo para que se alisten nuevos escenarios y más confrontaciones. Hay una situación de incertidumbre, pero también de agotamiento por todo lo que está pasando. Esos sentimientos se expresarán en las calles y en los campos, de eso podemos estar seguros. Lo que se viene puede ser muy doloroso para todos, pero es que las opciones diferentes, las salidas civilizadas, ya se agotaron para la gente.


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