Arrogancia de Trump, mal ejemplo para la humanidad

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Por: Graciela Sánchez Narváez -IDEAS CIRCULANTES-

La pandemia que hoy ha asolado al mundo, trasparentó algunos aspectos humanos que permanecían en la opacidad, porque se volvieron parte de una cultura y se escondieron entonces, entre la maraña y el ajetreo de la vida.

En este tiempo de emergencia sanitaria, nos referimos a la clase de gobernantes y políticos que dirigen los países del mundo, pues parecería que, la calidad, la eficiencia y el concepto que ellos tienen del universo y de la vida, coincide con la cantidad de contagios y muertes que cada territorio ha sufrido por este nuevo virus.

Es el caso de Donald Trump, quien la semana pasada, ha escandalizado a la humanidad, no solo por la manera como ha conducido las acciones para contener y manejar la pandemia como presidente de los Estados Unidos, sino por su comportamiento personal, irresponsable y arrogante, frente a los “biocuidados” que, como  paciente del coronavirus debe tener, especialmente en un momento crucial, cuando los científicos, líderes y habitantes de la tierra, están empeñados, en formar una cultura del autocuidado que comprende un profundo sentido ético y estético que tiene que ver con la alteridad, concepto que hace referencia a la íntima responsabilidad de todo ser humano frente a nuestra propia a vida y la de los demás. La alteridad, comprende una jerarquía de valores por los que luchan las naciones del planeta y muchos pensadores y filósofos, los han situado en la educación y en la cultura de los pueblos.

El presidente de los Estados Unidos, es un mal ejemplo para la humanidad, pues con la arrogancia de quien todo lo puede y lo sabe, ha enviado al mundo un mensaje totalmente adverso a lo que acabamos de plantear.

Donald Trump, en un acto arrogante e indiferente a la gravedad de la enfermedad, envía al mundo un mensaje descontextualizado y desentonado con todo sentido común, pues al salir del hospital, saluda a sus seguidores y se quita la mascarilla para guardarla en el bolsillo en forma descuidada e irresponsable, actitud ésta, que va en contravía de lo que los líderes del mundo invitan a reforzar.

En este mismo sentido, el pronunciamiento que este presidente realiza erráticamente ese mismo día, vislumbra sus objetivos políticos, mientras ignora el costo que esto implica para quienes lo siguen en su país. Nada más que analizar su propaganda en los boletines oficiales que informan el inmejorable estado de salud del presidente, para saber que potencialmente, lo que necesita es no desanimar a sus electores.

Y es que, no solo en esta circunstancia, Trump fue un modelo reprochable, pues con su pronunciamiento, agredió desconsideradamente a las personas que sufren la enfermedad y luchan por su vida en los hospitales del mundo o a quienes viven el luto por sus seres queridos que murieron por esta grave enfermedad, tal vez, porque no tuvieron iguales condiciones saludables que las de un presidente y por el contrario, han visto devastadas sus vidas, su economía, su educación y su familia.

Por esto, las reacciones del mundo en las redes,  medios, diarios y revistas científicas del mundo, son por demás justificadas, pues no ha tenido en cuenta este ciudadano, que muchos médicos al servicio de esta emergencia en su país, murieron y fueron víctimas de este virus; por eso,  Michelle Obama, con sobrada razón emitió el argumento que  calificó el comportamiento de este presidente, como: altamente inmoral e incorrecto y cómo la revista científica publicó la solicitud del cuerpo médico recomendando que no debe volver a su oficina hasta tanto no haya superado su enfermedad, pues se dice que en la Casa Blanca, hay más de una docena de funcionarios de alto nivel, contagiados por el virus y los médicos que los atienden, dudan de su total mejoría.

Contados presidentes del mundo, como Bolsonaro, mantuvieron esta actitud, al iniciar la pandemia y en sus naciones los contagios ascendieron de manera alarmante, sin embargo, poco a poco se silenciaron y algunos cambiaron su actitud, en cambio, este modelo de inconciencia, que preside una de las naciones más poderosas del mundo, se considera héroe y vencedor porque sobrevivió a la enfermedad, sin tener en cuenta las condiciones de salud de su pueblo que reclama igualdad y democracia.

 Estados Unidos y Brasil, ocuparon siempre los primeros puestos de contagio y fallecimiento. Estados Unidos, dolorosamente, ya cuenta con 217.000, fallecimientos y un número en ascenso de contagios.      


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