El Extranjero: La Torre de Babel

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Por: Graciela Sánchez Narváez -IDEAS CIRCULANTES-

“Somos un signo sin significado

y sin dolor somos.

Y por poco perdemos el lenguaje en el extranjero”.

Holderling

Detrás cada creación artística literaria, llámese poesía, cuento, relato, leyenda, etc. existe una realidad que no ha sido fácil decir, porque está llena de sentidos que las palabras por sí solas no pueden explicar. Para quienes cursamos en la escuela primaria, una asignatura llamada “Historia Sagrada”, y para los estudiosos de la Biblia, no será difícil recordar el pasaje titulado “La Torre de Babel”. Se refiere a una leyenda que narra cómo los seres humanos fuimos castigados por Dios con otra enorme sanción, por el pecado de la “soberbia”. Por este desatino, quienes construían la Torre quedaron incomunicados, pues se confundieron las lenguas y desde este punto de vista se hicieron extranjeros en su propia patria. Nadie comprendía lo que el otro decía, perdieron entonces, su nombre, su origen y su tiempo. Y es que, la razón era clara, pues los descendientes de Noé decidieron construir una Torre que llegaría hasta el Cielo, con el propósito de prevenir un segundo diluvio. Para el Señor, éste fue un acto grave de soberbia.

Este relato, parece dibujar la “extrañeza o extranjeridad existencial” en la que los seres humanos habitamos cada momento de nuestras vidas, pues somos extranjeros frente a un mundo confuso, caótico e incierto en todos sus acontecimientos. La incertidumbre frente a lo venidero nos vuelve aprendices de la vida en todos los instantes, los días y los años; de manera que, para caracterizar este confuso mundo que habitamos, especialmente en este tiempo de pandemia, se ha utilizado la leyenda de “Babel”.

Ante el ataque del virus Covid 19, somos extranjeros en nuestro propio mundo, nos volvimos aves de paso que deambulan como ciegos en un campo totalmente desconocido. Cada instante ha sido diferente a lo previsto, por lo que tuvimos que inventar una manera de afrontar con asombro lo incierto y lo inesperado, a tal punto que, los mismos médicos tuvieron que aceptar, no solo su desconocimiento del virus, sino de las alternativas posibles para manejar la situación.

Esta confusión de la Torre de Babel la vivimos todos, nadie conocía nada. Fuimos extranjeros en nuestro propio mundo, en nuestra propia patria, en nuestra propia familia. De la misma manera, esta confusión Babélica,  atraviesa lo político y lo cultural, no es más que referirnos a nuestro presente, con los desplazamientos masivos, con los caminantes Venezolanos, con las masacres de jóvenes, con el asesinato de líderes sociales, con la violencia  de género, con  las violencias raciales, con los enfrentamientos en el interior de las ciudades, con la progresiva destrucción y burocratización de los espacios de convivencia y con la proliferación de los actos de corrupción y narcotráfico.

No es exagerado opinar que Babel expresa también la confusión de gobiernos y estados que, acostumbrados a un ordenamiento y una lógica occidental, no se han preparado para lo impredecible, lo incierto y la extrañeza en que habitan el mundo y la existencia. Somos extranjeros en nuestra propia patria y carecemos de una lengua común que la entendamos todos. Vivimos un presente incomprensible.

Apreciados lectores, solo se trata de opinar sobre un universo presente, con sus enormes masacres, que aumentan la incertidumbre y que crean la confusión y el caos. Hablamos distintas lenguas en nuestra propia patria. El poema: “El Extranjero”, del libro Cristal de la memoria, lo sintetiza

El Extranjero

El extranjero

llega como una sombra tímida

entre paredes de nube;

como un reflejo incierto

extendiéndose

en medio de la lluvia

que arrecia

al comenzar el día.

Desciende del carruaje del tiempo,

al borde del abismo;

su pie liviano toca

regiones inhóspitas,

mucho más lejanas

y mucho más áridas,

de las que ya conocía.

Busca entre la niebla

al colibrí dorado que silba

contra el viento;

el extranjero aborda entonces,

la ácida aurora de su insomnio,

para entender solamente

su propia voz

entre los linderos del silencio.

Nadie sabe ni su nombre,

ni su origen, ni su tiempo,

el extranjero

se desdibuja en los espejos,

no es él, es otro

a quien refleja la laguna.

Sólo busca reposo

para el sueño y el olvido,

sólo quiere saber quién lo habita cuando ama,

quién lo domina cuando teme,

cuando lucha,

cuando avanza,

con el grito de su desmantelado pueblo.

El extranjero

es en el mundo destello de voces,

es pozo insondable de ansiedades ajenas,

está vacío en su adentro,

está solo en su afuera.

Adentro: largo túnel vertical y oscuro.

Afuera: cerco, malla, rigidez y muro.

Tras la montaña adormecida,

el extranjero

pierde a su amor en la contienda;

sin embargo,

ungido de misterio,

continúa solitario su camino.

Somos extranjeros de algún modo

en la umbrosa soledad de la existencia,

en la pálida lucha que mantiene viva

esta culpa circular que corre por las venas.


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