Periodismo y protección de la vida silvestre

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Además de las crisis climáticas —derivadas de la deforestación y la quema desenfrenada de petróleo y otros combustibles fósiles— y la crisis sanitaria, provocada por el COVID-19, otro problema global es la pérdida acelerada de biodiversidad.

Por Aldem Bourscheit. Periodista independiente radicada en Brasilia (DF), que trabaja en historias sobre conservación de la naturaleza, ciencia, comunidades tradicionales e indígenas. Colabora con medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales en Brasil y el exterior. Miembro de la Red Brasileña de Periodismo Ambiental y de la Comisión de Educación y Comunicación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los animales, las plantas y otros seres vivos son parte de la inmensa maquinaria natural que produce agua y aire limpios, renueva suelos y mantiene polinizadores, controla plagas y enfermedades y sostiene innumerables economías. Investigadores señalan que una posible extinción masiva de la vida silvestre está fuertemente ligada a la destrucción de bosques y otros entornos naturales por el avance de la agricultura, la ganadería y las ciudades, la caza y otras acciones humanas. Pero ya no podemos ignorar los impactos del tráfico animal en la reducción de la cantidad e incluso la eliminación de innumerables especies.

El tráfico de vida silvestre es uno de los delitos que mueven más dinero en el mundo, a la par de los mercados ilegales de drogas y armas. Pero las cifras que impresionan e incluso estimulan a los nuevos traficantes pueden ser solo la punta del iceberg. Ya sea en los principales “proveedores de especies”, como Brasil y otros países tropicales, o en los principales mercados internacionales, como Estados Unidos y Asia, la inspección, el control y el registro de estos actos ilícitos es precaria.

Este año, un informe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y las ONG Traffic y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, en inglés) no solo probó la falta de recursos en Brasil para luchar contra el tráfico de vida silvestre, sino también que el Amazonas es una fuente de intenso comercio ilegal dentro y fuera del país.

El documento muestra que ranas y serpientes, caimanes, tortugas, pájaros, monos y grandes felinos se venden en un gran mercado abierto. Algunas especies están bajo amenaza de extinción. En el Cerrado, otra gran región natural brasileña, las poblaciones de aves como curios, buitres, guacamayos y loros se están reduciendo debido a la acción de los traficantes.

Las organizaciones internacionales son fuentes estratégicas para la cobertura del tráfico de vida silvestre. Aquí te presentamos una lista de entidades a las que puedes recurrir si cubres medio ambiente:

Ir más allá de las incautaciones

A pesar de que existen fuentes sumamente calificadas tanto en Brasil como a nivel internacional, los periódicos, la radio y la televisión convencionales no hacen un seguimiento del tráfico de vida silvestre. El espacio de cobertura se limita a algunos informes científicos y a grandes incautaciones en ferias, carreteras, puertos o aeropuertos.

Una posibilidad para los periodistas es investigar y exponer las debilidades y lagunas legales o el desempeño de las agencias gubernamentales. Buscando datos a través de la Ley de Acceso a la Información en Brasil, pude mostrar que miles de animales también son confiscados anualmente en el Distrito Federal de Brasil, pero que fallas en los registros impiden encontrar un vínculo directo con el tráfico. Al mismo tiempo, este tipo de crímenes, despreciado por la legislación, circula libremente en redes sociales, como revelé en un reportaje para The Intercept Brasil.

[Lee más: Por qué el contexto es esencial para informar sobre el COVID-19 en comunidades indígenas]

Por su carácter global, el tráfico de animales es un tema que requiere esfuerzos del periodismo colaborativo transnacional. Los periodistas pueden evaluar cómo las diferentes leyes de cada país facilitan la circulación de animales y plantas, seguir la ruta del dinero e incluso mapear los delitos.

Prestar atención a los principales escenarios políticos, económicos y de salud también puede generar buenas coberturas. Por ejemplo, el gobierno de Jair Bolsonaro ha reducido la aplicación de la ley contra los delitos ambientales en todo Brasil. Los presupuestos y el personal de las agencias gubernamentales están en caída libre y un decreto publicado en abril de 2019 alivió la imposición de multas por delitos contra la naturaleza.

Los expertos reconocen que la fiscalización también se debilitó a causa del COVID-19 y ha creado un entorno aun más favorable para el tráfico de vida silvestre. “Durante la cuarentena parece que los traficantes tienen más impunidad. Quieren vender más, abastecer más la demanda y lucrar”, me dijo Juliana Ferreira, directora ejecutiva de Freeland Brasil, en un artículo para el portal InfoAmazonia.

Por otro lado, la pandemia abrió los ojos del mundo a los riesgos de zoonosis vinculados al consumo de animales salvajes, dijo Ferreira, quien tiene un doctorado en biología genética. Ella enfatiza en que una de las medidas para prevenir nuevas pandemias como la de COVID-19 es “prohibir el comercio mundial de fauna silvestre”, ya que brotes pasados, como el de Ébola (1976), SARS (2003) y MERS (2012) «están intrínsecamente relacionados con la forma en que explotamos la vida silvestre».

No faltan razones para que los periodistas cumplan cada vez más con su rol social de vigilancia en materia de vida silvestre.


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