Vuelve la movilización popular

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El 9 de septiembre de 2020 deberá ser una fecha recordada por todos los colombianos, como el día en que la barbarie estatal desató las voces que se encontraban represadas debido a la cuarentena, y que salieron a exigir una alternativa al orden social que se impone.

El 9 de septiembre de 2020 deberá ser una fecha recordada por todos los colombianos, como el día en que la barbarie estatal desató las voces que se encontraban represadas debido a la cuarentena, y que salieron a exigir una alternativa al orden social que se impone.

El 9 de septiembre de 2020 deberá ser una fecha recordada por todos los colombianos, como el día en que la barbarie estatal desató las voces que se encontraban represadas debido a la cuarentena, y que salieron a exigir una alternativa al orden social que se impone.

Por Daniel Fernando Enriquez. Nació en Ipiales, Nariño. Activista político que se ha destacado en el departamento por sus vínculos en diversas organizaciones sociales, políticas, agrarias y como gestor de paz.

Bastó que el gobierno nacional levante las restricciones de movilidad tomadas para contrarrestar los efectos de la pandemia, para que el estallido social en la capital del país se haga notorio. Todos pudimos observar un vídeo en el que se graba a dos miembros de la fuerza pública mientras proceden con frialdad y alevosía en contra de un ciudadano de 46 años, quien falleció debido a la electricidad propiciada por el uso de «Taser», un aparato de represión que emite un voltaje de 50 mil voltios y los golpes que recibió de parte de los uniformados.

Este hecho fue el detonante para que los capitalinos endilguen el descontento social en diferentes cais de la ciudad.

La coincidencia histórica se pone en favor de los manifestantes, pues este mismo  día se conmemora el día Nacional de los Derechos Humanos, una jornada atravesada por actos solemnes en plazas públicas del país, en donde comandantes de la policía enviaban alegóricos discursos proclamándose defensores y guardianes de los derechos humanos, mientras en las calles la voz ciudadana manifestaba el descontento por los múltiples actos irracionales y violadores de derechos fundamentales que ha cometido la institución;  pero es que en tema de derechos humanos, Colombia tiene la materia perdida y esta no se salva en los micrófonos abiertos que el  periodismo tradicional tiene para la institución, ni con el habitual pronunciamiento de “estamos realizando las respectivas investigaciones” que son las respuestas usuales cuando se cuestiona el accionar desmedido de la fuerza de pública.

Entonces, por un lado, una ciudadanía descontenta y sintiéndose desprotegida, por otro, una institución invalida para hablar de derechos humanos buscando legitimidad mediática para limpiar su papel, solo demuestran la crisis humanitaria en el que el país se encuentra.

El Estado colombiano cada vez más devela su condición de Estado fallido, en donde no solo las violaciones a derechos humanos son evidentes, si no que la brecha social, la desigualdad económica y la persecución política son el pan de cada día.

Esta situación en su conjunto ahonda aún más en la crisis institucional, y devela que los factores y condiciones de persistencia del conflicto no disminuyen y al contrario son los que mantienen viva la legitimidad de las expresiones de resistencia, subversión y rebelión.

El 9 de septiembre de 2020 deberá ser una fecha recordada por todos los colombianos, como el día en que la barbarie estatal desató las voces que se encontraban represadas debido a la cuarentena, y que salieron a exigir una alternativa al orden social que se impone.

El acuerdo de paz

Cada vez que hablamos sobre los problemas estructurales del país y revisamos el contenido de los acuerdos logrados en La Habana, encontramos en ellos los mínimos que podrían llevar a una real estabilización del país, y hacer un tránsito por las vías de la democracia.

El punto dos del acuerdo final para la terminación del conflicto, versa sobre la participación política y la apertura democrática para construir la paz, en uno de sus partes se menciona que para una participación política real de la gente es necesaria la creación de  garantías para la movilización y la protesta social, entendida esta como una práctica que forja la ciudadanía critica dispuesta al dialogo social y a la construcción colectiva de nación, en contraste, tenemos un gobierno que hace caso omiso de las exigencias sociales y que tristemente utiliza la fuerza represiva del Estado hasta dimensiones donde el valor humano de sus ciudadanos resta importancia, y tiene mayor validez el porte de un uniforme que erradamente lo confunden como el embozo que representa la ley.

Este es el tiempo para pensar el cambio de la doctrina militar de las instituciones, pero también es el tiempo para mantenerse en las calles como las trincheras populares desde donde atacamos la violencia estatal y defendemos la vida para la democracia y la paz.

Que bella te ves Bogotá.

El 9 de septiembre de 2020 deberá ser una fecha recordada por todos los colombianos, como el día en que la barbarie estatal desató las voces que se encontraban represadas debido a la cuarentena, y que salieron a exigir una alternativa al orden social que se impone.

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