LA SEMANA DEL AGUA

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Por: José Arteaga (Twitter: @jdjarteaga)

Pasó la Semana Mundial del Agua como pasan tantas semanas destinadas a encuentros y convenciones que en este extraño y trágico 2020 no se pueden dar. Muchos de los procesos destinados a legislaciones y preservaciones ambientales pasan por estas jornadas, donde suelen aflorar las futuras directrices. Esta no fue más que un debate virtual de dos horas con muy poca conclusión.

Las ciudades están bien, dicen. Tanto encierro y poca contaminación automovilística tiene algo de beneficioso a pesar de la pandemia. Pero los ríos de esas ciudades siguen estando mal, y cada ciudad sufre con un daño concreto a su río. En Bogotá, por ejemplo, el Bogotá y el Tunjuelito padecen por los vertidos de aceite de cocina. En Pasto sufren por las basuras, de la misma manera que tantos otros brillan por las ratas, por los plásticos o por todo, menos por la limpieza de su agua.

El río Pasto tiene 56 kilómetros y atraviesa la ciudad de sur a norte dejando sólo algunos tramos libres de materias contaminantes. En alguna parte de la Alcaldía de la ciudad duerme desde hace años un proyecto llamado Parque Fluvial Río Pasto, que estaba destinado a convertir al río en el eje integrador de la ciudad. Hubo varios proyecto que se acercaron a la idea inicial, pero ninguno de una manera completa, en que se creaba un ecosistema protector a través de la reforestación, la protección y preservación de la naturaleza en sus riberas.

No es la única ciudad en la que ha sido difícil darle un nuevo dinamismo a la relación ciudad-río. Por eso nació en 2010 la llamada Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico, con un alcance previsible a 2022, y que busca crear estrategias para el uso y aprovechamiento eficiente del agua. Esa política está basada en seis aspectos: conservar los ecosistemas, optimizar la demanda de agua, mejorar la calidad, desarrollar la gestión integral, fortalecimiento institucional y gobernabilidad de esa gestión.

O sea, en teoría es buenísima, pero la aplicación necesita de aquel slogan pedagógico de Antanas Mockus sacado de la perinola: todos ponen. Decía el columnista del Diario del Sur Manuel Eraso, que lo que el río Pasto necesita es que sea sujeto de derechos, como se hizo con la cuenca del río Atrato, para poder pedir tutelas y otros mecanismos legales para su defensa. No deberíamos llegar a ese extremo, pues la efectividad de una medida así no está comprobada más allá de su impacto mediático, pero sin duda necesita ser defendido.

En fin, que la Semana Mundial del Agua, que se celebra desde 1991, pasó y que no dejó muchas conclusiones para un tema tan apremiante. Sin embargo, el que organiza este eventos es el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo y este acaba de entregar el Premio del Agua Juvenil de Estocolmo 2020 a dos chicos japoneses que crearon un método para controlar el escurrimiento del suelo y aumentar la producción de alimentos, usando la tradicional tecnología japonesa de solidificación del suelo Tataki.

Quizás lo que deberíamos hacer es eso. Incentivar a esos nuevos actores de la ciencia y la tecnología para que presenten propuestas aplicables para esta reinvención de los ríos de las ciudades colombianas. Quizás el concurso del Ministerio de Ciencias de Colombia, A Ciencia Cierta, pudiera enfocarse en ello el año próximo, o abrir una nueva categoría dedicada a los ríos. No lo sé. Pero las nuevas generaciones tienen que hacer parte de este cambio, el cual no se puede quedar en charlas anuales con grandes propósitos y escasas acciones.


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