Pandemia, confinamiento y «mamera» total

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Que reaparezca el corrientazo, que vendan licor en los bares, así sea poquito, que reabran los aeropuertos y que vuelva el fútbol.

Las personas definitivamente no aguantamos más tanto confinamiento, mientras observamos que las cifras de contagiados y muertos aumentan velozmente. Los más perjudicados, desde luego, los que dependemos de un ingreso para el sostenimiento de nuestras familias: los tenderos, los restaurantes, los transportadores, los pequeños y medianos industriales, los independientes, los del día a día, los informales, los ambulantes, entre muchos otros.

Que reaparezca el corrientazo, que vendan licor en los bares, así sea poquito, que reabran los aeropuertos y que vuelva el fútbol.

Por Edwin Mejía Chfrankymejiach@yahoo.es

El encerramiento es agotador, aburridor, nos causa mucho malestar y nos ponemos peor al ver que hacemos el esfuerzo de quedarnos en casa, que atendemos todas las medidas de tapabocas, bañado de manos, distanciamiento, etc. y, sin embargo, las víctimas están en continuo ascenso.

A su vez vemos con preocupación que el Estado, el Gobierno Nacional y los mandatarios seccionales, departamentales y municipales no hacen mucho por mejorar la situación de médicos y demás personal encargado de atender a los enfermos de la pandemia; los centros asistenciales no cuentan con los elementos indispensables para garantizar una óptima atención; hemos conocido muchos casos de médicos y paramédicos que han muerto cumpliendo con su misión apostólica de atender a los enfermos, otros han renunciado.

No se justifica, por ejemplo, que los médicos de varias regiones de Colombia protesten, no para pedir mejoras laborales, aumentos o algo parecido, sino para que les paguen salarios atrasados. Por favor, Gobierno, ese personal también, come, paga servicios, deben atender a sus hijos que están estudiando, tienen derecho a divertirse, eso cuando podían salir a pasear; ahora la situación es muy precaria. Háganlo ya, solucionen este problema.

Definitivamente hay que empezar a ensayar la apertura de la economía; abramos los restaurantes así sea con capacidad de atención restringida y que se vaya aumentando a medida que pase el tiempo y, según como les vaya en el ejercicio;  restablezcan  el transporte público intermunicipal, podría empezar a funcionar con un 30 por ciento de la capacidad; que las normas que se van a poner en marcha vayan acompañadas de multas para quienes incumplan, sean transportadores o sean usuarios. Los colegios, igualmente, unos cursos deberían ir un día y  otros van otro día; esto se debe ir aumentando a medida que pase el tiempo y de acuerdo como les vaya en el ejercicio. Hagamos algo, pero ya, no más encerramiento.

La apertura debe empezar ya para que la hagamos despacio. Que vuelva el teatro, que regresen los planes turísticos, los restaurantes, los bares, el cine, los gimnasios, las ceremonias religiosas en iglesias. Eso sí, que no se baje la guardia respecto de los controles: tapabocas, distanciamiento, lavado de manos y todo lo relacionado con el ramo. Que los comerciantes, así les toque renunciar a parte de sus ganancias se inventen estrategias para vender más; que no se les olvide que el comensal que llega a su negocio también  tiene dificultades: Que el Gobierno reaccione porque no es justo que no haya control a servicios públicos, a impuestos a abusos y todas las obligaciones que tiene el ciudadano con su país.

Que reaparezca el corrientazo, que vendan licor en los bares, así sea poquito, que reabran los aeropuertos y que vuelva el fútbol.


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