Masacre de jóvenes: Del repudio a la incertidumbre

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Reacciones de toda índole se han conocido en el país y  también en el exterior sobre el recrudecimiento de la violencia en Colombia. El repudio es generalizado, pero también la incertidumbre sobre lo que seguirá pasando en este país.

Reacciones de toda índole se han conocido en el país y  también en el exterior sobre el recrudecimiento de la violencia en Colombia. El repudio es generalizado, pero también la incertidumbre sobre lo que seguirá pasando en este país.

El asesinato vil y aleve de jóvenes en varios lugares del país en la última semana  genera diversos sentimientos entre los colombianos. Los nariñenses también opinan o respaldan posturas nacionales alrededor de este tema.

Estamentos mundiales como la Organización de Naciones Unidas, ONU, expresidentes, excandidatos presidenciales, líderes sociales, excombatientes de Farc, políticos, analistas y demás han aprovechado los espacios mediáticos y las redes sociales para dar a conocer sus puntos de vista y apreciaciones alrededor de estos sucesos, que tuvieron un dramático colofón, en la noche del 15 de agosto, cuando fueron asesinados 9 jóvenes en zona rural del municipio nariñense de Samaniego.

Reacciones de toda índole se han conocido en el país y  también en el exterior sobre el recrudecimiento de la violencia en Colombia. El repudio es generalizado, pero también la incertidumbre sobre lo que seguirá pasando en este país.

Declaración de ONU

La Organización de naciones Unidas, ONU, a través de un comunicado lamentó la matanza de jóvenes, líderes sociales y excombatientes de Farc a lo largo y ancho del país. “La ONU en Colombia expresa su enérgica condena por la masacre de 8 jóvenes en el municipio de Samaniego, Nariño el día 16 de agosto, así como por los demás hechos violentos que han ocurrido en las últimas semanas en diferentes regiones, afectando la seguridad de las comunidades”. Más adelante agrega que «Asimismo, manifiesta su honda preocupación por la continuidad de homicidios de defensores y defensoras de derechos humanos, líderes y lideresas sociales y de ex combatientes de FARC-EP en 2020”.

“En lo que va del año, la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos ha documentado 33 masacres y viene dando seguimiento a 97 asesinatos de personas defensoras de derechos humanos, de los cuales, a la fecha ha verificado 45 homicidios. A su vez, la Misión de Verificación de Naciones Unidas ha verificado 41 asesinatos de personas en proceso de reincorporación en el primer semestre de 2020, registrando un aumento del 10% de los asesinatos contra estas personas comparado con el primer semestre de 2019. Un total de 215 excombatientes han sido asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz en noviembre de 2016. Estos hechos violentos, con serios impactos humanitarios, están ocurriendo en territorios con presencia de grupos armados ilegales y otras organizaciones generadoras de violencia, de economías ilegales, pobreza y caracterizado por una limitada presencia del Estado”.

“Por lo tanto, es crucial avanzar y profundizar la implementación integral del Acuerdo de Paz especialmente su capítulo 3.4 sobre garantías de seguridad que ofrece mecanismos e instrumentos de prevención, protección y seguridad”, sostiene el organismo internacional en su comunicado.

Colectivos de abogados, activistas…

A través de las redes sociales se están conociendo los puntos de vista, apreciaciones y sentimientos que han provocado los nuevos hechos de violencia que involucran como víctimas a jóvenes de territorios deprimidos social y económicamente con gran presencia de gente armada.

La Asociación Antonio Nariño, que es un colectivo por la Defensa de los Derecho Humanos también expidió un comunicado en el que lamenta y rechazo con fortaleza todos estos actos de violencia. “… las masacres ejecutadas  en la ciudad de Cali y en el municipio de Samaniego Nariño, las que fueron organizadas y realizadas por grupos delincuenciales bajo la mirada impávida del gobierno nacional que ha demostrado su incapacidad para gobernar, permitiendo el asesinato de líderes y lideresas sociales. No queremos investigaciones exhaustivas que en nada terminan y que han hecho carrera en la historia de Colombia, queremos acciones y resultados concretos”, concluye esta organización.

Otra abogada, la defensora de Derechos Humanos, Norma Ramos comentó un trino del expresidente Álvaro Uribe Vélez, que según ella podría ser el detonante para lo que está sucediendo: “Etiquetar como “Juventud Farc” a nuestros jóvenes es ponerle una lápida en la espalda”, argumenta.

Reacciones de toda índole se han conocido en el país y  también en el exterior sobre el recrudecimiento de la violencia en Colombia. El repudio es generalizado, pero también la incertidumbre sobre lo que seguirá pasando en este país.

El exconstituyente y exvicepresidente Humberto de la Calle Lombana planteó que “El Estado está impotente ante el recrudecimiento de la violencia”, pero su argumento fue rebatido por el analista Gilberto Tobón, quien asegura que con ese comentario se está “desconociendo la complicidad y la omisión del estado en las masacres, ante una realidad que se volvió paisaje en Colombia”.

Reacciones de toda índole se han conocido en el país y  también en el exterior sobre el recrudecimiento de la violencia en Colombia. El repudio es generalizado, pero también la incertidumbre sobre lo que seguirá pasando en este país.

Por su parte el profesor universitario y experto analista de temas relacionados con el conflicto armado m colombiano, Víctor Currea – Lugo, escribió en su blog una contundente columna titulada: “La masacre en Samaniego: la tentación de no querer ver el bosque”. “Cómo duele volver a escribir cuando uno ya no quiere escribir, cuando uno ha perdido la fe en las palabras, pero cuando toca decir algo porque la sangre corre. Esto es lo que produce Samaniego, no el mercado de frutas que tantas veces visité, sino las noticias que llegan de la guerra. Pero, como dice la muy citada oración, el árbol no nos deja ver el bosque. En este caso el árbol es un ser de frutos caídos, de 8 jóvenes asesinados en el área periférica de Samaniego. Pero el bosque es más grande, es toda una dinámica de Colombia que confabula contra Nariño. Este es un territorio que pocos miran, que para Bogotá y su poder elitista casi no existe, abandonado a su suerte, desde Tumaco hasta el Putumayo pasando por su capital, Pasto. En esa dinámica de abandono siempre ha habido entonces un lugar para que crezcan las ilegalidades. Recuerdo a una familia cerca de Samaniego que me decía que ellos votaron en contra de la paz, en el Plebiscito, porque tenían unas pocas vacas y sabían que mientras las FARC estuvieran allí, no tendrían problemas de que se las robaran. Votaron con la esperanza de que las FARC se quedaran en el territorio y tuvieran por lo menos quién les cuidara las vacas. Esa pequeña historia ilustra el nivel de desamparo por parte del Estado de muchas comunidades en Nariño. Finalmente se dio el proceso de paz: las FARC se desmovilizaron y entregaron las armas, el territorio por ellas controlada quedó vacío porque el Estado no quiso, ni siquiera intentó, desplegar el Estado social allí. Esta práctica se repitió a lo largo y ancho del país en otras zonas dejadas por las FARC.  A lo sumo se intentó copar militarmente algunas de estas zonas, sin entender que lo que necesitaban aquellos territorios era la promesa del Estado Social que hizo la Constitución del 91 y las promesas que hacia el acuerdo de paz, hoy por hoy traicionado”, argumenta con fuerza el catedrático..

Reacciones de toda índole se han conocido en el país y  también en el exterior sobre el recrudecimiento de la violencia en Colombia. El repudio es generalizado, pero también la incertidumbre sobre lo que seguirá pasando en este país.

Excombatientes de Farc

Groelfi Rodríguez Moreno, antiguo comandante de las Farc  y ahora promotor y defensor de los Acuerdos de la Habana fue contundente en el mensaje difundido a través de las redes sociales: “Duele mucho y da coraje sentir y ver cómo se van nuestros jóvenes sin poder probar un solo día de paz en nuestro país. ¿Acaso estamos condenados por la clase «dirigente» de este estado a vivir en medio de la guerra y la muerte provocada por su ceguera y su mezquindad? Es urgente atender desde lo alto los factores generadores de violencia entre los cuales el primero es la corrupción en los altos dignatarios del estado, cumplir a cabalidad con lo acordado en la Habana es un reclamo justo de quienes queremos la paz y eso no nos puede seguir costando la vida”, señaló.

En un mensaje enviado a esta redacción, agregó: “… creo que es el cumplimiento de (Álvaro) Uribe de aplicar el antibiótico para eliminar “el gran virus”, como denominó a quienes lo denuncian, “jóvenes Farc” y a quienes lo investigan, que son los magistrados”.

“El “antibiótico de la verdad” son las balas que están segando la vida de los jóvenes que ya no le tienen miedo a las pataletas peligrosas de ese monstruo”, concluyó.


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