¿UN PASO ATRÁS?

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

Antes del confinamiento se venían haciendo esfuerzos enormes para evitar el uso del plástico como material de un solo uso y no biodegradable. Las cifras iban en consonancia con el compromiso universal de evitarlo. Y aunque Colombia estaba por debajo del promedio mundial y era uno de los peores de la región, había emprendedores con iniciativas loables.

En esta misma columna se habló del caso del municipio de Mosquera, en la Costa Pacífica nariñense, donde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sostenible en asocio con el Plan Mundial de Alimentos y el Plan Departamental de Aguas, había instalado un plan piloto para el reciclaje. Durante cinco meses los 600 habitantes de Mosquera separaron, clasificaron y reciclaron residuos plásticos con destino a una maquina de procesamiento que fundió el material y lo convirtió en madera plástica. Este producto es un sustituto de la madera industrial y resuelve mejor problemas de intemperie, humedad y estabilidad.

Así, al tiempo que se ayudaba a las familias con trabajo y alimentos, se ponía en práctica una idea para darle un destino sensato a una serie de materiales que no son rápidamente degradables y que en Colombia generan unas 12 millones de toneladas al año, de las cuales sólo se recupera y procesa un 25%. El resto puede tardar hasta 100 años en degradarse, atascando, mientras, los rellenos sanitarios y generando problemas graves de salubridad. Y el resto va a parar al agua, en el caso de la Costa Pacífica al mar, con la consiguiente contaminación.

En fin, decíamos que eso era antes del confinamiento, pues cuando llegó el virus, el plástico que estaba sentenciado, volvió a surgir como el rey. La fábrica de bolsas de plástico, Sphere, comunicó hace un tiempo que la industria del plástico vive un nuevo boom y que todo lo que ha dejado e percibir por encargo de las empresas de hostelería y viajes, lo ha compensado con creces gracias a los supermercados. La gente prefiere la bolsa de usar y tirar antes que una que se debe limpiar después de hacer el mercado. El virus asusta y es mejor desechar.

Y no es culpa de los supermercados (aunque Greenpeace piensa lo contrario). En España la cadena vasca Eroski permitía a los clientes llevar sus táperes para llevar la carne y el pescado, evitando así el uso del plástico en el empaque. Ahora ya no deja por motivos obvios.

Bien, ¿y que se puede hacer? Por un lado, seguir con la concientización tanto a nivel del consumidor, como a nivel del distribuidor. Para el consumidor, seguir trabajando con lemas como “Pasto capital libre de plástico de un solo uso”. Para el distribuidor, que los supermercados, ahora en el centro de mira, sigan cambiando sus bolsas tradicionales por bolsas biodegradables y en algunos casos por plástico reciclado. Por otra parte, plantear una política clara. Y en este caso, afortunadamente, hace poco se radicaron tres proyectos de ley en el Congreso de la República. La idea es desestimular y poco a poco llegar a 0% plástico.

Pero por otro lado también es vital apoyar las iniciativas nacidas del emprendimiento. La de Mosquera era buenísima, pero desconocemos su futuro. Hay más en otros países, pero donde el reciclaje de plástico está más desarrollado. 

Según un estudio de la Universidad de los Andes, «cada hogar colombiano genera casi 4.5 kilos de basura al día». De esa cantidad, el 20% es plástico. Complicado tema.


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