Libros en libertad

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

Es increíble como un libro puede unir más que un chat de WhatsApp de amigos del colegio que se conocen de toda la vida, pero que discuten cada vez que se encuentran, por culpa de la polarización que ha sembrado la política.

Confieso que alguna vez estuve tentado de dar mi opinión política, dada la virulencia de los temas, pero eso sólo habría llevado a tomar partido, literalmente, y a no aportar nada, absolutamente nada.

Me abstuve porqué seguí el ejemplo de un buen amigo, Luis Adrián Eraso, profesor de música y creador de la Fundación Sonidos en Libertad. Luis Adrián contaba que trabajó en la cárcel de Pasto hace unos diez años. Su trabajo consistía en crear sensibilidad a través de la música en el famoso patio 4, un auténtico fortín «para», y fomentar el valor de la vida mediante expectativas de reinserción social. Luego se metió al patio de los guerrilleros e hizo lo mismo, y los puso a aprender guitarra y a cantar.

Más tarde, como al fin y al cabo, ambos grupos tenían familia con ganas de no repetir aquella siniestra historia de violencia, creó una fundación sin ánimo de lucro, inspirada en principios y valores éticos para desarrollar programas de tipo social, musical, espiritual, psicológico y de liderazgo en niños y jóvenes que estén en lo que se denomina: “situación de vulnerabilidad”. Y lo que ocurrió fue un milagro: bandos que otrora se habrían descuartizado, cantaron juntos y sus hijos lo siguen haciendo a través de Sonidos en Libertad.

No hay nada más poderoso que el arte. Una pintura, una canción, una película, un poema, un cómic son ejes del alma del ser humano. ¿Porqué entonces no fomentar la lectura? El CERLALC y la Cámara Colombiana del Libro llevan décadas intentando luchar contra la burocracia para insertar ese plan como parte de la formación fundamental de las personas en Colombia. Pero para la política (léase Congreso), lastimosamente, siempre hay asuntos que son más importantes y requieren mayor presupuesto y atención. No es un asunto de ahora, no vale señalar con el dedo. Es un asunto de siempre.

Hay una iniciativa circulando por ahí. Se titula Enlíbrate, Libros Para Ser Libres, y busca que donemos libros a los centros de reclusión de 28 departamentos con un plazo que cierra el 6 de octubre. La campaña la apoya Fundalectura, Fundación Tejido Social y la Policía Nacional, entre otras. Sin embargo, ya hay reticencias porque seguimos inmersos en una bipolaridad que no nos deja ver más allá de nuestras narices.

Hace algunos años, otro buen amigo, Miguel Ángel Flórez, trabajó en la cárcel de Neiva. Hizo una labor fantástica montando la biblioteca del recinto y consiguiendo el entusiasmo y seguimiento de guardias y reclusos. Pero cuando tiempo más tarde se hizo un diagnóstico sobre las bibliotecas, el presupuesto se había acabado, ninguna biblioteca tenía «dolientes», no había personal profesional capacitado para llevarlas, y las colecciones ya eran «insuficientes en cantidad, calidad y niveles de cobertura temática».

¿Debemos seguir así en el país que, curiosamente, ha sido reconocido como el de mayor potencial bibliotecario de América Latina?, ¿no debe un libro pasar de mano de mano sin importar la ideología de quien lo lea?, ¿no puede un derechista leer a Charles Dickens y un izquierdista a Truman Capote?, ¿porqué no leer a ambos?, ¿porqué no convertir esas nuevas bibliotecas en espacios lúdicos de las visitas familiares?

Según el comunicado los ejemplares recibidos se clasificarán por temáticas (literatura, biografías, ciencias, autoayuda y oficios) y se enviarán a las 132 bibliotecas de los centros penitenciarios. Vale la pena, digo yo, sin ánimo de polemizar.


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