Explosión en Beirut: una Tragedia Anunciada

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Graciela Sánchez Narváez
IDEAS CIRCULANTES

Estamos de acuerdo con el presidente Macrón y con la población libanesa, que reclaman a las autoridades de este territorio por la enorme irresponsabilidad que tuvieron frente a los hechos que ocurrieron en Beirut, con la apocalíptica explosión que devastó la ciudad y aterrorizó a todos sus pobladores.

Pero antes queremos referirnos a este país, con una pequeña síntesis de su identidad de hace poco tiempo atrás.

Líbano es uno de los países más cultos del planeta, aquí el nivel de alfabetización es del noventa y nueve por ciento; tiene cuarenta y dos universidades; el setenta por ciento de los ciudadanos están en escuelas privadas; hay un doctor por cada diez personas; sus habitantes hablan tres idiomas: árabe, francés e inglés.  Aunque el país ha sido ocupado más de seis veces y ha sido devastado por sus ocupantes, se ha vuelto a reconstruir con la misma celeridad, nunca los libaneses han tenido un gobierno dictador. El primer alfabeto fue creado en Byblos, de donde viene la palabra Biblia, Líbano es un pueblo acendradamente religioso. Líbano está atravesado por quince ríos y ha tenido una notable fortaleza económica. Estos pocos datos los que nos dan una idea general del territorio y de los habitantes a quienes nos referiremos.

Volviendo al tema que nos ocupa, es increíble que después de que, en el año 2.013, un barco de propiedad de un adinerado comerciante ruso, con 2.750 toneladas de nitrato de amonio, atracara de emergencia en Beirut por problemas técnicos, y la carga, enormemente peligrosa, fuera confiscada por las autoridades libanesas, llevada a un contenedor del puerto y olvidada por las autoridades responsables.

  Según el capitán del barco, el dueño se desentendió del asunto debido a que no quiso pagar los impuestos que Beirut le cobraba. El capitán y algunos tripulantes fueron retenidos por un buen tiempo.  

El nitrato de amonio, fue ignorado por las autoridades sin las medidas de seguridad requeridas.  Fue abandonado y olvidado por más de seis años por sus dueños, quienes prefirieron ver que el barco se hundía en el tiempo a pagar las tarifas requeridas. Se perdieron así millones de dólares, la carga fue retenida y olvidada en el contenedor, sin importar ni el precio, ni el peligro al que todo Beirut estaba expuesto. Muchos libaneses atribuyen esta desidia a la corrupción que en el momento también se instaló en el gobierno y la comunidad política libanesa, pues a pesar de las solicitudes repetidas del director general de aduanas y del encargado del puerto, advirtiendo en repetidas ocasiones sobre el peligro que representaba mantener este material tan peligroso en las costas de Beirut, no se hizo nada para darle la seguridad que requería y que el pueblo merecía. Se ha dicho también que muchos funcionarios pedían que se retirara este material de la costa, sin embargo nadie escuchó. Los funcionarios oficiales enviaron muchas cartas al sistema judicial sin obtener ninguna respuesta.

 Esta irresponsabilidad es causa de una tragedia anunciada, la misma que ocurre en el momento con muchos gobiernos del mundo que, más allá de pensar de su cuotidiano quehacer político y lucha de poderes, olvidan a la gente que gobiernan y cuya vida se comprometieron a proteger como primer derecho fundamental y a salvaguardar su integridad física y sicológica.

El resultado de esta horrible irresponsabilidad fue que, una ciudad próspera como Beirut, quedara devastada, con al menos 37 muertos, muchos desaparecidos y más de cinco mil heridos.  El mundo nunca olvidará este hecho porque, como volvemos a insistir, fue una tragedia anunciada, pues el gobierno tenía la posibilidad de evitar la tragedia y no lo hizo por la simple desidia o porque permaneció resolviendo conflictos políticos de poder.

Cuando ocurrió la tragedia Beirut amaneció con un día soleado, que en un instante se convirtió en un escenario de horror apocalíptico en el que murió mucha gente. Tras la explosión, algunos recuerdan las bombas de Hiroshima y Nagasaki, que la historia del mundo, con dolor, no ha podido olvidar hasta ahora ni olvidará nunca.

Por la irresponsabilidad social y política del gobierno libanés y el desinterés del adinerado dueño que abandonó el barco retenido con tan peligroso material, son ellos los directamente responsables de esta tragedia. La devastadora explosión en el puerto de la capital libanesa ha dejado, a kilómetros de distancia, a más de 300.000 personas sin hogar, un tercio de ciudad se ha visto afectada, pues “la zona del puerto de Beirut, prácticamente ha dejado de existir”, como se ha reconocido oficialmente.

En el artículo anterior precisamente nos referimos a la memoria, se dijo que ésta guarda más profundamente los hechos que afectan a los sujetos positiva o negativamente de manera colectiva. Beirut jamás podrá olvidar este tiempo de horror, pues es difícil imaginar uno peor. Cuando el impacto desaparezca, el miedo y el horror vividos este enlutado día permanecerán por mucho tiempo sobrecogiendo a los habitantes.

Además, esta explosión tendrá importantes consecuencias económicas, puesto que la destrucción del principal puerto del país dificultará el suministro de alimentos en el futuro.

Hay desconcierto en este país que hace poco tenía holgadas condiciones materiales, pero que en el momento ve complicadas todas las actividades de la vida civil, que ya estaban afectadas por el manejo de la pandemia del Covid 19.  Hacia el primer trimestre de este año, el Líbano parecía encaminarse a un colapso, la deuda interna con respecto al producto interno bruto fue la tercera más alta del mundo. El desempleo se situó en el veinticinco por ciento y casi un tercio de la población, que nunca afrontó la pobreza, hoy presenta serias complicaciones.

Hoy Líbano sufre esta tragedia y se junta con otras que asolan al mundo entero: la pandemia del Covid 19 y otras pandemias como la corrupción en todos sus sentidos: (lucha de poderes políticos, sistemas de estados y gobiernos inadecuados e indiferentes a su pueblo, narcotráfico, tejido social en deterioro ético y moral etc.)  Nuestra solidaridad con el Líbano, un pueblo pujante que hoy afronta una gran tragedia.


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