Reconoce Mincultura: Efrén Bolaños, una vida dedicada al arte

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Fue su nieta, Lina quien oyó por la emisora San Pablo Stéreo acerca de una convocatoria abierta a todo lo que estuviera relacionado con el arte y la cultura. Así que se puso de acuerdo con una prima, subieron a su casa, le grabaron un video contando acerca de su vida dedicada a la pintura, la escultura y el arte en general; posteriormente llenaron un formulario y lo enviaron al Ministerio de Cultura junto con el vídeo.

Por: Mauricio Bravo Cerón

Gracias a esta iniciativa familiar, el nombre de don Efrén Bolaños acaba de ser noticia, por salir junto al de otros tres sampableños, y una Asociación integrada esta también por sampableños, entre los felices ganadores de la convocatoria “Comparte lo que somos”, unos, entre ellos él, a quienes se reconoce su trayectoria en el mundo del arte, otros, como la Asociación Colectivo de Comunicaciones Misión San Pablo, que recibirán apoyo monetario para la realización de un proyecto artístico y cultural.

A la edad de 23 años, y guiado por un maestro pastuso, don Efrén Bolaños se enfrentó por vez primera al Carnaval de Negros y Blancos de la ciudad de Pasto. Evento anual que se desarrolla a principios de enero, no sólo en la capital nariñense, sino también en varios de sus municipios, incluido su natal San Pablo. El tema escogido para la carroza fue Rasputín, el recordado monje loco, con cuya elaboración el maestro Efrén se dio el lujo de ocupar el segundo lugar de ese que hoy se conoce como el desfile magno.

Hazaña nada despreciable.

Pero no fue esa su primera experiencia en el arte de hacer las carrozas.

Fue cuando tenía 15 años que se animó a hacer la primera carroza de su vida, a la que llamó “Nos llevó el diablo”; consistente ésta en un diablo rodeado de varios personajes que representaban a ministros a los que, botella y copa en mano, les servía, uno tras otro, trago. Una crítica directamente indirecta hacia ese lugar donde se toman las decisiones que, para bien o para mal, nos afectarán a todos los colombianos sin excepción. Y, principalmente, hacia quienes las toman.

Sin embargo, su historia frente al arte no comienza por ahí y no son carrozas, como las ya mencionadas o la de Moisés y los diez mandamientos, los casorios o los Vikingos, lo único que sus manos mágicas, ya trajinadas, elaboran. Cuenta que su recuerdo más antiguo data de cuando tenía tan sólo seis o siete años. Se mira en ese recuerdo a sí mismo recibiendo la visita de unos familiares, mientras talla la figura del santo de La Verónica, para la Semana Santa en su versión infantil.

En cuanto a lo que a pintura se refiere, cuenta que sus padres no estaban de acuerdo en que él fuese artista y le pedían que estudiara algo, una carrera, que le garantizara un buen futuro. Pero el primer retrato que se atrevió a hacer fue el de su señor padre don Efraín Bolaños (QEPD). Cuenta que cuando él se miró retratado por su propio hijo fue como que se emocionó, como que le cambió en un instante su perspectiva frente al arte. Los siguientes en vivir la experiencia de don Efraín fueron su madre y sus hermanos.

Eso fue en su época de juventud.

Ahora bien, la última persona a quien quiso retratar recientemente ya cercano a los ochenta años fue al ex alcalde Jorge Orlando Penagos (QEPD). Una vez tuvo listo el retrato del ex primer mandatario de los sampableños, cuenta don Efrén, convocó a una cierta cantidad de gente, les mostró su obra y, sin dudar, preguntó ¿Quién es? Al oír que todos reaccionaban de manera favorable ante la pintura y repetían admirados “Uy, Penagos”, quedó satisfecho, pues esa es la gran diferencia entre un retrato y otro tipo de pintura.

“Si la imagen plasmada no se parece (al personaje retratado), no hay nada”, sentencia.

Otra de las metodologías que aprendió del arte en general es que antes de empezar a pintar un cuadro, llámese éste paisaje, bodegón o retrato, o elaborar cualquier carroza o figura en macilla, lo que hace es buscar cualquier tipo de información que le ayude a acercarse al tema, a contextualizarse y así aterrizar a la realidad lo que hasta el momento son sólo vagas ideas circulando por su cabeza, sin concretarse.

Apoyado en uno de sus tíos, artista empírico, fue que recibió clases de un instructor que se contrató para que le enseñara sobre arte en general, de quién recibió, además de estas indicaciones, unos libros con los que aprendió bastante sobre cómo aplicar la anatomía al arte; luego vino a apoyarlo su primo Absalón Bolaños, otro gran artista ya no empírico, porque él sí estudió arte en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá. De su estadía ahí por espacio de dos semestres don Efrén recuerda principalmente dos aspectos:

En primer lugar, que ahí aprendió la biografía de grandes artistas como es el caso del gran Leonardo Da Vinci, de quien lo marcaron, entre otras muchas obras, el David desnudo y la Capilla Sixtina, de las que habla con tal propiedad que al oírlo da la impresión de que hubiera pasado muchos años en la academia. Sin embargo en la mayor parte de su vida aprendió a pintar de tres formas: leyendo y aprendiendo sobre anatomía, observando pinturas de otros artistas y, naturalmente, pintando.

Lo segundo fue una experiencia poco ortodoxa que vivieron él y sus compañeros de curso por cuenta de un profesor italiano, cuyo nombre no recuerda ya, y gracias a la cual cada uno de ellos sacó a ese artista que llevaba dentro de sí mismo. Al día siguiente de esta experiencia extrasensorial, ni él ni sus compañeros podían creer, ni aun teniéndolo ahí a pocos pasos, lo que cada uno había pintado. “Ven que cada uno de ustedes lleva dentro de sí mismo un artista”, concluyó el profesor, esta vez en la voz de don Efrén.

Últimamente está viviendo algo que él mismo manifiesta no se esperaba, pues de sus cinco hijos, Miguel Ángel, el único hombre, otro artista, pero del sonido y la música en general, ya se atrevió a hacer su primera pintura. “Está siguiendo mis pasos”, dice don Efrén con una alegría que esta vez, a diferencia de otros momentos, se le refleja (y es inevitable notarla) tanto en la voz como en la mirada.

Hace casi 22 años don Efrén tiene el Teatro Municipal de San Pablo como su segunda casa. Como su taller, dice él.  Y sobre esto, cuenta, ninguno de los primeros mandatarios que ha pasado por el Palacio Municipal en esas más de dos décadas le ha molestado para nada. Le han dejado hacer ahí su arte. Es todo lo contrario, dice, antes de expresar que el ingeniero Mario Trujillo Cerón, actual alcalde, le ha propuesto hacer una academia donde enseñar arte a la niñez y juventud sampableñas.

Lo más bonito que pudiera pasarle, cuenta, sería poder dejarle a la comunidad de San Pablo un lugar como ese que le proponen. “Es más”, señala con una sonrisa en los labios, “ya tengo a la persona adecuada que podría acompañarme en esa aventura que es enseñar arte a niños y jóvenes”. De todas maneras, aunque de una manera informal, ya ha tenido alguna experiencia en la enseñanza, pues a cada joven que va a pedirle el favor de que le haga una maqueta, no sólo le ayuda a construirla.

“También le indico como hacerla sólo”, dice.

Y es que no sólo es esa su experiencia, también fue durante un año profesor de arte en lo que hoy es la Institución Educativa Antonio Nariño, IEAN, época de la que recuerda haberle enseñado a algunos muy buenos artistas, que hoy se destacan en San Pablo Nariño en diversos temas, a pintar o crear como el arte religioso. De entre estos recuerda tres nombres: Aldemar Bolaños, Lucho Oviedo y Diego Julián Rosada.


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