José Bernardo Figueroa Martínez, morir en cumplimiento del deber

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Por Mauricio Bravo Cerón

(Entrevista hecha en septiembre de 2017)

Entre el corto y mediano plazo, la sede de los Bomberos Voluntarios de San Pablo Nariño se llamará José Bernardo Figueroa Martínez. Pero ¿Quién fue este joven sampableño? ¿Cuál, su vida y obra para que este ente quiera adoptar su nombre? ¿Quién mejor para responder a estas y otras preguntas que su hermano Harold Figueroa Martínez?

Siendo tres años más joven que su hermano Harold, Bernardo decidió ingresar antes que él al naciente Cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Pablo. Aquella era una época de tomas guerrilleras. Una de estas, dejó un incendio en la sede de la Caja Agraria, y puso a rodar entre la comunidad la voz de la necesidad de un ente con conocimientos y entrenamiento para atender distintas emergencias inesperadas.

Al llamado, y a pesar de contrariar con ello a su propia familia, acudió entre varios ciudadanos un joven Bernardo, lleno desde la niñez de sueños de independencia, pero ante todo, y heredado de su señor padre, don José Bernardino Figueroa, de un don de servicio a la comunidad.

Harold, que por entonces estaba dedicado a la música y otros asuntos y a quien no le llamaba la atención la vida bomberil, gracias a un curso que tomó, llevado por el consejo de su hermano menor, terminó siendo picado por ese mismo bichito que años atrás había picado a Bernardo: Se convirtió en uno más de los bomberos voluntarios del municipio de San Pablo.

Con el paso del tiempo, que a veces tarde, a veces temprano suele dar la razón a quien la tiene, la acumulación de cursos y conocimientos, la adquisición de responsabilidades, la llegada de las distintas misiones, Harold ha venido confirmando para su sorpresa lo acertado que estaba Bernardo en su pronóstico cuando años atrás le decía e insistía tantas veces: “Vos serías una buena unidad”.

Convivir entre el peligro y el servicio a la comunidad les hizo unirse aún más. En esta ocasión por una causa común: el crecimiento del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, CBV. Con los años, y por las ganas de realizar estudios de especialización del entonces comandante Pablo Adolfo Muñoz, Bernardo pasó a ocupar el puesto de comandante.

“Lo hizo muy bien durante ocho años”, recuerda Harold, quien ahora y desde poco tiempo después de la muerte de su hermano ocupa ese rol tan privilegiado, como lleno de responsabilidades en los bomberos de San Pablo. “Fue un líder positivo para sus compañeros: preocupado por reclutar nuevos y valiosos bomberos, pero también por dotar al CBV de San Pablo de nuevos y mejores materiales de trabajo, así como de un carro propio”.

Sin embargo, siendo cabo, mientras desarrollaba una tecnología en primera infancia, Harold recibió la noticia de una delicada misión a la que no terminó de decidirse a asistir, por no dejar sin cumplir una exposición. Como bombero y sobre todo ahora ya como comandante de los bomberos todavía se pregunta “¿Por qué no fui? ¿Por qué no acudí a ese llamado sabiendo que una vida humana a lo mejor se encontraba en peligro y necesitaba de nuestra ayuda?”

Lo que no sabía en ese preciso momento y se enteró esa misma noche, por medio del cabo John Alexander Bolaños Ibarra, es que una de esas vidas en peligro era la de su hermano y comandante Bernardo. Sólo hasta entonces logró dimensionar, y cobró un mayor sentido, el manojo de nervios en que se convirtió desde aquella llamada de la tarde.

La tensión del momento continuó cuando se encontró con un Bernardo, antes alegre y lleno de vida, amarrado a una camilla; un Bernardo que, como si estuviera despidiéndose, le pedía que cuidara a los bomberos; un Bernardo cuyo principal legado Harold resume en tres cosas: Primero hay que ser personas, después hay que demostrar los valores humanos y tercero, que a uno lo evalúa es la gente.

“No uno mismo”, enfatiza.

Por si fuera poco, otro de los accidentados, el señor Jairo Ortega, presentaba una situación más delicada que la del comandante Bernardo y debía ser atendido antes que él. Harold y su hermano lo sabían: los protocolos que se manejan en este tipo de emergencias, que bomberos, médicos y enfermeros deben respetar y acatar, para que los problemas no se les salgan de las manos.

Uno de los peores escenarios se confirmó poco después cuando el médico, al verlo más fuerte que su cuñada y sobrinos, llamó aparte a Harold y le dio la terrible noticia de que Bernardo no volvería a caminar. “Desde ese momento le pedí al Todopoderoso”, cuenta con voz pausada “que ante tal situación, y con sus antecedentes de actividad, hiciera en mi hermano su santa voluntad”.

Durante una fría madrugada, se enteró de que la voluntad del Todopoderoso, había sido llamar a su presencia a Bernardo. Como un zombi, recuerda, con unas inmensas ganas de gritar, se dirigió a casa de su señora madre, doña Emira Martínez, y, gracias a la fuerza adquirida con los años de trabajo en bomberos, se convirtió en el apoyo para este triste momento de sus padres.

Dos cosas resalta Harold desde su papel de comandante de bomberos: una la aprendió del comandante Charles de la ciudad de Pasto, él dice que “cuando eres un gran soñador, en algún momento se te cumplen los sueños”. La segunda, que “si tú cuentas con el apoyo de grandes líderes, en este puntual caso nuestros alcaldes, nosotros (el CBV de San Pablo) funcionamos”.

“Pareciera que después de tanta insistencia y gestiones,por fin el sueño de tener un carro de bomberos en San Pablo, que un día Bernardo y yo tuvimos, por el que él tanto luchó, se va a hacer realidad”, cuenta Harold. “Lástima que él no va a estar aquí para disfrutarlo juntos; pero sé que donde quiera que esté cuando eso pase, igual que yo, va a ser la persona más feliz del mundo”, concluye.


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