EL Padre Guillermo de Castellana

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Por: Graciela Sánchez Narváez

Entre la amplia obra de Paul Ricoeur, escritor francés, llama la atención para este artículo, un texto titulado, “La memoria, la historia y el olvido”, especialmente interesante, por el mensaje que expresa un epígrafe que dice así: “El que fue, ya no puede “no haber sido”: en adelante, este hecho misterioso y profundamente oscuro, de “haber sido” es su viático para siempre“.

¿Qué y a quién se guarda en la memoria para siempre?  El autor antes mencionado,  escribe que más importante es  “el qué” o sea los hechos. Se refiriere entonces, a la memoria colectiva, esa que, mediante el correlato, evoca los acontecimientos pasados.  Entonces, se trata de relevar la “fenomenología del recuerdo”, como un acto humano,  evocador, que se mantiene en la memoria, por el nivel de impresión que ese hecho causó en la comunidad.

  Este es el caso del Padre Guillermo de Castellana, a quien tuve el privilegio, no solo de conocer, sino de ser su amiga, su protegida y su seguidora, a pesar de que ideológicamente, guardábamos una distancia abismal en muchos sentidos.

¿Cómo lo recuerdo y por qué admiro su obra?  Considero que su nombre, como el de muchos otros apóstoles que en nuestro medio defendieron a las clases menos favorecidas, a veces, se pierden en el olvido por la ingratitud de las personas que con  indiferencia, devuelven todo beneficio.

Su verdadero nombre es Francesco Bellina Bencivinni, nace en Castellana, (Italia) en 1912 y muere en San Juan de Pasto, el 30 de Julio 1986. Por esto, me he enterado por las redes, que quienes lo recuerdan, rinden homenaje a su nombre en la fecha de su fallecimiento. Me uno a ellos con este artículo, para celebrar su vida y la suerte que nuestra ciudad, tuvo al recibir a un hombre de las calidades de Guillermo de Castellana.

Los comentarios contaban que pertenecía a una familia muy digna y pudiente. Alguna vez, contó personalmente, que en Italia, ingresó al Seminario de los Capuchinos desde su adolescencia, por un llamado de Dios. Se supo luego, que había recibido en Palermo un título de doctor en Filosofía y Derecho Canónigo. Se había destacado por sus máximas calificaciones en toda su carrera y por su calidad humana en el servicio a las comunidades menos favorecidas, por lo cual, fue invitado a participar en congresos internacionales, con disertaciones sobre el Comunismo Científico; es así como, estuvo dictando estas conferencias, en Barcelona, en Mendoza, (Argentina) y varias veces en Roma.  

Según la historia, este sacerdote capuchino, llegó a San Juan de Pasto en 1951. Es enviado a Colombia para replicar su obra con las niñas pobres de la nación. Llega con varios sacerdotes capuchinos, con el único objetivo de educar, apoyar y elevar el nivel de vida de la niñez femenina, él mismo lo confirmaba, cuando repetía: “debemos orientar a las niñas, para que sean buenas madres y educadoras de la humanidad”.

Sin más recursos que los que le brindaron su familia y la voluntad férrea que lo caracterizó siempre, luchó sin descanso, por establecer en Pasto, una entidad sólida, “que sea reconocida por el estado, por nuestro medio y por el país en general”.

 Es así, como funda una Asociación que la llamó: María Goretti, con algunas personas que quisieron colaborarle en su intención. De la misma manera, buscó apoyo en Colombia y en otras naciones para cumplir con esta meta. La ayuda no se hizo esperar:  Suiza, Bélgica, Alemania e Italia, entre otros países del mundo, el Instituto de Cultura de Colombia, y personalmente, Carlos Albornos gobernador de Nariño y Gerardo Navarrete, alcalde de Pasto, en esta época. El nombre de la señorita Beatriz Basante Paredes, fue también muy reconocido, cuando de benefactores y fundadores se trataba.

De la Asociación María Goretti que el padre Guillermo de Castellana fundó, surgieron otras instituciones como la Institución Educativa Municipal María Goretti, la Institución Francisco de Asís, la Unidad de Salud María Goretti. En 1980 inaugura un gran edificio para el funcionamiento de carreras tecnológicas y de la Institución Universitaria CESMAG , que en el momento es ya, una reconocida Universidad.

La ayuda fundamental que pedía el padre Guillermo al gobierno departamental, consistía en el nombramiento de los docentes que la institución necesitaba para poder desarrollar su labor educativa. Su fama de hombre culto, la causa que lo impulsaba y su carácter exigente, hacía que las entidades le respondieran positivamente de inmediato.

De esta manera, tuve la suerte de ser nombrada con un grupo grande de compañeras que teníamos el título de Maestras Superiores. Todas éramos muy jóvenes, pues, en los años setentas, no requeríamos título universitario para ser nombradas como docentes en cualquier nivel educativo, la edad en que egresábamos oscilaba entre los diez y siete y diez y nueve años. Inmediatamente nos graduábamos, encontrábamos trabajo como docentes, lo cual, era una ventaja para el padre Guillermo, pues fácilmente, nos contagiamos de su entusiasmo y de su energía.

 Una anécdota que queda en nuestra memoria, es el juego en que se había convertido, la exigencia que él hacía a las docentes para que vistiéramos falda larga, cuando estaba en boga la minifalda y las botas. Nada más divertido que escondernos por los pasillos mientras el padre gritaba que debemos dar ejemplo a nuestras estudiantes.  Aquello de alargar nuestras faldas fue algo que jamás consiguió nuestro querido director. Las botas nos daban una imagen juvenil que al padre Guillermo le costaba aceptar. No permitía que entráramos a la capilla en estas condiciones, entonces buscamos atuendo para asistir a la misa y nos cambiábamos para otros sitios de la institución, evitando siempre el encuentro con el Padre.

Nada más justo que un homenaje a este sacerdote que, más allá de su religión, sus creencias y su carácter fuerte, se había constituido en el amparo de las mujeres pobres y mal tratadas de Nariño. Tal vez, se lo comprendió mucho más, cuando su obra crecía sin medida y favorecía a las niñas más necesitadas. Hoy, sabemos que solo un líder de las condiciones del padre Guillermo de Castellana, pudo lograrlo. Su desinterés personal, su amor por la tarea comunitaria, la tenacidad en sus empeños, su alma justa y sin ambages convirtió una idea social en hechos reales y tangibles, que la memoria de una amplia población, jamás podrá olvidar, porque su impresión tiene que ver con la generosidad de su alma.

Quienes lo conocimos de cerca, no podremos olvidar nunca al padre Guillermo de Castellana que, como un mago rescató con esta gran obra a muchas niñas del hambre y la pobreza y les concedió el derecho de estudiar y ser mejores personas. Por esto, sus méritos lo hicieron acreedor a grandes premios. Lo vi recibirlos con mucha sencillez y con la humildad de siempre.  Tampoco pude olvidar en mi carrera aún como docente Universitaria, su sabia enseñanza atemporal, pedagógica y humana: “Ningún estudiante debe quedarse con su pregunta, un buen docente busca responderle satisfactoriamente. Todos los estudiantes son iguales en el aula, no importa las condiciones intelectuales que traigan de sus casas. Deben ser respetados en todos sus derechos, teniendo en cuenta sus diferencias”.

 Creo que esta filosofía resume las más profundas teorías que grandes pedagogos aún las consignan en extensos y pesados libros. En el aula, todos los niños merecen ser considerados de igual manera, por encima de las diferencias y la pluralidad que los congrega. Recordando estas enseñanzas, ¿cómo no seguir la huella de este hombre, que  marcó para siempre, a quienes laboramos y a quienes  estudiaron en la Institución María Goretti?

 Pasará el tiempo, pero nuestra memoria, como lo expresó Ricoeur, siempre recordará, al padre Guillermo de Castellana, como ejemplo de trabajo comunitario honesto y sin intereses personales y como el gestor de esta magna obra Gorettiana.


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