Universidad gratuita

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

La emergencia sanitaria, traducida en recesión económica, está cambiando las reglas del juego de la educación pública. En el caso colombiano, está por verse lo de los colegios, pero el de la universidad ya presenta, al menos, otro escenario.

Hasta antes del Covid-19 uno de los temas más álgidos era justamente el universitario, en constante enfrentamiento con el Estado por el tema de su presupuesto; algo que no es de este Gobierno, sino de siempre, un tema de conciliación de nunca acabar. Ahora es evidente que necesita ayudas puntuales para seguir adelante porque de lo contrario cerca del 50% del alumnado podría no presentarse al siguiente semestre.

Así surgió el llamado «plan de gratuidad en universidades públicas», que se ha trazado como una meta en la Universidad de Antioquia, se ha oficializado en la Universidad de Nariño y se espera que llegue a las 32 universidades públicas del país. La idea es eliminar el valor de la matrícula en el próximo semestre, mientras se piensa que hacer para los siguientes si la vacuna no aparece. La Distrital de Bogotá, la de Córdoba, Cundinamarca, Magdalena y Tolima ya están en ese plan.

El problema es que el Sistema Universitario Estatal propone la eliminación sólo para los estudiantes más pobres, en cambio en Antioquia se hará la eliminación para todos, porque todos los estratos han sufrido el efecto económico. De todas maneras, ya es un paso adelante que esto se comience a aplicar.

Bien, dicho esto y advirtiendo que nuestro sistema educativo favorece por defecto histórico a lo privado por encima de lo público, veamos que pasaba en otros países antes de la pandemia.

En la mayoría de países europeos los beneficios económicos parten de las becas. Algunos, incluso, no cobran tasas de matrícula y conceden ayudas extras para la vida en el campus. Todo depende de las solicitudes y del cumplimiento de los requisitos. Pero hay universidades en Alemania, Austria y Grecia, y en Escandinavia (Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia) donde la carrera se puede estudiar gratis. También hay que cumplir requisitos y el acceso es muy peleado, pero existen.

Guardadas las proporciones, ese panorama se puede ver también en Estados Unidos. Hay universidades gratuitas en Kansas, Kentucky, Missouri, Philadephia y dos en California, que siempre ha sido el estado bandera en la financiación académica, además de las academias militares. De ellas dos son especializadas en artes, dos exigen al alumno trabajar a cambio de vivir allí, y una que lo ofrece todo, la californiana University Of The People. Eso, si, esta es online.

Y aquí viene justamente una de las cosas que más se valoran en este debate: la educación no presencial. Unos pelean por la asistencia física porque dicen que no todos se pueden conectar online, y otros abogan por la distancia porque ahí está el futuro y en estos momentos es más seguro. Ofrecer soportes por internet a todos los alumnos será uno de los retos del futuro inmediato.

Todo esto deja dos preguntas abiertas que sólo se resolverán con el paso del tiempo. La primera es la financiación. En el caso de estas «matrículas cero», el 50% lo asume cada universidad y el otro 50% lo asume el Estado. Hablando, en plata, para el caso de Nariño, la Gobernación pondrá 1.800 millones de pesos y el Gobierno, 2.049 millones. Eso hablando de un solo semestre.

La otra pregunta es la de la exigencia. Con una tendencia creciente hacia lo online, es indudable que los hábitos cambian y para todos es sabido que si no se está en el aula, uno se distrae. Veamos que pasa en España.

Rosa Visedo, rectora de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, afirma que así como van las cosas, «serán los propios estudiantes los que exijan cada vez más a las universidades», un panorama idealista que necesita más bases según Susana García Espinel, directora de Universia: «Hay universidades que antes de esta crisi impartían clases online y utilizaban métodos de evaluación presenciales. Es necesario implantar sistemas de proctoring con los que detectar el fraude y garantizar la veracidad».

Y ya metidos en los contenidos, lo que sea parece ineludible es que todos los alumnos a partir de ahora tendrán que defenderse en tres idiomas: el nativo (en nuestro caso, el español), el inglés de buen nivel, no sólo entendimiento, y el de programación. Según Forbes, el idioma informático es el que necesitaremos dominar en el futuro. Pero eso es otro tema.


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