Las cifras del día después

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

El DANE, el Departamento Nacional de Planeación y la Unidad Analítica del Instituto de Evaluacion Tecnologica en Salud, IETS lanzaron hace poco un geovisor, un servicio digital que muestra el índice de vulnerabilidad de la población y permite conocer manzana por manzana donde se encuentra la población más vulnerable durante la pandemia, los servicios de salud y la movilidad.

Es una herramienta a la que puede acceder cualquier persona, aunque el DANE suele ser consultado más por las entidades públicas. Cuando la pandemia haya sido superada, confiamos que este geovisor siga funcionando. Pero para ello habrá que redoblar los esfuerzos en cuando a censo poblacional y allí siempre ha habido problemas.

Uno de esos problemas es la credibilidad que suelen ofrecer las cifras, por lo cual cada persona tiene una teoría. En el caso de Pasto, el funcionario dice que somos 470.000 habitantes; la vecina, que ya superamos el millón; y el taxista está seguro que somos unos 800.000 más o menos. No creemos y esa poca confianza en los datos hace que hablemos de cifras globales: 470.000 y no 470.301.

El otro problema es el flujo migratorio. Si se hiciera un censo mientras estamos confinados y con la seguridad de estar en casa, sólo sabríamos cuantos viven en este momento en la ciudad. No cuantos vivirán al final de año, cuantos se han ido a vivir a la finca y cuantos viven fuera, en Colombia, en Ecuador, o allende los mares.

No es un asunto fácil para el DANE, siempre tan cuestionado como todo lo oficial. Digitalizar la información acumulada es muy dispendioso, garantizar la calidad de los datos recogidos tampoco es sencillo, y en estos tiempos tan tecnológicos, parece todo muy lento. Colombia es hoy por hoy el país más atrasado de toda la región en materia estadística.

La principal razón fue el desplazamiento generado por la violencia, lo cual alteró la estabilidad de vivienda en campo y ciudad. Luego se sumó el flujo migratorio de países como Venezuela que convirtió a Colombia en sitio de paso. Y luego está la modificación del tejido urbano. Las viejas casas se han transformado en edificios, y los descampados se transforman en centros comerciales que, mientras se construyen, generan empleos temporales que luego desaparecen como por arte de magia.

Es decir, que aparte de tener un buen software, para saber cuantos somos y quienes somos hay que tener conocimiento del terreno y del tejido social. Por todo eso, además de la gente que no quiere dar datos porque algo esconde, se trabaja siempre con proyecciones y estimados.

Pero es prioritario que servicios como este geovisor funcionen porque es un primer paso ante una realidad que aún no llegado a Colombia, pero que llegará cuando se supere la curva y llegue la denominada «nueva normalidad». Me refiero al tema de los rastreadores, hoy tan necesarios en la segunda etapa del Covid-19 en Europa.

Los rastreadores son los encargados de buscar a todas aquellas personas que hayan estado en contacto con un positivo en coronavirus y ayudar con esa información a contener la propagación del virus. España hoy los necesita como el agua y el no haberlos tenido antes, ha sido tema de controversia porque alguno de los brotes que han surgido últimamente se habrían podido evitar con su servicio.

Tampoco es fácil, claro. Dada la multinacionalidad de la población en Europa, estos rastreadores necesitan traductores y su perfil tiende a ser de trabajadores sociales. Así no te plantean una encuesta, sino una serie de preguntas que generan confianza. La psicología es decisiva, porque hay mucho miedo en el ambiente. Ningún chico quiere decir que ido a una fiesta clandestina sin mascarilla, porque siente que eso equivaldría a confesar un delito.

El Financial Times regañaba al Gobierno de España por no haber precisado la necesidad de tener rastreadores, cuantos y en que momento. La autora, Helena Legido-Quigley, planteaba un escenario de diálogo de Gobierno y ciudades: «Podrían haber dicho -A menos que contrates rastreadores, no te permitiremos pasar a la siguiente etapa de confinamiento-«.

Lo cierto es que a día de hoy hay 3.500 rastreadores en España, cuando se necesitan, según los expertos, 8.500, o sea uno por cada cinco mil habitantes. Y esa realidad no puede coger a Colombia desprevenida. Es crucial confiar en estas herramientas y estas instituciones, así como es vital que estas encuentren la manera de ser más ágiles. El geovisor es un comienzo.


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