Diego Julián Rosada: «Siendo niño, ya quería ser pintor»

Compartir en:

“Elegí conscientemente el camino del perro a través de la vida. Voy a ser pobre. Voy a ser pintor”. Vincent Van Gogh

Como todos los niños de una escuela del municipio de San Pablo, del departamento de Nariño, de Colombia o del mundo, él también pasó por esa inevitable pregunta que a la letra reza “¿Qué quieres ser cuando seas grande?” “Pintor, yo quiero ser pintor”, recuerda que respondía él sin dudarlo un instante. “¿Pintor?”, preguntaba el profesor de turno. “¿Pero no hay alguna otra profesión que te guste?”. Como si pintor no fuera una profesión. “Cuando yo creo que ha sido, es y será una de las más importantes del planeta”, señala con tono enfático.

Por: Mauricio Bravo Cerón

A finales de febrero de 2019, leía en el diario colombiano El Tiempo un texto del columnista Juan Pablo Calvás, titulado “El retratista”. Hecho en homenaje al caricaturista Osuna, el texto decía: “En Colombia hay pocos retratistas (…) Digo que hay pocos retratistas porque el arte ha cambiado y ahora son escasos los egresados de las facultades de artes plásticas que apuestan al retrato de personas como una forma de desarrollar su arte, como una opción para abrirse camino en ese complejo mundo”.

Al leer esto, siendo de San Pablo Nariño, vinieron a mi mente tres palabras y un nombre: Diego Julián Rosada, un artista empírico sobre el que vale la pena conocer, pero sobre todo observar su trabajo.

Diego Julián es un gran pintor y retratista con quien había querido hablar por otro tema: uno de sus maestros había sido don Miguel Muñoz Parra. Quería que me contara esa historia, conocer más a fondo cómo habían sido las clases con el maestro Muñoz Parra, ese señor canoso y amable al que conocí muy poco y que recuerdo no como el gran artista que fue, sino como la persona que de niño junto a su esposa solía venderme alguna droga o algún otro elemento de los que vendía en su tienda, ubicada en el parque Simón Bolívar.

Ese día me dije que la hipotética entrevista (realizada casi año y medio después con motivo de la muerte del maestro Muñoz Parra) podría hablar sobre los dos temas.

Siendo aún niño, un niño normal, cuenta él, hubo algo que lo marcó: un concurso de dibujo realizado en el parque durante una verbena popular de fiestas de agosto. Para ganarse este concurso, porque como el niño que era aspiraba a llevarse los juguetes que premiaban al primer puesto, había repasado repitiendo varias veces el mismo dibujo. Sin embargo, en aquella ocasión, le tocó conformarse con los útiles escolares que premiaban al segundo puesto. Al ver el dibujo que le había arrebatado el primer puesto, expuesto en la alcaldía, fue muy grande su decepción.

De su época escolar alguien a quien no podría olvidar es a la profesora Socorro Rosero (QEPD), su maestra de dibujo. Ella solía decirles a él y a sus compañeros: “Hoy, vamos a hacer este dibujo. Pero yo sé que a ti, Julián, te va a quedar más bonito que a mí” (se refería al dibujo que ella haría en el tablero). Ellos, sus profesores, al igual que sus padres (que siempre le apoyaron en cuestiones relacionadas con el arte), y a la par que él la iba descubriendo en sí mismo, fueron las primeras personas en notar en el niño Julián esa habilidad innata que tenía para el dibujo.

Al llegar a la etapa secundaria hubo otro profesor de dibujo al que le era muy difícil dibujar en el tablero con tiza, como se hacía por aquellos años. Era Julián quien se levantaba de su silla, iba hasta el tablero y dibujaba lo que el docente necesitaba, para que luego él y sus compañeros lo llevaran al papel. Cierto día de mitad de año el docente le anuncia a Julián desde ya que había perdido su materia, que era una de las peores notas de su curso: “Muchachos, miren que el dibujo no es tan fácil”, recuerda que dijo el docente. “Lo pierde hasta Julián que es dibujante”.

“Si yo tengo la peor nota”, recuerda Julián que le respondió “es porque, por estar haciendo los dibujos de mis compañeros, no saqué tiempo para hacer los míos”. A medida que, en este tipo de experiencias, se iba descubriendo artista, lo único que quería era aprender más y perfeccionarlo. Unos de los dibujos que más hacía por aquel entonces eran las diversas imágenes que venían en los caramelos de la cartilla de chocolatinas Jet.

Es estando en la secundaria cuando llega a su vida el maestro Miguel Ángel Muñoz Parra. Supo por su hermano Roger que varios de sus compañeros de artes habían empezado con él un curso que versaría sobre temáticas relacionadas con el dibujo y la pintura. Ante la gratuidad del curso no había ya excusas para no estar ahí. Como viene dibujando desde la primaria, a Julián le es difícil recordar cuál fue su primer dibujo; sin embargo sí tiene muy presente que su primera pintura fue un bodegón, que hizo mientras recibía clases con el maestro sampableño, recientemente fallecido a sus 95 años.

Todo lo que el joven artista sampableño ha realizado en el campo del dibujo y la pintura lo ha hecho de una manera empírica. Ha querido realizar estudios universitarios y obtener un diploma que le facilite las cosas sobre todo a la hora de enseñar a otros a dibujar y pintar como él. Sin embargo las cosas, por distintos motivos no se le han sabido dar como quisiera.  Lo más cerca que ha estado de ese ambiente académico ha sido gracias al maestro Muñoz Parra, cuenta Julián. Fue él quien le inició  de una manera adecuada en el arte del dibujo:

Empezando por un bosquejo, aprendiendo a hacer luces y sombras cuando se habla de dibujo a lápiz; o aprendiendo a usar técnicas como el entramado y el degradé cuando se trata de dibujo a color, explica el artista cuya rutina desde que empezó la cuarentena por Covid 19 está dedicada casi que a diario a hacer retratos de distintos personajes de San Pablo Nariño de diversas edades y oficios, pero también de distintas latitudes del mundo entero. Sobre todo artistas de la música.

En el plano local, personajes como don Noé Narváez (QEPD), doña Ivona, don Alberto Rivas, don Jeremías, entre otros, han brotado como por arte de magia de su mano artística. Desde el mundo musical, lo han hecho artistas de la talla de un James Hetfield, cantante de Metállica, una Amy Lee de Evanescences, un Freddie Mercury o una Adele por sólo mencionar algunos.

Jamás, dice, haría el retrato de un artista reguetonero. “Si es que a ellos se les puede llamar artistas”.

Otra de las cosas que piensa jamás haría es un abstracto no trabajado, aquel que consiste en tirar             pintura a un lienzo y luego exponer el resultado, ese manchón que se formó, como si se tratara de una obra de arte. En caso de llegar a hacerlo alguna vez, afirma, sería un abstracto bien trabajado, en el que a la gente se le pueda explicar, a través de esa imagen resultante, cómo se comporta la pintura en ese cuadro.

Mirar su progreso diario desde que inició su recorrido personal por el camino del arte y la pintura es de las cosas que más le llenan de satisfacción, cuenta con un cierto quiebre en la voz. Un camino de aprendizaje del que sí se puede vivir en Colombia, afirma, siempre y cuando uno sepa vender su trabajo. Y esto se logra cuando cada quien tiene muy presente cuál es su fuerte y se dedica a perfeccionarlo. Un camino que no termina sino con la muerte.

La monja católica albanesa Sor Teresa de Calcuta y el compositor, director de orquesta y pianista alemán Ludwig van Beethoven, o mejor dicho sus rostros, vistos entre otros rostros, en un libro de biografías, fueron los que, sin querer queriendo, llevaron a Julián a querer dibujarlos a su estilo y descubrir en él, al terminar esta tarea, ese gusto por hacer retratos. A partir de esas dos elaboraciones artísticas llegó a descubrir que ese podría ser uno de sus fuertes en su vida artística.

Pasando a la pintura, explica que del entamborado (poner el lienzo en el marco, técnica que aprendió del maestro Muñoz Parra), pasa a la aplicación del vinilo; de esta, a la elaboración del bosquejo, cuando es una obra propia, o a la cuadrícula para transportar al lienzo, cuando se trata de la adaptación de una obra ya existente, señala Julián cuando se le pregunta sobre cuál es la forma en que él trabaja un cuadro. Luego vienen distintas técnicas, como son la del pincel o la espátula. Ha probado otras técnicas como el óleo sobre lienzo, el grafito, el carboncillo o la acuarela. Algo que le queda pendiente es practicar con los pasteles.

Y un trabajo de pintura que en la actualidad tiene también pendiente es un cuadro de la Virgen María con el niño en brazos, cuadro que hoy por hoy reposa en el despacho parroquial.

Refiriéndose a quiénes lo han influenciado a lo largo y ancho de su recorrido artístico, a la hora de pintar cuadros, en los ámbitos local, nacional y mundial, menciona personajes como don Efrén Bolaños, el profesor Óscar Cerón Bolaños de quien admira su manera de difuminar o  Luis Gerardo Oviedo, de quien destaca su forma de trabajar; en el plano nacional, está por encima de otros el pintor caldense de noventa años David Manzur; y, a nivel internacional, el español Francisco de Goya y Lucientes, el holandés Johannes Vermeer, el ruso Vladimir Volegov, entre otros.

Uno de los momentos de su vida que más lo ha impresionado, cuenta Julián, fue cuando vio en la televisión el “Dios Saturno devorando a su hijo”, de Francisco de Goya, una obra que él había hecho en su versión por allá en 1995. Fue de tal magnitud el momento, que el corazón se le puso a mil. Y no sabía si salir corriendo a decirle a alguien de su familia “mirá en la televisión el cuadro que yo pinté”; o si ante la fugacidad de las imágenes en aquel aparato, era mejor idea quedarse a contemplarlo.

“Yo creo que todo artista quiere llegar a ser reconocido, que sus obras permanezcan, que todo el mundo pudiese ver lo que uno hace”, señala al ser interrogado sobre cómo le gustaría ser recordado en ese mundo artístico que él escogió para su vida. Sin embargo, en su caso puntual y personal su deseo es más aterrizado: “Quisiera ser recordado como uno de los mejores pintores que ha dado esta tierra sampableña”. “Pero eso sólo el tiempo lo dirá”, concluye este joven pintor que entre sus proyectos a mediano plazo, tiene el de plasmar al óleo una serie de sus propias pesadillas.

Referencias:

https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/juan-pablo-calvas/el-retratista-columna-de-juan-pablo-calvas-331266


Compartir en:
WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
error: Contenido Protegido !!