Abuso y Violación

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Graciela Sánchez Narváez
IDEAS CIRCULANTES

El abuso, el maltrato físico y psicológico, la violación sexual, el acoso infantil, han sido fenómenos presentes en el tiempo y se han manifestado en todas las culturas y en todas las clases sociales. Las instituciones protectoras de los adolescentes y los niños hacen lo posible pero no lo suficiente, para disminuir este flagelo que no tiene justificación desde ningún criterio.

La violación sexual, como todos los demás abusos contra niños, niñas y adolescentes, ha sido tipificada por la legislación nacional como un delito para el cual, en la ley actual, afortunadamente, no existe ni disminución de penas, ni ninguna consideración atenuante, como debe ser, sin embargo, continúa sorprendiéndonos la repetición de estos hechos repudiables.

 Pensamos que todos estos atropellos contra las niñas y las mujeres de todas las edades, están anclados en la victimización a la que todas las mujeres, a través de la historia, hemos estado sometidas desde distintos frentes, por un machismo incontenible que hace que algunos hombres, carentes de toda consideración, respeto y humanidad, continúen empequeñeciéndonos y utilizándonos para satisfacer sus apetitos.

Nos consterna nuevamente el caso de los siete soldados del ejército nacional que, no solo abusan de una niña, sino que la violan de manera depravada, la humillan y le rompen su inocencia, con el horrendo vejamen que tiene que ver con quitarle por la fuerza, la dignidad como mujer y como persona.

 Este acto ha sido uno de los más aberrantes, pues todos los relacionados con el abuso a nuestros niños lo son. Pero hay unos que recordamos de manera especial, precisamente por la inexplicable consistencia de los hechos. Nos referimos al muy reciente crimen que dio fin a la vida de la pequeña Yuliana Samboní, que llevó a la cárcel al acaudalado arquitecto Rafael Uribe Noguera, y que constituyó un acontecimiento tan escandaloso que fue causa de otras muertes, como la del vigilante del edificio donde ocurrieron los hechos.

 Quienes trataban de encontrar una explicación a este horrible acto, dijeron que fue producto de un momento de locura, causado por las drogas que ingería su autor material, quien pertenecía a una prestante familia de Bogotá. Precisamente por ello, este hecho sacudió a Colombia. Desafortunadamente, como éste, hay muchos casos que quedan en el anonimato y no son juzgados como indican el Código Penal y el Código de la infancia y la adolescencia, debido muchas veces al miedo y a las amenazas de los agresores quienes, frecuentemente, son familiares o conocidos cercanos.

Ahora afrontamos otro caso, que en mi concepto es mucho más grave que el que mencionamos.  Siete soldados aprovechan el estado de indefensión de una niña de la etnia Embera Katía, quien sale de su casa para recoger unas frutas, y la violan en grupo.

La pregunta que nos asalta nuevamente, entre muchas otras es: ¿Qué perfil tienen estos soldados que integran las filas del ejército? Son personas jóvenes, entre los 18 y los 21 años, parámetro que en nuestro país se toma para catalogar la mayoría de edad, lo cual nos califica como personas capaces de tomar decisiones personales y asumir la responsabilidad de todos nuestros actos. Creemos que en el ejército y en las instituciones militares, saben que la inclusión de estos jóvenes tiene que ver con un servicio obligatorio, por eso existen herramientas para incluir y aceptar a estas personas que tienen la gran responsabilidad de dar seguridad a la nación, por ello deben contar con unas mínimas características de humanidad.

¿Cuál es entonces el entorno social y económico de estas personas? Digamos que vienen de un tejido social en crisis, como lo es el de nuestro país, donde se han deteriorado o perdido los valores de respeto por la integridad de las personas, pero si los miembros del ejército van precisamente a defender la vida de las personas de un país, no se comprende cómo pueden integrar sus filas, personas de estas condiciones. Consideramos que, en ésta, y en muchas otras actitudes de sus integrantes, se finca la desconfianza que el país siente por su seguridad con las fuerzas militares.

Y sí. No podemos juzgar a todos por un solo caso, pero es que, en una institución como ésta, un solo caso se sale de toda normalidad y se vuelve desde todo punto de vista inaceptable. ¿Cómo podemos entender que siete de las personas que se encargan de salvaguardar nuestra integridad, se pongan de acuerdo para cometer tan horrendo delito, como es la violación salvaje y el abuso agresivo, a una niña menor de edad e indefensa? No hay respuesta. Pero lo más grave es que, cuando las mujeres unidas, afirmamos que “ni una más”, muy profundamente sentimos que no va a ser de este modo, por eso, consideramos que todas, por nuestros propios medios, debemos tomarnos de las manos y avanzar para defender nuestros derechos de igualdad y de respeto por nuestras libertades, con una protesta permanente de rechazo por estos actos incomprensibles.   Si. .Algunos comentan que  la niña quedó viva, no como en el caso de Yuliana, pero esto no es menos grave, ya que su situación después de este crimen será la de una niña a quien desconocieron su dignidad de persona, mataron su inocencia, la humillaron, la disminuyeron y pisotearon, la secuestraron, la amenazaron y en ella a todas las mujeres del mundo.

 La pena que rápidamente aplicaron a los culpables es ajustada a la ley, pero es lamentable que la Fiscalía General de la Nación desdibuje la concepción del delito, calificándolo como acceso carnal abusivo, el cual se supone que puede ocurrir con el consentimiento de la víctima, cuando lo evidente es que se trata de acceso carnal violento cometido por un grupo de personas investidos de poder y autoridad, con el agravante del secuestro. La fiscalía se equivoca en este caso y envía un mensaje simbólico muy negativo y denigrante, que evidencia su escasa percepción de la naturaleza femenina y aún más de la naturaleza de los menores de edad. Para las mujeres, las leyes que nos defienden deben hacerse más ágiles y más duras con sus agresores. Estos militares son personas que, aunque respetaron la vida de su víctima, mataron su dignidad, trastornaron su futura vida sexual, mataron su tranquilidad y la de su familia, la humillaron y la llenaron de un miedo terrible a cualquier hombre que se le acerque, porque siempre sabrá que, individuos como sus atacantes, eran precisamente quienes la debían defender de los peligros para brindarle seguridad.


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