Un cuento pastuso

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)v

No soy muy amigo de los concursos literarios, quizás porque tiendo a ver primero sus complicaciones (escribir sobre un tema determinado, pertenecer a un determinado ámbito geográfico y límite de páginas) que sus ventajas. Y estas, indudablemente, giran en torno a descubrir talentos y escritos talentosos en el universo literario, aunque hay muchas más.

Hasta hace poco, en la Península Ibérica se editaba anualmente la Guía de Premios y Concursos Literarios en España, una guía extensa donde se reverenciaban todos, y la mayoría eran organizados por los ayuntamientos (alcaldías). Estos, que reciben del Gobierno Español una ayuda puntual para dicho fin, mantiene viva la llama de la escritura y el interés de los más jóvenes en la historia, tradiciones y vida cotidiana de cada población. Estoy hablando de cientos de concursos.

Comparado con esto, en Colombia hay muy pocos. No todas las alcaldías apuestan por esta figura, de manera que los concursos los organizan instituciones, bibliotecas, empresas y fundaciones, como uno que esta vigente en Nariño y que cada vez es más importante: el Concurso Internacional de Cuento Ciudad de Pupiales, que organiza la Fundación Gabo con el apoyo del Ministerio de Cultura y la Alcaldía de Pupiales.

Hay otros. Mi Nariño Cuenta, que organiza la Secretaría de Planeación de la Gobernación de Nariño, aunque está dirigido a personas relacionadas con la docencia. También está uno que surgió hace poco, Textos para Espantar los Miedos, que lanzó la Gobernación ya en tiempos del confinamiento, con el fin de promover la escritura en familia. Este si de carácter libre.

En la tendencia española hay uno: Imués Crea tu Cuento, el cual se espera que se mantenga, por supuesto, y que sirva de ejemplo a otras poblaciones vecinas. Seguro que si, porque es bien sabido que en Imués el fomento de la lectura y escritura es sustancial. Sólo basta entrar a su página web y lo primero que uno se encuentra es un cuento para descargar de Eugenio Díaz de hace 170 años. Maravilloso.

Pero aquí viene lo del cuento pastuso. Aunque faltan concursos, si se publican cuentos. Para no ir más lejos, la editorial independiente pastusa Avatares está editando una antología de cuento breve nariñense y publica regularmente la revista de minificción Alebrijes. Hay más, no tan especializadas, pero hay y casi en su totalidad de editoriales independientes.

Y este hecho le da de alguna manera la razón al editor vallenato Mario Jursich Durán, quien moderaba hace poco una charla titulada «El Cuento, ¿un invitado incómodo?», que partía de la siguiente premisa: en un concurso de la Cámara de Comercio de Medellín se presentaron 487 libros de cuentos, una cifra impresionante, pero que entre los editores predomina la convicción que el cuento es un género que no interesa al público.

O sea, las grandes editoriales no lo quieren, pero las independientes si. Puede ser cuestión de malas experiencias comerciales. Las gobernaciones los apoyan, pero las alcaldías no. Puede ser cuestión de fondos públicos. Pero escritores de cuentos hay en cantidad y en Nariño, muchísimos. Y no es un cuento pastuso.


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