Los Afectos y el Lenguaje en el “Día del Padre”

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Por: Graciela Sánchez Narváez

La palabra “afecto” viene del latín “affectus” y su significado tiene que ver con la inclinación hacia alguien o hacia algo, basada en “los apegos”, por el valor que representa para nosotros ese objeto o ese sujeto. La empatía que sentimos por algunas personas, llámese amor, cariño, o simplemente amistad, mantiene la armonía que, como seres sociales y emocionales, necesitamos. De manera que los afectos son coherentes con lo que sentimos por el otro, sin decir con esto que debemos permanecer siempre en acuerdo con él, pues, como personas inteligentes, pensantes y diferentes, esto es realmente imposible.  Los conflictos son parte de la vida y se basan en las distintas cosmovisiones y maneras que tenemos de ver y afrontar las situaciones del mundo.

Para Spinoza, filósofo racionalista holandés, hay dos pasiones que le impiden al hombre ser feliz, “la ambición y el deseo”, sin embargo, y con la invitación a profundizar más en la posición de este pensador, consideramos que los afectos se basan precisamente en el deseo por estar junto a ese otro que valoramos y apreciamos (madre, padre, hijos, esposo, novio, etc.)

Desde este punto de vista, cuando tratamos de expresar nuestros sentimientos, muchas veces sentimos dificultad para hacerlo y, por eso, aparece la consabida frase: “No encuentro palabras para expresarte…”, “Las palabras quedan cortas para decirte…”, “Quisiera encontrar las palabras adecuadas…” y el sin fin de otras formas de decir que nuestro afecto es mucho más grande que el sentido de las palabras. Por eso, cuando de esto se trata, el arte resuelve ese lenguaje que necesitamos. La poesía, la pintura, la danza, el teatro, son formas simbólicas que resuelven esa dificultad. En las cosas y sus representaciones, en las flores, los detalles, las actitudes, las sonrisas, los abrazos, encontramos lenguajes simbólicos que reemplazan la oralidad.

Los festejos son formas que los pueblos y los colectivos sociales y culturales han elegido para decir lo que sentimos por las personas y los hechos destacados. Celebrar y conmemorar efemérides tiene que ver con la expresión humana de manifestar los afectos. Así que los seres humanos han buscado, a través de la historia, fechas para conmemorar hechos importantes. Hay entonces una clara y compleja relación entre la fiesta y el tiempo. La fiesta rompe con la rutina de la vida cotidiana. Tiene el carácter constitutivo del tiempo social.   Uno de estos días, de los muchos que tenemos en Colombia, es el “Día del Padre”, que se ha establecido para rendir homenaje a los padres del mundo. En Francia y en la mayoría de los países iberoamericanos, se ha adoptado la fecha de origen estadounidense, donde se festejó el primer “día del padre” el 19 de junio de 1910, en Washington.  En 1966 el presidente Lyndon B. Johnson firmó una proclamación que estableció el tercer domingo de junio, como día para rendir este homenaje.

Más allá de la fecha histórica y de su origen consideramos que, en nuestra tradición cultural, el Día del Padre es una ocasión perfecta para expresar nuestros afectos y fortalecer los lazos familiares, aun inventando formas no convencionales de hacerlo, teniendo en cuenta las circunstancias de emergencia que estamos viviendo, para reconocer los esfuerzos que este miembro de la familia realiza para proteger, nutrir, (que no solo es alimentar) y amar a su familia. Afortunadamente, el rol que desempeñan los padres en la vida actual ha cambiado, porque ha disminuido el concepto machista que la sociedad tenía del papel de la madre y del padre dentro de la familia. La mujer reclama igualdad y ayuda en la crianza de los hijos y en la administración del hogar e general.

 Históricamente la figura paterna estaba relacionada casi exclusivamente con la manutención de la familia, la seguridad, la imposición de la disciplina y la formación y control del comportamiento y de las emociones de los hijos, sin embargo, ese rol ha evolucionado en forma fundamental, pues es ahora mucho más cercano y activo en la formación integral de los hijos. El padre ya no es solo el progenitor, hoy el papel del padre es mucho más trascendental y humano, al punto que se puede amar, respetar y admirar mucho más a quien desempeña su papel, que al mismo que haya engendrado las vidas de las personas. Padre es aquel que marca la huella en la familia, para que sus hijos elijan el camino adecuado. Padre es quien ayudó a descubrir la identidad de sus hijos a través de la vida. Padre es quien acompañó a sus hijos en el desarrollo emocional y cognitivo.   Un padre inteligente puede ser un soporte en la formación adecuada de sus hijos, pero un padre irresponsable, autoritario y violento, puede constituirse en el fracaso definitivo de la vida de sus hijos.

Para finalizar, desde esta columna, felicitamos a aquellos padres biológicos y progenitores que día a día cuidan de su familia, pero también, y con mayor razón, a aquellos que, por uno u otro motivo, reemplazaron a quienes no lo hicieron; a aquellos que supieron entender su papel frente a la madre y la acompañaron en esta hermosa pero difícil tarea. Queremos también rendir un sentido homenaje en este día a esas mujeres valientes, que son muchas, que cumplen ese doble papel de “padre y madre” y quienes, solas, han sabido ser faros y señales para que su familia pudiera llegar segura a la cima de la montaña, desde donde han visto a sus  hijos levantar un vuelo seguro y partir, con la satisfacción de haberlos dotado de todo lo necesario para ser personas de bien.  


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