Indolencia de Cedenar y un periodismo entregado

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En estos días, el jueves, el gerente de Cedenar Jorge Chingual Vargas fue entrevistado por diferentes periodistas de la región sobre el consumo de energía, la lectura de medidores y el pago de recibos.

Por Alejandro Castillo

Con excepción de Miguel Ángel, «el chivo» Villarreal, los demás  periodistas dejan ver una crisis en el periodismo nariñense. Periodistas acomodados, conformistas, sin criterio, menos aún, sin poder de palabra.

Habría que preguntarse qué está pasando con el programa de Comunicación Social de la Universidad Mariana. Preguntarles si más allá de egresar a futuros comentaristas deportivos, de chismes y cubridores de notas insulsas, hay una formación académica necesaria con la región con estos hombres y mujeres que se dedicarán a informar o si sus intenciones son que estos egresados sigan desinformando y adormeciendo como lo están haciendo.

¿Y los periodistas que se fueron a formarse en universidades fuera de la región no se han encontrado con buenos maestros, buenos compañeros, buenos grupos de discusión que les generen dudas y expectativas y les empoderen la palabra?

¿Es eso lo que tenemos? Un periodismo que quiere pasar por crítico, pero en realidad está acomodado. Las preguntas que deben hacerse son aquellas que generen escozor, pongan en cuestión al entrevistado y lo saquen del lugar. El periodista cuestiona permanentemente al poder, de otra forma no funciona, de otra forma es propaganda. Su razón de ser es la resistencia al poder.

El gerente de Cedenar entre argumentos técnicos asume como gran conclusión que la empresa no puede perder. Si no serán las administraciones municipales del departamento las que paguen los recibos de los ciudadanos, serán los usuarios, pero los recibos al final se pagarán. No hay otra alternativa. La humanidad se pierde entre argumentos técnicos. Si albergábamos la esperanza de que la pandemia cambie a la humanidad, esa esperanza cada vez se ve más distante. Quienes eran resentidos, la pandemia les ha acentuado el resentimiento. Quienes eran usureros, hoy lo son más. Estamos en una sociedad donde importa antes que la vida, unos cuantos pesos.

El gerente de Cedenar debería, al menos, tener presente tres cuestiones. Primero, si la vida es sagrada, debe serlo con los empleados de la empresa. Los empleados deberían tener todas las condiciones de bioseguridad para no ser expuestos. No sólo en Cedenar sino en cualquier empresa. Segundo, si la vida es sagrada, debe ser una vida digna. Ello amerita solidaridad por parte de estas empresas. En una época donde la gente se quedó sin trabajo, donde la tiene bien difícil para comer, el pago de servicios debe ser secundario para quienes no puedan hacerlo. Es obvio que el consumo de energía subió si todos estamos metidos en la casa sin poder salir, pero también subió el consumo de agua, gas e Internet. ¿Por qué con las demás empresas no se generan problemas similares e inconformismo en los ciudadanos?


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