Salas de cine

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

La exhibición cinematográfica en ciudades intermedias como Pasto ha venido de más a menos con el paso de los años. Hubo un tiempo en que ir al cine era la mejor opción cultural y lúdica de la ciudad y por eso para todo el mundo era un gran plan ir al Gualcalá, al Alcazar, al Colombia o incluso al Imperial, aunque este centrase por años su programación en cine erótico. En ese tiempo todos los salones de actos de los colección proyectaban cine y Pasto podía hablar «de tu a tu» con otras ciudades sobre el tema.

Después todo se fue a pique por diferentes factores (economía, narcotráfico, inseguridad…) y renació con los Centros Comerciales. Fue un fenómeno nacional que acabó definitivamente con las viejas salas, convertidas algunas en templos de oración. Hoy en Pasto las salas de cine están asociadas a esos centros y a las grandes cadenas de supermercados. Es decir, donde se concentra el público en masa.

Pero ahora con el tema del Covid-19, ¿se estrecha el círculo sobre las salas de cine? Cuando pasemos a la fase definitiva de la desescalada, ¿volverá la asistencia de la misma forma que antes?

Ya antes de la pandemia el tema estaba sobre el tintero. En los últimos premios Oscar, el debate estaba en quien ganaría: si Tarantino con su Érase Una Vez En Hollywood, rodado para cine tradicional; o Scorsese con su El Irlandés, hecho para pantallas caseras. La organización premió a Tarantino justificando que sus sistemas de medición eran las salas, pero el tiempo le ha dado la razón a Scorsese que había trabajado para Netflix.

Por eso se piensa que el siguiente paso que debe dar el sector de la exhibición es un sistema híbrido. CineColombia ya lanzó una plataforma de entretenimiento digital que se llama Cineco Plus, con un buen stock y con el sistema de alquiler y compra. Ya no vas a ver la cartelera, sino que la cartelera llega a tu casa y a las pantallas que dispongas. Pero así, esta empresa que tiene casi 350 salas en 17 ciudades, va un poco lenta en la adaptación a los nuevos tiempos digitales.

En Europa, por ejemplo, hay una polémica: ¿qué pasa con los estrenos cinematográficos? Los que estaban previstos para esta época se han tenido que aplazar, con lo cual estos se van a sumar a los estrenos previstos para el segundo semestre, provocando un efecto embudo en la exhibición. Y todo eso pasa porque las empresas exhibidoras siguen pensando en las salas como único sistema de presentación de una nueva película.

Y lo mismo pasa con los entes gubernamentales. Un Ministerio de Cultura, por ejemplo, le da un dinero de apoyo a una película siempre y cuando se exhiba en salas y festivales. Si esa condición no se amplía a las plataformas digitales, miles de productores no podrán apostar por una nueva película. De allí a un efecto dominó que afecte a toda la industria, sólo hay un paso.

Y allí está uno de los dos problemas que traerá para nuestra región esta circunstancia: la realización, que ya de por si es pobre y está en pañales, se verá aún más restringida. Los chicos que quieran hacer cine tendrán que buscarse la vida en el exterior. Así ha sido siempre, pero no debería serlo siempre.

Y el segundo problema es que poco a poco ese ritual de ir a cine, a aprender, a divertirse, a compartir, va cambiando. Al menos los espacios van cambiando. El avance del mundo digital es inexorable.


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