Violencia contra la mujer, ¿Quién la detiene?

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Hasta cuándo tendremos que aguantar los colombianos la desidia y la indecisión de las autoridades para que se enfrente con herramientas más eficaces y hayan mejores resultados, la violencia contra las mujeres y los menores de edad, que hoy va en aumento, sobre todo en esta época de pandemia.

Por Edwin Mejía Ch.    frankymejiach@yahoo.es

Es inadmisible que desde varias décadas atrás que se viene exigiendo a gritos una pronta solución al problema, no se le haya parado bolas al asunto, para reducir así, al máximo, las tristes y preocupantes cifras que sobre el tema nos muestran los medios, sobre todo en los últimos días.

Hace poco, la Personería Distrital informó que en los primeros meses del año se han formulado en las Comisarías de Familia cerca de 8200 denuncias por maltratos, especialmente en contra de mujeres y de menores de edad.

Cerca del 70 por ciento de estos casos se registraron durante el tiempo que se presentó el primer brote de Corona-virus en Colombia, y en la época en donde ya existía confinamiento. Inclusive informan, a manera de ejemplo, que en un solo día (20 de abril) se recibieron unas 622 demandas, lo que equivale a cerca del 8 por ciento del total del año.

En torno al tema podría haber una noticia alentadora, pero no, definitivamente no; las agresiones en el 2020 dizque se han reducido en un 5 por ciento, con respecto al año pasado, refiriéndose a las que se hicieron en contra de los menores de edad. Sin embargo, se supo que Antioquia, Cundinamarca y Valle encabezan el mapa estadístico del país, en donde más se violentan a mujeres y niños.

Enfocando el tema desde el punto de vista internacional podemos decir que sí existen tratados relacionados con el asunto. Hay un convenio multinacional, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Violencia Contra la Mujer (CEDAW), donde se señalan normas específicas sobre castigos a los victimarios, en sus numerales 12 y 19, las reglas de nuestro país son menos drásticas.

Si el panorama en las grandes ciudades de Colombia, refiriéndonos al tema de la violencia contra la mujer y los infantes, es grave, imagínense lo que pasa en los sitios más apartados de nuestra geografía, en esas poblaciones que nadie conoce, ni sabe dónde quedan.

Por ejemplo, allá donde habitan las víctimas pertenecientes a las diferentes tribus indígenas colombianas y violentadas; adicionalmente a ese maltrato ya sufrido (el de la violación), ellas son afectadas con otras trabas adicionales a las del común de la gente, como la falta de traductores, (en los juicios no siempre se habla su idioma natal), falta de líderes de su comunidad que se encarguen de hablar de sus creencias y costumbres ancestrales, para que así las defiendan mejor.

Volviendo al país en general, cuando la queja, por ejemplo, es por violencia sexual, a todas las víctimas las ponen a dar vueltas por diferentes lugares, (oficinas, dependencias, comisarias, juzgados, cuarteles de Policía, etc.), a relatarle con detalles a uno y a otro funcionario lo ocurrido, sin pensar en el sufrimiento de la víctima en esos momentos.

Acordémonos también de los recientes vejámenes proferidos en una emisora contra las mujeres wayuu, por parte de un seudoperiodista de la costa que se llama Fabio Zuleta; eso también es violencia y debe ser castigado

En Colombia, en vez de endurecer las penas a los violadores de mujeres y de niños, se ablandan los castigos; ya hoy se supo que empezaron las rebajas de pena a los condenados; por ejemplo, la del arquitecto Rafael Uribe quien violó y mató a una inocente niñita, perteneciente a una comunidad indígena; me pregunto ¿eso será justicia?

Hay que reformar urgente las leyes, ya sea para hacer más efectivos los castigos a los culpables o para reducir así el dolor a las afectadas, cuyo único delito fue ser mujer.


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