Cine y literatura, fórmula compleja

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Escena de El Coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, en la versión de Arturo Ripstein. Foto Alamy stock photo

Las versiones fílmicas de obras literarias no están comprometidas con la fidelidad temática propuesta por el autor, sino con la visión del director.

Por Víctor Chaves R. Reportero Nómada

No siempre, por no decir casi nunca, las versiones y las adaptaciones cinematográficas que se hacen sobre obras literarias intentan de entrada mantener grados notables de fidelidad hacia la historia que cuenta originalmente en las hojas de los libros. Por el contrario en la mayoría de las ocasiones, los directores buscan alejarse de la “originalidad” como paso inicial para mostrar su propia apreciación del contenido.

De ahí adelante todo es susceptible de someterse a la modificación. El tiempo, el espacio, los personajes, el vestuario, la ambientación y por supuesto la historia misma. Por supuesto, todo esto se convierte en un mar de dificultades cuando se intenta hablar de cine y literatura en las aulas de clase. Un problema que, por supuesto deben resolver los profesores. 

Cine y literatura casi nunca van de la mano: Los 4 Evangelios, el mejor ejemplo 

Para tratar, por ejemplo de reproducir la vida de Jesucristo, es prácticamente una obligación supeditarse a lo que cuentan los Evangelios en la Biblia, el libro matriz del cristianismo. Nada nuevo, si se tiene en cuenta que desde mucho antes el teatro ya se nutría hasta la saciedad de la Historia Sagrada.

Muchas versiones se cuentan desde los primeros años del cine y por supuesto la crítica no se calló; ni la que respalda las versiones más apegadas al texto original de la narración religiosa, ni la que le da buena calificación a las versiones que en sus épocas se atrevieron a salirse del molde, como Jesucristo Super Star, una ópera moderna que en 1973 montó Norman Jewison, en la que ponía en duda la fidelidad de la Historia Sagrada y cuestionaba la idealización de Jesús y el acto de alejarse de elementos fundamentales como la lucha contra la pobreza y la miseria, por ejemplo. 

Gabriel García Márquez: ¿Víctima y victimario del cine? 

Un caso bastante particular tiene que ver con el ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982, el colombiano Gabriel García Márquez, pues de él se puede decir que fue arte y parte en la historia de la cinematografía de América latina y de otros lares. Como amante del cine, escribió guiones originales, permitió versiones y adaptaciones de muchas de sus grandes obras literarias, financió producciones de diferentes presupuestos y hasta fue el fundador de la famosa Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba.

Sin embargo para la crítica especializada, sin un consenso claro ni definitivo, por supuesto, los resultados alcanzados con todos esos esfuerzos no son ni mucho menos, los ideales. Para el ex director de la Cinemateca Distrital de Bogotá, Colombia, Augusto Bernal Jaramillo, la obra cinéfila alrededor de las novelas y cuentos de García Márquez es nefasta, pues apenas rescata el trabajo de un par de directores en medio de un mar de fracasos y resultados lamentables.

Carlos Fuentes, escritor y guionista de cine.

Solo para recordar y darles ideas a los profesores que quieran trabajar con la obra del Nobel colombiano y su relación con el cine, se puede mencionar que sus guiones e historias pasaron por las manos de los mexicanos Carlos Fuentes (escritor y guionista), Luis Alcoriza (actor y director), Juan Rulfo (escritor y guionista) y Arturo Ripstein (director de cine), entre muchos otros; del chileno Miguel Littin (guionista y director), del mozambiqueño, Ruy Guerra (director); del italiano Francesco Rosi (director) y del cubano Tomás Gutiérrez Alea. 

Cine y literatura en la apreciación cinematográfica 

Los educadores que utilizan el recurso de la apreciación cinematográfica deben tener mayor cuidado cuando se presenten versiones fílmicas de obras literarias con amplia trascendencia histórica, como los clásicos, por ejemplo o los que son de autoría de personajes reconocidos universalmente.

Es claro, para dar claridad al tema, que las películas que narran la epopéyica historia de los personajes creados por Homero, son demasiado parciales, muy superficiales y sobre orientadas más hacia el género de las aventuras que de otra cosa. Esto para mencionar un ejemplo de los riesgos que se corren.

Un ejercicio interesante puede ser combinar las dos opciones: trabajar tanto con la obra literaria como con la película; realizar debates, ensayos individuales, representaciones colectivas, discusiones abiertas… En fin, lo que se puede hacer es múltiple y muy profundo.


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