El Carnaval 2021

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

Hace pocos días se anunció que, debido al Covid-19, los eventos previos al Mardi Gras de Nueva Orleans en 2021, uno de los carnavales más importantes del mundo, se cancelan oficialmente… excepto los desfiles.

Es curioso que los krewes, como se conocen a las asociaciones, cofradías y peñas del Mardi Gras sigan trabajando, con pandemia de por medio, como si el evento fuese a llevarse a cabo, cosa que nadie sabe, pero que todos esperan con optimismo.

El Mardi Gras ha pasado por una guerra civil, dos guerras mundiales y el Huracán Katrina y se ha mantenido en pie desde 1857 con un sistema aparentemente simple: sacar el desfile principal del perímetro urbano de Nueva Orleans. La edición de 1979, por ejemplo, se trasladó a las poblaciones cercanas ante la huelga general de policía. El resultado fue menos problemas porque hubo menos aglomeración de gente.

El Covid-19 es una prueba aún mayor para el Mardi Gras, pero también para el Carnaval de Río, el Carnaval de Venecia, el Carnaval de Barranquilla y, por supuesto, para el Carnaval de Blancos y Negros. Y la actitud de los krewes en Nueva Orleans plantea la pregunta: ¿se debe trabajar igual que siempre hasta que se cancele? O ¿se debe cancelar ya y que no se trabaje más?

En Pasto se vienen haciendo largas reuniones para escuchar las opiniones de todos los entes implicados y ver si existe alguna alternativa segura para realizar parte de las actividades del carnaval. Está claro que el tiempo apremia y que mientras no exista una vacuna para el Covid-19 no habrá seguridad total para el público. Pero también está claro que el Carnaval es El Evento de la ciudad, que mueve el mayor presupuesto de Pasto y que genera una cantidad enorme de empleos indirectos y puntuales.

El tema de la seguridad sanitaria pasa por recabar las opiniones médicas, científicas y tecnológicas y, en cualquier caso, invertir en sistemas de prevención. Y, según me cuentan quienes participan, no hay plata, al menos de parte de la Alcaldía, principal proveedora del dinero anual.

Y esto nos lleva al tema de la economía. El Covid-19 ha desnudado los problemas del Carnaval como ente financiero. Corpocarnaval es un administrador de recursos y un gestor de actividades, pero depende de las ayudas y se la pasa todo el año pidiendo. Como esos dineros van llegando poco a poco, siempre es complicado satisfacer las demandas de recursos de las personas implicadas a tiempo. Artesanos de carrozas, por ejemplo.

Es el problema de un sistema de economía mixta, en la que hay un patrocinio público y privado, pero la toma de decisiones es gubernamental. El Carnaval no es una fundación, como ya existe en Barranquilla; ni tiene un ensamblaje como en Río De Janeiro donde las Escolas de Samba son autónomas; ni depende de las krewes como en Nueva Orleans, que además de constructoras de carrozas, son clubes sociales que realizan actividades durante todo el año y recaudan fondos con fines benéficos.

Así las cosas es bastante complicado apostar por «empresas» más grandes, como realizar en enero el desfile de Carnavales del Mundo que se suele realizar en junio con invitados de varios lugares. De esta forma la celebración se trasladaría a un desfile, eliminando la fiesta en los tablados y permitiendo que empresas privadas de otros países inviertan en su transmisión por televisión y a través de Facebook live, Instagram live y Youtube en streaming. De esa manera se eliminarían los hoy temidos tablados musicales y se evitaría la aglomeración.

Habrán muchas ideas en el tapete de las discusiones, aunque en Pasto dar una idea y que salten las críticas y los resabios es casi lo mismo. Es una especie de deporte local al igual que otro bastante común: la llamada desobediencia civil.

Hoy pocos lo recuerdan, pero en 1980, debido al maremoto que destrozó Tumaco y cegó la vida de 300 personas, el Carnaval de Blancos y Negros fue suspendido. Los ecos de la tragedia se sintieron en Pasto la noche del 11 al 12 de diciembre del 79 y le siguieron jornadas de duelo y solidaridad. No hubo, pues, fiestas organizadas, ni desfiles, ni orquestas contratadas. Pero la gente salió a la calle y bailó y se echó talco y se juntó crema y el 28 se rompieron los hidrates y se echó agua.

Es otra época, es otra tragedia y quizás le estemos dando demasiadas vueltas a un asunto que podría invertirse. Es decir, hacer como Las Fallas de Valencia, en las que se construyen carrozas, pero no hay desfile. La gente va a los barrios a verlas y ya está. La ciudad convertida en museo del Carnaval.


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