CIERTO VELORIO EN ZOOM

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Por Daniel Olarte Mutiz.

Debo advertir que no soy muy amigo de los velorios. De hecho si pudiera, no iría ni al mío, sin embargo por protocolos, amistades, el «qué dirán», los insultos en las redes privadas y un singular menú de improperios decidí asistir a la ceremonia fúnebre, obviamente muy familiar e íntima.

El zoom está de moda, no habría porque no estar en la jugada, máxime si se trataba de un familiar al que por comprensibles razones no podríamos despedir y al menos mirarle su rostro trémulo en medio de un cajón, del cual, algún pato en el velorio pudiera haber comentado: «muy cómodo por cierto…y el vidrio está gruesito».

Rememorando, una de las razones por las cuales no me gusta asistir a esta clase de actos es porque generalmente me invade una sensación de hilaridad que menoscaba mi voluntad y tan solo con la mirada y cualquier guiño puede ser altamente contagiosa y, quizás mucho más que el Covid 19.

A propósito, en la invitación a la reunión no se mencionaba la causa de la muerte del pariente, pero a muchos ya nos rondaba la pregunta e inevitable resultaba especular y elucubrar: el pariente ya rondaba los setenta y en la última llamada telefónica, una tosecita seca generaba el absurdo temor de cortar la llamada. En fin, el primo Braulio, esposo de la prima Tulia ( ni siquiera sabía que la prima Tulia había fallecido hacía un par de años antes atorada con un trozo de gallina ante la mirada atónita de los comensales, quienes habían creído que la prima no podía contener la risa del chiste maluco que terminaba de contar) al parecer murió asintomático y no se discuta más sobre ese tema.

La reunión estaba convocada para las seis y treinta de la tarde y, minutos previos recibí llamadas de algunos parientes que se encontraban totalmente confundidos e ignoraban que la asistencia al velorio era virtual.

Con paciencia le expliqué a la prima Eulalia lo principal: páseme a su nieta Deyanira la quinceañera y asunto arreglado. La Deya se encargaría de prestarle su celu y ubicarla en buen sitio para que pudiera hacer parte del coro aflautado de parientes respondiendo el » brille para él la luz perpetua».

Como quiera que sea la decisión estaba tomada y asistiría al velorio del primo Braulio con cierto resquemor y algo de resentimiento pueril, porque el primo fue quien en mi primera comunión no me llevó regalo, se repitió tres veces plato frío y según lo que contó la prima Martica en aquella ocasión, se lo vio rejuntando todos los sobrados de las copas de vino Cinzano para tomárselas de manera subrepticia en la cocina, a pesar del llamado de atención de la abuelita Carmela, quien era la estricta regente de la parafernalia alimenticia de aquella celebración.

No lo oculto, el sentimiento que siempre tuve hacia el primo Braulio era una amalgama de resignación y compasión, además de su imagen de tacañez y oportunismo a ultranza.

Recuerdo cuando corrió la bola en el barrio que mi papá se había ganado un premio seco de la lotería de Nariño (una chanza que se habían inventado sus compañeros de trabajo, con el fin de cobrarle una de las tantas que les había hecho) , el primo Braulio apareció de primero con su robustez inconmensurable en la puerta de la casa, con su alegría y desbordada algarabía preguntando por mi papá…..¡ah primo Braulio !, ni siquiera te apareciste en el velorio del viejo.

Bueno, tampoco está bien sacar en cara estas situaciones en estos momentos en que esa solidaridad nos tiene que invadir y vestir para llegar compungidos de rostro ante la estéril y aséptica pantalla de un computador.

Otra pregunta antes de entrar a la reunión virtual: ¿ Como habrán hecho para acomodar al primo Braulio en el cajón?. Que yo sepa y hasta que supe de él, nunca bajó de 140 kilos muy a pesar de estar setentón. Se me viene a la cabeza el comentario que hizo el primo Arnoldo un 24 de diciembre después de mirar la arrasadora actitud del primo Braulio con los tamales y el champús de la abuela Carmela: » Si este se nos llega a infartar, tocará conseguirle una de esas cajas de madera de los nevecones que desocupan donde el Navia».

Poco le gustó el chiste y de inmediato y mientras le chorreaba un hilillo de champús por la comisura izquierda, balbuceó: » y a vos angarillo malparido te vamos a enterrar en un PVC de media». La respuesta fue seguida por un silencio decembrino que tan solo fue interrumpido por el sulfuroso aroma que salía debajo del follado de doña Gratulina, la íntima de la abuela Carmela. Todos nos miramos y desviamos la mirada hacia el lunar poroso, rosáceo y carnoso que se mecía en la nariz de doña Gratulina, quien reía como el perro pulgoso de los dibujos animados.

Se hicieron las seis y quince y estoy dando las últimas instrucciones a Edgar, para que por favor a través de su celular, le permita al tío Euclides, asistir al velorio:

  • ¡primo, mi celu anda mal de memoria y no aguanta bajarle una aplicación mas !
  • Borre porno y no le niegue al tío esa posibilidad, no sea mierdita.
  • Voy a ver que hago…mejor primo dígale a Eufrasia, ella lo tiene casi sin estrenar.
  • Ustedes verán, es problema suyo. Si el tío Euclides se entera hasta le da por llegar allá a la sala de velación, ya lo conocen lo necio que es.
    La verdad sea cierta es la primera vez que asisto a un velorio de corbata pero en calzoncillos. Creo lo amerita. Saqué del clóset la camisa negra y también la corbata amarilla del uniforme de la orquesta, no creo que algún miembro del combo ande colado en ese ciberespacio.
    Son las seis y veintinueve, acomodo el portátil sobre la mesa de comedor y entonces busco el link de invitación del primo Bernardo ( hijo mayor del primo Braulio. Es un docente universitario aventajado y presume de estar en la punta de la tecnología misma), sin embargo me cae bien, parece ecuánime, aunque caras vemos y no sabemos cuántos también asistan en calzoncillos.
    Seis y treinta, estoy listo, pero me asalta la duda: entro o no entro…¿ y si me río?¿ si me pasa lo mismo de los velorios en vivo y en directo?.
    Entré. El circulito comenzó a desplegar su giro y apareció el «unirse a la reunión». La pantalla parece esconder mil fantasmas tras el vidrio y no deja de provocar esa ansiedad que no sientes cuando abres de manera normal tu equipo y comienzas a carpetear para escuchar música o revisar fotos o contestar correos o pequeños mensajes que muchas veces se ciernen en el spam.
    Ahora la pantalla es un ser vivo y parece indagarte. Se abrió y aparecieron los primeros conectados. El primo Bernardo aún tiene bloqueada su imagen y sonido. Comienzan a desplegarse cuadritos y el murmullo se hace evidente. Se activan de vez en cuando y en mi pantalla ahora veo cantidad de rostros que requieren mi agudeza visual para distinguirlos.

Se conectó el primo Bernardo e hizo las advertencias de rigor: por favor, mientras van llegando a la reunión mantengan apagados sus micrófonos hasta el momento de comenzar el ritual y las oraciones.
¿ Qué tendrá planeado el primo Bernardo? ¿ Acaso nos sorprenderá con un aséptico acto académico donde aparecerá como invitado algún profesor del departamento de física para hablarnos de las coordenadas de la muerte y la ecuación de la masa del primo Braulio, multiplicada por la velocidad sobre dos kilos de ceniza de la prima Tulia?
No hay que ser pesimistas. Acataremos las órdenes. Desplacé de manera disciplinada el mouse y apagué el micrófono y también el ícono de la camarita para que no me vieran. Sólo mirarían la imagen de un Dalí derritiéndose junto a su reloj, como si el espejismo del tiempo insistiera en darnos una lección de humildad. Pero tampoco puedo resistirme a la tentación de quedarme fisgoneando para saber quién tanto se conecta.

Algunos no acataron la recomendación del primo Bernardo y mantuvieron abierto el micrófono: ladridos de perros de diferente pelambre al menos de tres pantallas; sonidos de ollas en completa orquestación de cocina; televisores encendidos vociferando el inventario de muertos hasta el momento por la pandemia; uno que otro monosílabo, mezclado con el filudo llanto de un bebé clamando teta desde su estrenada sensación de hambre. Resulta curioso también mirar algunas personas conectadas con el tapabocas puesto, como si temieran que les llegase el aura infectada del primo Braulio. Esa despersonalización que me invade hace que me torne frío y a la vez con una sensación de perversa curiosidad. ¿ Se conectarán los hijos no reconocidos del primo Braulio? ¿ Bernardo en un claro gesto de ecuanimidad les haría llegar la invitación?. Bueno, después de todo son familia y también llevan la sangre chinchosa del primo Braulio, desde luego que son familia y esta resulta oportunidad para conocerlos…..(Continuará).


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