Reflexiones sobre afrocolombianidad

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Y la nave va…
Por Daniel Olarte Mutiz

Hay quienes, quizás de manera errónea y fatua, han tomado el término afrocolombianidad, como una especie de eufemismo para significar en un contexto sociológico la reivindicación y visibilización de una minoría desde la perspectiva de una mayoría aparentemente dominante, que para este caso sería la mal llamada raza blanca, o acaso mestiza. En todo caso que no tenga genética con raíces africanas.

A través de la historia, la continua lucha contra el racismo en el mundo, ha ido consolidando un discurso coherente en torno a la visibilización de la cultura afro y, ha posibilitado que en las legislaciones de muchos países donde la diáspora africana se ha hecho presente, se hagan leyes para generar espacios de inclusión y equidad.

Ahora sí, no se trata de estar conformes con la dinámica migaja que algunos legisladores abanderados de las luchas afro, han pretendido incluir en el contexto normativo. No, la lucha va mucho más allá de los meros reconocimientos o visibilización a medias, porque lo cierto es que las poblaciones afro de la tierra aún viven condenadas en varios aspectos a los cien años de soledad garciamarquezcos y no ha bastado la actitud rebelde de Rosa Parks aquel primero de diciembre de 1955 en Alabama, cuando en un autobús se negara a cederle un asiento a una persona de raza blanca.

No podemos negar que ahora la población afro es mucho más visible en el contexto de igualdad de derechos y a través de discursos de interculturalidad no solo se reconoce, sino que también se valora. Ello ha permitido que poco a poco se vayan generando espacios de inclusión y logros como la ley 70 que podría ser una piedra angular en la consecución de esos propósitos.

Pero a través de procesos auto evaluativos se puede vislumbrar una carencia de liderazgo efectivo, o acaso que esos disfrazados liderazgos han hecho naufragar nobles propósitos, porque falsos líderes desde su criterio utilitarista y egoísta han hechos perder esperanza y ello obstaculizado procesos para generar dinámicas que puedan equiparar a la población afro descendiente hacia un mercado laboral equitativo y romper el umbral de otros ámbitos para que ello se pueda consolidar y hacer un frente común.

Resulta erado entonces, quien piense diferente a que los nuevos líderes afros deban construirse desde una perspectiva que implique considerarse ciudadanos del mundo y no bajo parámetros de racismo subconsciente. El líder debe ser íntegro y esa integración se debe construir paralela al lenguaje, porque de nada vale atacar el racismo hacia los afros si ellos se conciben como atacadores de lo que sea distinto a su color.

Hay un arduo camino por recorrer y por ello es importante que se propicien y sigan implementándose espacios y foros donde la gente no solo opine sino que genere discurso constructor e integrativo, desde la perspectiva de aldea global, de interculturalidad, cimentada en superar los conceptos de mestizaje y sincretismo para amalgamarlos dentro del contemporáneo hibridaje cultural.

En este mes de la afrocolombianidad, en Colombia se han generado espacios virtuales para que la cultura afro tenga afianzamiento en sus propuestas. De ahí que saludamos esos logros que en la Costa Pacífica vienen desarrollando lideresas como las comunicadoras sociales Marcela Góngora e Ivonne Quiñones, quienes desde una perspectiva lúcida y coherente se han dedicado a construir unidad. De la misma manera y desde la institucionalidad, es saludable lo que viene desarrollando la ingeniera Dallys Dájome Arizala en la subsecretaría de desarrollo comunitario de la gobernación de Nariño, para celebrar la cultura afro a través de charlas, conversatorios y pequeños foros, que permitan superar los arquetipos de la menoscaba y vituperada cultura afro en nuestro terruño, y más allá de crear rivalidades, establecer puentes de integración que puedan sanar esos mitos malsanos construidos en la desenfocada cultura popular, que ha querido mostrar al afro tan solo desde su espíritu bullanguero (o corrinchero como dirían mis amigas afro) y predispuesto a la rumba y a la holgazanería y no como el ente ciudadano que coadyuva para construir país.


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