Sobrevivientes de la pandemia, ¿Qué hacer?

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Aunque hayan superado la etapa más difícil, quienes se recuperaron del COVID-19 pueden llegar a sufrir afectaciones en su salud que deben ser examinadas y atendidas.

Actualmente, alrededor del mundo más de dos millones de personas han sido infectadas por el COVID-19 y a la fecha se han recuperado más de medio millón. En Colombia, a mitad de abril, el Ministerio de Salud y protección social, registra 3.105 casos en el país de los cuales, 452 se han recobrado.

Aunque lo peor ha pasado, la batalla de estos sobrevivientes no se detiene al darlos de alta de cuidados intensivos. Una vez han salido de terapia intensiva, se da inicio a la fase de recuperación fisiológica y sanación clínica de las complicaciones derivadas del COVID-19.

Dulfary Mejía Vanegas, Docente del programa Terapia Respiratoria en Areandina, explica algunas de las secuelas que puede dejar el virus en quienes han sido infectados:

  • Afectaciones graves en los pulmones y el corazón (miocarditis, vasculitis y necrosis de células miocárdicas), y el hígado y la vesícula biliar se encuentran degenerados con necrosis focal e infiltrados con neutrófilos.
  • Lo mismo sucede en los glomérulos y los túbulos renales, donde se hallan microtrombos y focos fibróticos en el intersticio renal.
  • A nivel cerebral, existe hiperemia y edema con degeneración de células cerebrales.

Además, la experta señala que síntomas como la fatiga, la pérdida de peso, el dolor secundario a la intubación, la miopatía y polineuropatía son resultado del periodo de inmovilidad. Ante esto advierte que: “Aunque se hayan recuperado, estas personas no deben quedar a la deriva. Es una población vulnerable a las complicaciones y a la descompensación por comorbilidades ya existentes. Deben recibir atención por profesionales médicos que garanticen el cumplimiento de los cuidados necesarios”.

Mejía comparte la serie de cuidados que los pacientes, después de la fase aguda del COVID- 19, deben seguir:

  • Contacto telefónico al alta por parte de su unidad de atención sanitaria entre las 24 y 48 horas para programar seguimiento en función de una evaluación del estado clínico.
  • Concientizar e informar al paciente y a su núcleo familiar sobre las medidas de aislamiento y su duración.
  • En la neumonía leve con buena evolución, no es necesario hacer radiografía de tórax de control.
  • En los casos moderados y graves con neumonía, se debe realizar control radiológico a las 6 u 8 semanas y, si hay signos de fibrosis pulmonar, realizar pruebas de función pulmonar (espirometría) y tomografía axial computarizada (TAC).
  • En pacientes con alteraciones del sistema cardiovascular se debe realizar el seguimiento electrocardiográfico.
  • En los pacientes que ingresaron en la unidad de cuidados intensivos (UCI), además de los síntomas respiratorios, se debe valorar el síndrome de debilidad muscular deterioro cognitivo, trastornos anímicos y consecuencias derivadas del aislamiento social después de cuidados intensivos.
  • En enfermedad por COVID-19 grave con alteración de la coagulación, se debe recomendar la continuación del tratamiento con anticoagulación en dosis profilácticas hasta completar un mes.
  • Se debe garantizar la rehabilitación pulmonar para mejorar la capacidad vital, la capacidad residual funcional y la capacidad pulmonar total.
  • La terapia física beneficia a los pacientes en la recuperación de la fuerza y el tono muscular alterados por el periodo de inmovilidad.

Para Mejía, es fundamental recordar que: “El cuidado más importante es la solidaridad. A pesar de la incertidumbre, es importante no excluir a quienes se han recuperado. Ya que, la preocupación de los pacientes que sobreviven al COVID-19, es que puedan ser estigmatizados”.


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