Pandemia y carne

Compartir en:

Por Daniel Olarte Mutiz.

En muchos casos, uno no presta atención a los veganos o al menos a quienes no consumen proteína animal, pero cuando se analiza el fenómeno a la luz de la actual pandemia, se encuentran datos que ponen a reflexionar y de manera honda, puesto que la industrialización de la proteína animal hace que desde muchas zoonóticas, surjan mutaciones que hoy aparecen a la  luz pública. Hoy se sabe desde argumentos científicos sólidos que pueden ser focos de nuevas patologías transmitidas por animales a los seres humanos, y no solo es el hecho aislado del inocente murciélago en un mercado chino.

Muchos investigadores han intensificado los estudios al respecto y se dan cuenta que sus investigaciones tienen vasos comunicantes y apunta a las mismas conclusiones: La llamada «revolución ganadera», desde su dinámica industrial, se impuso ante las pequeñas granjas o granjas sostenibles, y ahora la proliferación de macrogranjas, se impone ante cualquier modelo, pues la necesidad creada en el subconsciente de la población para el consumo de carne y proteína animal se convirtió en tendencia y ello posibilitó el crecimiento desmesurado de la población ganadera con la consecuente aparición de las infecciones resistentes a los antibióticos y así, mutaciones que igual se hacen resistentes y poco a poco van encontrando sus puentes a la población humana a través del creciente consumo.

Para nadie es un secreto que el excesivo consumo de carnes rojas intoxica al cuerpo y, si a eso le sumamos los nuevos patógenos que nacen de la macro producción, nos daremos cuenta que no hay exageraciones en quienes protestan por ese modelo que intoxica a la raza humana.

Pero ello no se queda ahí, las investigaciones que se hacen desde parámetros interdisciplinarios apuntan como ese nuevo modelo de macro producción tiene real incidencia en la amplificación y mutación de patógenos, así como el riesgo creciente de diseminación de enfermedades.

Además, estudios apuntan a que la desaparición de los modos tradicionales de producción ganadera tiene que verse reflejado en la aparición de nuevas enfermedades en sectores vulnerables, que es donde se desarrollan los nuevos patógenos que a manera de negocio igual resultan rentables para los productores de fármacos: nuevas enfermedades, nuevos fármacos, ese perverso enganche del que hablábamos en nuestra anterior columna.

Es una verdad de a puño que esta crisis generada por la actual pandemia del COVID-19 desnuda uno de estos aspectos en la economía global, particularmente en la producción industrial de alimentos y en el desarrollo de la ganadería intensiva a través de las macrogranjas.

Para citar un ejemplo: una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas cuya carne y leche se destinan al mercado ruso, es cincuenta veces más grande que la mayor granja de vacunos de la Unión Europea.

No es mentira entonces y, para quienes entran en la curiosidades estadísticas y reveladores datos, que en el espacio de cincuenta años la ganadería industrial ha cambiado costumbres arraigadas y ese consumo de proteína animal, abastecido desde pequeñas granjas, ahora no solo tiende a desaparecer, no solo por los tratados de libre comercio, sino porque las políticas neoliberales dan rienda suelta a que esto se perpetúe.

El llamado entonces es a cambiar el modelo y de nada vale superar esta crisis y volver a esa “normalidad” añorada por algunos distraídos, cuando precisamente esa normalidad como concepto de vida es la que de manera evidente está menoscabando al género humano, y los actuales modos de producción no solo convierten a las macrogranjas en potenciales nidos de mutaciones virales, y consecuencialmente la aparición de nuevas pandemias.


Compartir en:
WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
error: Contenido Protegido !!