La nueva música

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

En un artículo reciente en Radio Gladys Palmera, Alan Queipo nos contaba la historia de Stay Homas, La Boa de Isaac y Konamigos, tres bandas de música nacidas en plena cuarentena y que hoy son fenómenos virales.

Stay Homas son tres compañeros de apartamento cuyos vídeos tienen invitados especiales, pero no con pantalla compartida, sino mostrando al invitado en el celular de uno de ellos. Siete millones de visualizaciones en Youtube y casi 350.000 seguidores en Instagram.

La Boa de Isaac si que optó por la multipantalla, pero la lista de sus invitados es tremenda: Fito Páez, Jorge Drexler o Kevin Johansen. Konamigos sigue por esa línea.

Es posible que se consideren estos casos como moda pasajera, pero resulta claro que ellos han sabido sacarle provecho a un momento en que todo el sector de la música se lamenta por lo sucedido. Lo anotaba Sebastián Narváez en otro artículo de Radio Gladys Palmera: “El acceso a la música y a los artistas de alguna manera se ha democratizado con la cercanía que ofrece un show en vivo a través de una pantalla en la intimidad de ambas partes de ese mismo show en sus casas”. Narváez se refería a los distintos festivales online que han conectado artistas de diferentes países.

Es decir, que no sólo los músicos se van reintentando, sino los festivales también. El LAMC, Latin Alternative Music Conference, en junio, en Nueva York, será enteramente digital con sus mesas redondas en streaming y sus showcases desde las residencias de los artistas.

Y a las salas de conciertos no les queda otra que buscar opciones como esta, pues la ecuación a la que se enfrentan es contundente: a menos aforo, menos ingresos. Y como subir los precios en medio de una depresión económica sería una locura, hay que pensar en dos posibles escenarios: el físico de la sala al que asistiría un grupo de personas VIP pagando un precio X, y el virtual desde sus celulares pagando un precio ínfimo. Algo así como un partido de fútbol, en el que están los que van al estadio y los que ven el partido por televisión en PVP.

No es la primera vez en la historia que la música sufre un revolcón. El más reciente fue cuando apareció el boom del mp3, que acabó con los CDs, privilegió las canciones sobre los álbumes y mandó al traste a las grandes casas discográficas. Y de eso no hace mucho.

Ahora lo digital se acentúa, incidiendo en los shows, y vinculando al sector a nuevas plataformas audiovisuales como Zoom, Jitsi, Zencastr y demás. Y no nos digamos mentiras, se veía venir, pero ha tenido que ser una tragedia sanitaria mundial la que nos abriera los ojos ante la era virtual.

Para Pasto es una oportunidad de oro. Hay una escena musical pastusa con muchas bandas de folk, de rock, de metal, tríos de boleros, baladistas, conjuntos de salsa, jazzistas y orquestas tropicales. Pero esa escena no se conoce fuera, y que mejor forma de mostrarla que aprovechando estas vías tecnológicas.

En Pasto hay muchísimo talento, pero también hay varios defectos unidos a él. Uno de ellos es la «quejadera». Cada año salta siempre alguien quejándose porque no le dieron la oportunidad de tocar en el Carnaval, y no hay manera de que ese alguien entienda que no hay espacio para tanto músico en tan pocos espacios y tan contados días. Ahora está la oportunidad abierta, pues unos pocos actuarán en los escenarios habilitados para ello, y todos los demás de manera virtual. Hay que aprovechar eso.

Por supuesto, quedan asuntos por resolver. El más acuciante es el tema de los derechos, pues al estar en plataformas de vídeo en redes, hay monetización de por medio, pero también bloqueos por hacer versiones nuevas de canciones ya registradas. Sin embargo, el productor Santiago Navas dice que este es un buen momento para que los artistas registren sus obras y comiencen a entender como funciona una sincronización.

Y otro tema es el del caché. Chucky García, director artístico de Rock al Parque, dice en el programa Exprimiendo el Limón, que llegó la hora de ver porqué un artista determinado cuesta tanto y que, dadas las circunstancias, esas cifras tendrán que estabilizarse. Hay artistas que cobran más que todo el resto del cartel de un festival.

En fin, cambios en un nuevo ecosistema musical… más allá de las lamentaciones.


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