El violin cosmopolita

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Y la nave va…
Por Daniel Olarte Mutiz

Quienes hemos estado atentos desde la temprana genialidad de Alfredo de la Fe, podemos atestiguar que este prodigio cubano del violín no termina de reencontrarse; no obstante en su reciente trabajo “Dancing Jazz” se reinventa para de Nuevo marcar caminos y rutas que le permitan seguir escarbando dentro de las armonías y melodías que nos ha Regalado a lo largo de su Carrera.

Recuerdo en mi adolescencia cuando su  solo de violín en el “Son Guajiro del encuentro” me dejó marcado para preguntar quién era el ejecutante de esa melodía tan sentida. Ese corte para esa memorable producción “El Baquiné de Angelitos Negros”, se metió junto con “Camino al barrio” en la memorabilia salsera, y todos saben que ese trabajo está en la memoria de todos los melómanos y salseros, para hacer de Willie Colón algo indeleble. Y es que un genio como Alfredo de la Fe no podía faltar en ese peldaño de la historia salsera.

Su cubanidad jamás se ha perdido, por el contrario, se ha enriquecido en todo su periplo lleno de vivencias, pasiones y desencuentros, pulsiones que le han hecho mirarse al espejo del manantial infinito de la música y en él poder encontrar respuestas a su melodioso violín, como extensión de su espíritu creativo. Periplos son viajes, y viajes en todas sus interpretaciones lingüísticas y contextos urbanos de su díscola “inmadurez” al tocar fondos, para ser rescatado por su violín mágico.

Y es que en medio de sus viajes actuales se permite nostalgiar en grande, y por eso evoca ese Paladium que lo vio crecer como músico y dejar que los elogios no solo lo unten para hinchar su ego creativo, sino que pueda explorar desde lo más hondo de su cubanidad, la esencia de quienes le habían aportado como legados ancestrales y que bien podían consolidarse en la sonoridad de las big bands, esos espíritus errantes que visitan el oído de cualquier melómano de gusto exquisito.

Alfredo de la Fe se reinventa sin temor, ya ha pasado la época donde pudo experimentar sus pasiones salseras y en el terreno del Latin Jazz rebasa el umbral que quizás le había sido esquivo.

Ya no se trata de hablar de sincretismo, o mestizaje, porque a través de la música se puede llegar a ese concepto del hibridaje cultural que bien ha tenido en conceptuar el filósofo argentino García Canclinni, pues bien, puede amalgamar una cumbia con sus ancestros africanos y hacer el recorrido de la diáspora donde puede plasmar sonidos muy contemporáneas que puedan hermanar muchas culturas: de ahí que no sea gratuito el incorporar percusión árabe (Osama Faruk – darbuka, percusión árabe) como la darbuka: un instrumento de percusión que perfectamente puede hibridarse con un violín gitano y también unos sonidos percutivos que puede evocar al pacífico y su currulao, con síncopas arriesgadas que sugieren rupturas en lo arabesco para hacerlo también universal.

Talvez vivir tanto tiempo en Colombia le ha hecho comprender nuestro Macondo y, que en el espíritu de la gaita y su cadencia, no solo está la colombianidad, sino también toda esa diáspora árabe que remontó el Caribe para hincar su olfato en medio de esta “garciamarquezca” patria. Por eso Alfredo de la Fe, no solo se propone recorrer la idiosincrasia de nuestro tambor mestizo, sino también nutrir su musicalidad genuina y, porque no contemporizar con tendencias urbanas como el Rap, para hacer más cosmopolita su propuesta, no con propósitos banales o comerciales, sino con el oído del músico que no mira de soslayo la realidad que se está cocinando en el vertiginoso corazón de las urbes del mundo.

Para esta producción, Alfredo de la Fe no escatimó recursos para que tuviera un sitial en su historia musical, y por eso la nómina fue de lujo:  Pablo Vergara: piano, Armando Gola: bajo, Little Johnny Rivero (pequeño Johnny): Congas, bongo, ErnestoSimpson: batería, Pedro Martínez: congas, batá, voz, Jay Rodríguez: saxo, flauta, clarinete bajo, Xiomara Laguart: voz, Jon Fiddler: trombón, John Walsh: trompeta,Chino Bolaños: cajón peruano, Nelson Gonzáles: tres, Némesis: rap, Osama Faruk: darbuka, percusión árabe, Simón Shahim: violin.

Sin lugar a dudas que disfrutaremos de esta reciente producción, y llegaremos a la conclusión de que hay Alfredo de la Fe para mucho tiempo, para seguir experimentando, para seguir explorando, para seguir reecontrándose con su raíz y enseñándonos que la música es tan infinita como la posibilidad de reinventarse del espíritu humano de quien es indomable.


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