Se lo llevó el asesino misterioso

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Y la nave va……
Por Daniel Olarte Mutiz.

Hay noticias que de verdad me entristecen: la muerte de los humoristas. Hoy me entero por redes sociales que el genial Marquitos Mundstock, de los fundadores de la colosal agrupación Les Luthiers, se fue de esta dimensión para transitar otros vericuetos de dimensiones inexistentes del humor, pero que de alguna manera existirán en esas circunvoluciones donde está presente la genialidad creadora del humor inteligente y le estarán generando risa…¿a los vericuetos?, no, quizás a los habitantes de esas otras dimensiones que se carcajearán cuando comience a desplegar su genialidad intemporal.

La voz especial de Marquitos, quien en la mayoría de las creaciones de Les Luthiers oficiaba como narrador, sin lugar a dudas nos hará falta y en nuestra memoria quedará ese vacío de referencia al oír frases memorables como: el asesino misterioso, el oso libidinoso, Johan Sebastián Mastropiero y aquella Duquesa cuyos atributos no habían disminuido con los años, habían desaparecido.

Esa noticia también enluta a todos quienes se dedican al noble oficio de crear coordenadas en la confusa mente para hacer estallar una carcajada. Si alguien decía por ahí, quien hace humor tiene una inteligencia un tanto más aguda que cualquier otro ser, nunca ha estado equivocado.

No obstante toda creación humorística si bien parte del pretender hacer reír, hay que deslindar el chiste pacato o el humor enclenque, de ese humor que se crea hilando fino, proporcional a la inteligencia del receptor. No es que se pretenda tener interlocutores ilustrados, lo que sucede es que sin esa ilustración la mente se queda navegando en círculos concéntricos como cuando se descarga un archivo y la Internet está lenta o saturada.

Marquitos Mundstock no solo era el narrador y uno de sus guionistas, simbolizaba la delantera inconfundible de ese poco de cracks que durante décadas ganaban por goleada en cualquier escenario que visitaran.

Tuve la oportunidad de verlo en Medellín en su última gira que hiciera por Colombia (ya con la ausencia de Daniel Rabinovich) y su voz impecable, solemne y prodigiosa despertaba la nostalgia del humor desde tantas neuronas guardadas solo para esa selección especial de sus memorables narraciones.

Así se van los genios, poco a poco. Nos queda en la imaginación la posibilidad de en ese más allá un Dios confundido y malhumorado en estas épocas de pandemia, se relaje un poquito Oyendo a Marcos, a Daniel, al negro Fontanarrosa y a todos los que siguieron esa línea inmaculada de la risa provocada desde la fina hondonada de una carcajada deambulando en el cerebro reptil.

Hasta siempre Marcos…¡ Siempre sonriente y combatiente !


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