Día de La Tierra, fin de la demagogia

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La experiencia de la epidemia del Covid – 19 debe generar muchas enseñanzas, especialmente a quienes deciden el presente y el futuro de la vida y el planeta. Es decir que en realidad hoy no tenemos la más mínima garantía de que en realidad la relación con el resto de los seres vivos vaya a cambiar sustancialmente después de esta experiencia global.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada

¿Por qué la gente es tan irresponsable con el planeta, con los animales y con el resto de los recursos que el mundo nos entrega para hacernos la vida más cómoda o por lo menos llevadera?

En países como los nuestros nunca asumimos con verdadera responsabilidad la defensa de todas las formas de vida. Es más ni siquiera fuimos capaces de aprender, primero nosotros y luego de transmitirle esta información a nuestros hijos, sobre la importancia de separar los residuos, de promover el reciclamiento, ni a cuidar los reservorios de agua, para solo citar un par de ejemplos fundamentales.

La contaminación sin algún tipo de mesura o límite; las emisiones de gases; la cacería furtiva, las explotaciones mineras soportadas en químicos altamente lesivos para la vida… todo nos ha llevado a sobrevivir en un mundo en riesgo para la vida.

Pero no aprendemos. Ni tampoco hemos cambiado. Por el contrario nuestra respuesta ha sido siempre la ignorancia, la apatía el desinterés y nuevas arremetidas contra La Tierra, como si esta nos debiera algo. Como si la deuda pendiente fuera a la inversa…

¿Por qué somos así? Es indudable que esto va mucho más allá de las irresponsabilidades individuales, ya de por sí, lo suficientemente graves. Los Estados, es decir los gobernantes del mundo en los últimos 50 o 100, tendieron sobre la humanidad mantos de mentira, de engaños y sobre todo de falsas ilusiones. A llenar el mundo de automóviles, de chimeneas y de un consumismo desaforado se le llamó progreso o desarrollo.

Algunos de estos mismos dignatarios del se llamaban al mismo tiempo ambientalistas o defensores de la vida. Y todos nos comimos el cuento y dadas las condiciones de comodidad y lo divertido que resultaba todo, pues lo aceptamos y pasamos a formar parte del mismo engaño, sin darnos cuenta de que los engañados éramos nosotros mismos.

Y así ha pasado mucho tiempo. Demasiado. Tanto que estamos en un punto de no retorno, en el que la vida plena se ha transformado en sobrevivencia. En el que el hambre mata más que la peor de las enfermedades. En el que nos estamos ahogando en nuestros gases y en nuestra propia mierda. En el que todo se agota a pasos agigantados.

Pero lo más triste es que quienes nos infiltraron toda la demagogia ambientalista siguen ahí. Los echadores de carreta, los mentirosos, los que siguen exprimiendo el mundo para sacarle hasta la última gota, aún gobiernan, aún son los que mandan y disponen. Aún siguen mintiendo y engañando.

Hoy, cuando el mundo conmemora un nuevo “Día de La Tierra” en medio de una pandemia que ya se ha llevado por delante muchas vidas y ha trastocado el comportamiento global, tal vez para siempre, los seres humanos hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre muchas cosas. Ojalá lo hayan hecho sobre el presente y el futuro de la vida. No solo la de los humanos, sino del planeta mismo.

¿Vamos a dejar que nos sigan engañando sobre la forma cómo funciona todo en este mundo? ¿Permitiremos que la mentira siga imponiendo su poder por simple comodidad? ¿Hasta cuándo? La verdad, todos la sabemos, es que ya no hay tiempo.

El mensaje ya no es para los gobernantes, es para los gobernados. No más demagogia, no más zonas de confort. La enseñanza en estas circunstancias es que ya no podemos seguir tragando entero, sin masticar, sin una correcta digestión.

Si no lo asumimos, entonces la conclusión es que merecemos lo que estamos padeciendo y que realmente somos la especie que sobra en el planeta Tierra.


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