Adopta una librería

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

El Partido Popular español ha solicitado al Gobierno de este país que declare al libro como bien de primera necesidad. Aunque este tipo de propuestas suele tener intereses políticos detrás, la mayoría está de acuerdo en que es una gran idea. La propuesta sigue lo establecido en Italia, donde se decretó hace unas semanas la venta de libros como actividad esencial.

Sin embargo, el temor al contagio ha hecho que los libreros extremen sus precauciones y no salgan corriendo a abrir. Lo mismo ocurre con las papelerías (que nunca han cerrado en España), las ferreterías (todo el mundo tiene una avería), y las tiendas de ropa para niños (a los pequeños ya no les queda ni el pijama).

Además, parte de la población está en desacuerdo con la medida, y algunos intransigentes (afortunadamente muy pocos) arremeten contra los negocios abiertos, acusándolos de fomentar el virus.

Dicho esto, la industria editorial atraviesa, como toda la industria cultural y de entretenimiento, por un dilema bíblico: David contra Goliat. Los independientes contra las grandes compañías, las pequeñas editoriales sin forma de llegar a quioscos y estanterías de supermercado contra las grandes editoriales capaces de controlar servicios de mensajería y encargo. No son los buenos contra los malos. Sencillamente, el mundo funciona así y el coronavirus ha desnudado esa diferencia.

Para la pequeña librería de barrio no hay vuelta de hoja, o abren o tendrán que cerrar definitivamente. Hay un condicionamiento ético para no abrir, que es el temor al contagio, pero la mayoría no tiene opción de ofrecer su stock online y salir a repartir a domicilio. Por eso hay quien afirma que la verdadera ayuda de un Estado consistiría en apoyar la modernización del sector para que no muera lentamente.

Esta modernización ha sido vital para que salga adelante una iniciativa que ideó la editorial italiana Eris, «Adopta una librería», que, al igual que las campañas para niños de Unicef, consiste en una donación para apoyar económicamente a las librerías.

El 2 de abril esa iniciativa llegó a Colombia y la Cámara Colombiana del Libro, con el apoyo del CERLALC, realizó una convocatoria para que las pequeñas librerías (casi todas pymes y micropymes), demostraran su capacidad de ofrecerse en adopción ante su público. Respondieron 47 librerías del país, entre ellas la pastusa Librería Camino a Casa, especializada en obras infantiles y juveniles.

La iniciativa ha ido derivando en otras acciones, pero sobre todo en la insistencia en que se compre en sus página webs de forma directa. Así se evitan intermediarios y distribuidores, que suelen llevarse hasta el 50% del valor de un libro, se mantiene una librería en pie y se crea una especie de club de lectura.

Es una buena noticia en medio de todo, aunque esto no sea una garantía de supervivencia. Estos emprendimientos valen más que los consabidos reclamos al Gobierno de turno porque no apoya la cultura como es debido. Vale más una estrategia laboral que una manifestación, dicen.

Lo que si está en los Gobiernos es la reducción del IVA para los libros electrónicos (en España se planea en pasar del 21 al 4%). Y es que la venta de libros digitales ha aumentado en un 50& desde que se decretaron las cuarentenas en Europa. En Latinoamérica aún no hay una estadística al respecto, pero según un estudio del CERLALC, lo digital iba en crecimiento antes del virus, casi un 25% de la producción editorial.

Por cierto, en la web de este este centro se pueden explorar todas las bibliotecas nacionales de Iberoamérica. Otra iniciativa de aplaudir.

Adopta una librería se puede consultar aquí: https://camlibro.com.co/adopta-una-libreria/

Bibliotecas nacionales se pueden ver aquí: https://cerlalc.org/directories/


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