Los políticos y el “virus” de la politiquería

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Por: Edgar Martínez M.
Asesor y Estratega en Comunicación

Los partidos, los movimientos y los líderes políticos, sin excepción alguna, le tienen “medido el aceite” al calendario electoral, lo que significa un agitado y cotidiano activismo “politiquero” para acaparar la atención de los medios de comunicación, las redes sociales y los posibles votantes.

Para nadie es un secreto que en menos de dos años, las elecciones legislativas -Congreso y Cámara- desde ya comienzan a jugar un papel importante entre las agendas de trabajo de las “viejas y nuevas” figuras de la movida política local, regional y nacional.

A la par de esos comicios, los generadores de opinión, las firmas encuestadoras, los politólogos y la prensa enfilan los perfiles de los candidatos a la presidencia del 2022, sin observar que el actual sortea su cargo direccionado sendas crisis de liderazgo en plena pandemia.

“Del resultado de esta batalla depende la elección presidencial del 2022. La pelea es clara. Ninguno de los dos tiene pelos en la lengua”, sentencia, Juan Lozano en una de sus columnas semanales de El Tiempo: Petro vs. Claudia.

Así funciona el sistema. Con una premura y presión electoral encargada de desenmascarar, sin querer queriendo, a funcionarios públicos haciendo “politiquería” ante la opinión pública, pero en medio de la debacle social, humana y económica, por la incrustada crueldad del coronavirus en Colombia y el mundo.

Ni siquiera el dolor humano por el que atraviesa millones de colombianos sirve para despertar conciencia entre concejales, alcaldes, gobernadores y líderes políticos, que aprovechan este duro trance para poner en práctica las viejas y conocidas artimañas de la politiquería, lo cual a largo plazo implica ganar esos votos que los reelegirán o elegirán por primera vez. Es un viejo resabio, dirían los abuelos.

El “politiquero” en uso de sus facultades usa las oportunidades más débiles del ciudadano liderando campañas solidarias de todo tipo, que van desde la donación de mercados hasta ilusionar con techo y comida a los más desprevenidos. Ellos, son unos ganadores del Premio Oscar al mejor artista cuando de egos, protagonismos y liderazgos falsos se trata. El fin siempre será su estatus político.

Estas formas carroñeras de hacer proselitismo llevan a que entre colegas se agravien como sucedió con la propuesta de la Alcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien invitó a los congresistas a donar un mes de salario. “Es un acto de “politiquería barata” y una “costumbre clientelista con la ciudadanía”, dijo el representante César Augusto Lordu.

La movida “politiquera” no para ahí. «Están utilizando estos recursos para los más vulnerables, los pobres y los menos favorecidos para hacer política en las regiones», denunció el Procurador General, Fernando Carrillo, tras identificar las repetidas denuncias sobre el abuso de los mandatarios regionales con dineros públicos dirigidos a pagar favores por medio de contratos sobrevalorados en publicidad, mercados y dotación para los hospitales. Que vergüenza!

Colombia es un país político por historia, pero “politiquero” durante los 365 días de cada año. Esta última forma es un cáncer sin cura hasta que los propios electores adquieran una cultura racional y responsable de elegir a sus representantes en los altos cargos públicos. Lo acontecido por estos días de coronavirus debe despertar la conciencia de los ciudadanos quienes en últimas con su voto los ponen donde están.

El llamado de atención también es para los políticos en ejercicio, quienes fueron elegidos para aliviar, si es que se les da la gana, las crónicas dificultades sociales, económicas, educativas y culturales de millones de nacionales, que por su endeble situación siempre caen en las manos de las propuestas “politiqueras”, que tienen a esta nación en uno de sus momentos más inestables, augurando que será peor para los más pobres.


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