La victoria digital

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Por: José Arteaga
(Twitter: @jdjarteaga)

El tiempo del coronavirus quedará para la historia de la comunicación como el momento en que los medios digitales se impusieron definitivamente a los tradicionales. Es cierto que seguimos dependiendo de radio y televisión, pero el uso, el feedback y la opción de compartir de lo informático marcaron este paso al frente.

Ya hace tiempo que sucedía y esto no ha sido más que el aceleramiento de un proceso paulatino, pero hay cosas que esta lucha desigual deja en evidencia y una de ellas es que no todos estaban preparados. Los primeros, los Gobiernos, que no vieron antes la imperiosa necesidad de considerar la tecnología informativa como vital para el desarrollo, sino como parte de la modernidad de un Estado. Y hay una gran diferencia entre un concepto y otro.

El caso de las personas mayores, encerradas por orden y cuyos hábitos pasaron de comprar el periódico mañanero a esperar la hora del noticiero en casa, es notorio. Nunca hubo mucho interés por enseñar. Eso vino por iniciativa de las familias. Hoy este sector no tiene una información al instante, y en muchos casos adolece de una comunicación rápida con quien le puede dar ayuda.

Pero hay un caso más complicado y que puede determinar nuestro futuro inmediato: la comunicación digital en el campo.

Como sabemos, las empresas estatales y privadas se preparan para la gran recesión que seguirá al virus. Y mientras lo hacen, salta una pregunta: ¿cómo aprovechar las herramientas digitales para trabajar en el futuro? Esa pregunta debió hacerse antes.

Sé que es complicado trazar una estrategia tecnológica vía wi-fi en el campo, cuando aún hay zonas colombianas a las que no llega una señal. Colombia no tiene satélite y eso hace que el uso sanitario de los drones, por ejemplo, sea una utopía en el cañón del Juanambú o en la selva que rodea Hormiga, Putumayo, sólo por citar dos zonas.

Y sé que es complicado enseñar en el campo porque no hay una continuidad en la enseñanza. Una Gobernación puede intentarlo, pero a los cuatro años, o sea cumplido el período de Gobierno, eso se abandona, porque no hace parte de una estrategia global. Los maravillosos «atrapanieblas» para generar agua en zonas áridas, es una iniciativa que en Nariño algunas personas realizaron con éxito, pero cuya implementación general no tuvo eco estatal.

Lo mismo podríamos decir del desalinizador solar, alternativa casera a las plantas desalinizadoras industriales, y en el que tanto ha trabajado el pastuso Julio César Enríquez. No recibió ningún apoyo, porque las Gobernaciones no quieren entrar en conflicto con las empresas de acueducto.

Estas son dos de mil iniciativas locales que con una comunicación digital apropiada no se verían como algo lejano y utópico. Para ser claros: nadie las conoce, y cuando una administración pública local recibe información de su existencia, la desecha porque no se la ve como importante. «Está por allá lejos», dicen, «eso sólo lo hacen cuatro gatos», insisten.

Cuando la crisis del coronavirus termine, el mundo laboral habrá cambiado. Entidades y empresas harán recortes y las alternativas locales saldrán a flote como opciones reales de subsistencia. Entonces lo digital alcanzará su real valía y el manejo de estas herramientas que hoy descargamos en el celular, será una obligación. Una pena que todo ese cambio llegue por una tragedia como la que vivimos, pero es lo que hay. Los errores de hoy podrían ser las ventajas del mañana.


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